Mapas y otros inventos políticos



Creo que es Harari quien mantiene que la verdadera cualidad humana es la de inventar realidades inexistentes y luego matarse por ellas. Bueno, es posible que mi recuerdo esté algo alterado, al fin y a la postre también es muy humano eso de adecuar nuestros recuerdos a nuestras creencias.

Lo que realmente quiero señalar con este preámbulo es que todas nuestras instituciones políticas y gran parte de las económicas y jurídicas son simples inventos de nuestro intelecto. Las sociedades multinacionales no son seres mitológicos que tienen un enorme poder sobre gobiernos y naciones. En realidad ese poder (de existir) lo ejercen personas que son las que están al mando de las empresas y lo hacen sobre otras personas que están al mando del gobierno. En realidad, ni la empresa, ni el gobierno ni la nación son objetos reales. Todos son el fruto de un relato. Algunos, de un relato casi siempre épico, otros de un relato jurídico y otros, directamente, de una mentira bien defendida.

¿A que viene este rollo? Pues verán, viene a cuento de algunos mapas que han estado llegando a mis pantallas últimamente por la Red y que me han motivado esta reflexión. Comenzaré por lo más cercano al lugar desde el que escribo (Almería). Se trata del mapa que reivindica un movimiento independentista andaluz del que no había oído hablar en mi vida: Asamblea Nacional Andaluza.

República Federal de Andalucía


¿No les llama la atención el mapa? Antes de que se rían, hay un relato que lo justifica. Un relato por supuesto basado en la historia. En el fondo es una parte de Al Andalus con la extensión africana del mismo (la verdad que mucho menos justificada). Sin embargo, sobre esa misma realidad geográfica caben otros muchos posibles mapas, por ejemplo, el del reino de Granada. Hay una historia de 600 años detrás. Según la Plataforma por Andalucía Oriental, las provincias de Almería, Málaga, Jaén y Granada deberían ser independientes, y su justificación, obviamente, también es histórica.

Reino nazarí de Granada
Por cierto, Miren que instructivo vídeo sobre el ninguno del viejo reino y noten como localidades de las hoy provincias de Jaén o la propia Granada se suman al “territorio histórico” sin pudor:




Pero sigamos, ¿por qué Almería querría formar parte de ningún reino nazarí o de la propia Andalucía. Hay una asociación que promueve el estatus de Autonomía para Almería: Acción por Almería, basándose en el resultado del referéndum de autonomía; un relato mucho más cercano en el tiempo. Aunque incluso hay un precedente histórico que permitiría reconstruir la Taifa de Almería en su máximo esplendor, ocupando casi todo el sureste Español (alguien me dijo una vez que entre Almería, Murcia, Alicante y Albacete se podría haber conformado una de las comunidades autónomas más homogéneas de España, El Secarral):

Máxima expansión de la Taifa de Almería

Pero podemos seguir, por supuesto, ya que cuanto más larga es la historia más sencillo es encontrar un relato adecuado a nuestro invento: desde otro punto del planeta, unos guerreros iluminados sueñan con reconstruir el poder del Islam mediante un califato que una a todos los creyentes y a todos los territorios que una vez fueron parte de su historia. Aquí, Al Andalus renace y ocupa toda la península (otra licencia literaria):

El califato soñado por Daesh

¿Cuál es el bueno, si es que alguno lo es? Todos esos mapas tienen un sustrato histórico y tienen en común un relato que los justifica. Pero podríamos haber encontrado otros distintos, solo sería cuestión de parar el reloj en algún otro momento: el reino visigodo de Toledo, la Hipania tardorromana, o la Iberia que se repartían los pueblos celtas, íberos, Cartago, Roma o los griegos.

Vayamos ahora a otro mapa que se ha hecho viral esta semana por los personajes que tiene encima y su similitud con algunos carteles bolcheviques. Se trata del que aparece en el cartel electoral de la CUP. Los míticos Países Catalanes, que englobarían Cataluña, Aragón, la Comunidad Valenciana y Baleares. Obviamente, aquí el relato justificativo se encuentra en la antigua Corona de Aragón cuyas instituciones no desaparecieron hasta el siglo XVIII con la entronización de los Borbones en el trono de España tras una guerra entre los dos candidatos y los territorios que apoyaban a cada uno. Pero en ese relato falta una parte, ya que Aragón se extendió por el Mediterráneo occidental, durante siglos. Así que para ser coherentes el mapa debería ser otro que les sugiero a continuación.

El mapa de la CUP

Máxima expansión de la Corona de Aragón

Hay tantas realidades posibles como relatos, pero lo que no debemos olvidar nunca es que TODAS nuestras instituciones políticas son un invento. Tan invento es España como Cataluña. Tan invento es Andalucía como Argentina. Y tan válido es parar el reloj en 1492, como en 1714 como en el año 1000 Las naciones son un invento relativamente reciente, pero como todos los inventos humanos que trascienden a la tribu (en torno a las 150 personas) requiere de un verdadero y complejo sistema de creencias y valores supuestamente comunes. Además, cada momento de la historia es diferente y los sistemas de valores también son mutables. Muchos de los soldados que combatían en los ejércitos cristianos de la reconquista apenas sabían nada de los romanos o de los visigodos, ellos luchaban por tierras en el caso de los nobles o por obligación en el caso de los siervos. Sus conceptos de castellanos, granadinos, aragoneses o vizcaínos casi seguro que no tenía nada que ver con los nuestros.

Otra cosa que es clara es que los mapas se mueven. Es inevitable. Si cambian los relatos, cambia también el sustrato geográfico sobre el que se soportan. La forma tradicional de cambiar esos mapas solía ser la guerra. De hecho es la fórmula que más éxito sigue teniendo, lo que eleva de manera brutal los costes de la nueva frontera. Algunos cambios en los últimos tiempos han pasado por decisiones parlamentarias. Pero para tomarlas se han tenido que mantener hasta el mismo momento de la separación la credibilidad de las instituciones inventadas comunes, ya que eran estas las que legitimaban los cambios. No hacerlo así es provocar a la fiera. Un poco lo que nos está pasando en este enfrentamiento entre Cataluña y España, que en cierta medida es entre Cataluña y el resto de España, al menos mientras no modifiquemos la historia y hayamos instituido nuevas mentiras a la medida de nuestros valores y creencias actuales.

Cuando uno lee en las redes sociales y en los medios de comunicación online las lindezas, los insultos, los deseos de muerte y el auténtico maremagno de odios que se da entre los talibanes de las dos partes, no puede por menos que estremecerse ante la sospecha de que muchos serían capaces de defender su propia versión de la mentira por la fuerza. Ninguna sociedad está vacunada contra ello. Miremos solo un poquito atrás en el tiempo y recordemos lo que pasó en Yugoslavia. Aún se me pone la carne de gallina cuando rememoro aquello que se decía sobre Sarajevo, la ciudad en la que convivían en paz y armonía musulmanes y cristianos. Allí no podrían repetirse las barbaridades del resto de la antigua Yugoslavia, allí era impensable…

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