Señales, precios y redes sociales
Hace años que comprobamos que el sueño de una Internet que sirviera para conectarnos y a hacernos más sabios era una quimera. La verdad no tiene el superpoder de ser evidente para todos en cualquier lugar y en cualquier momento; es un mensaje más en medio de una vorágine de ideas que viajan a la vez. Y ni siquiera suele ser la más atractiva, razón por la cual proliferan las informaciones erróneas, o directamente falsas. Solo así se explica que el terraplanismo o las teorías de la conspiración más disparatadas medren en pleno siglo XXI en la red de redes. También son manifiestos los efectos secundarios negativos de las redes sociales, algunos incluso ya juzgados y condenados por diversos tribunales. Los algoritmos de estas redes están programados para maximizar nuestra atención, para que pasemos la mayor parte del tiempo «enganchados» a ellas, porque de esta forma logran el doble objetivo de saber más sobre nosotros y de exponernos a publicidad híperdirigida, construida casi que a medid...