Unos tipos con suerte

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En numerosas ocasiones, los economistas han dedicado parte de su atención a la forma en la que los humanos tomamos las decisiones, sobrepasando el paradigma del homo economicus y entrando de lleno en el mundo de los animal spirits, los cisnes negros y en el de la más pura realidad, o sea, el mundo de la incertidumbre y de las pulsiones humanas.
Los neuroeconomistas han descubierto que la diferencia entre nuestros dedos índice y anular está relacionada con la aversión al riesgo, ya que los que tienen una mayor distancia en el largo de dichos dedos recibieron en su período embrionario una mayor cantidad de testosterona que condiciona las decisiones que luego tomarán a lo largo de su vida, incluyendo las económicas.
Asimov, en sus novelas dedicadas al ciclo de la Fundación nos describe la psicohistoria, una ciencia especializada en la previsión del comportamiento humano cuando se trata de grandes masas (un trasunto de la propia economía). En los primeros tomos, los psicohistoriadores son capaces de predecir la caída del imperio galáctico, así como los mil años de oscuridad que vendrán después (una edad media galáctica). Para intentar acortar ese milenio crean una Fundación en el extremo de la galaxia para proteger el conocimiento y la civilización. Sin embargo, el surgimiento de un ser con sus capacidades humanas alteradas, fruto de una mutación, convierte todos esos complejos modelos y ecuaciones en papel mojado. Ese ser se hace llamar “El Mulo”, y sus capacidades mentales le sitúan fuera de los sistemas de ecuaciones. En el fondo, es otra manera de explicar el poder de un solo individuo en el devenir de la historia o de una economía. Hay unos pocos mulos en el mundo, personas capaces con sus decisiones, opiniones u omisiones de modificar las reacciones del resto de los agentes o, por lo menos, de un número significativo de ellos.
Los banqueros centrales son, probablemente, seres dotados de capacidades extraordinarias (tan extraordinarias como definir la política monetaria de un país o de un conjunto de países) ya que pueden hacer cambiar el valor de una moneda de la noche a la mañana, como hemos podido ver hace muy poco con la decisión del Banco Central de Suiza. Pero, la mera sospecha de que el BCE comience un programa de QE provoca que los agentes mejoren sus expectativas al tiempo que el valor del euro se deprecia (facilitando las exportaciones fuera de nuestra área monetaria). Así mismo, la inesperada reducción del precio del petróleo (por un exceso de oferta que los países de la OPEP no están dispuestos a corregir, convirtiendo su movimiento en un calculado ataque a las nuevas tecnologías de extracción), reduce nuestros costes y alivia la balanza comercial.
¿Donde quiero llegar? Ya queda poco. Solo me resta recordar que salir de una crisis como la que hemos estado sufriendo no es una cuestión rápida, ni indolora desde el punto de vista social (en nuestro país han aumentado de forma importante las diferencias de renta). Sin embargo, podemos afirmar que, después de muchos años de tropiezos en lo económico, a este país se le han aparecido los “animal spirits” y los “cisnes negros” para facilitar su salida de la crisis. Vamos, que en este 2015 por fin volvemos a ser unos tipos con suerte.

Comentarios

  1. Si, sin duda. Somos unos tipos con muchísima suerte.
    Felicidades por el inspirador artículo!

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