Cuando Europa despertó, el dinosaurio todavía seguía allí
Tras el baño de pesimismo de la anterior entrega, en esta ocasión voy a tratar de romper una lanza (o las que sean) en favor del brillante futuro de Europa. Aunque, como el lector ya habrá deducido por el título, antes de alcanzarlo, nuestra organización de Estados debe despertar y sacarse las legañas de los ojos. No es exactamente que estemos dormidos, al menos no del todo, pero da la impresión de que seguimos soñando en términos nacionales: los alemanes fantasean con un futuro alemán, los franceses con uno francés y los españoles con uno español. Y eso no tiene pinta de que vaya a funcionar. Imagen generada con Perplexity Contra el nacionalismo Primero porque por separado no logramos las dimensiones de un mercado lo suficientemente grande como para que nuestras empresas alcancen una dimensión crítica que les permita competir en un mundo compartimentado. No podremos medirnos con India, China o Estados Unidos, que tienen mercados domésticos descomunales. Segundo, porque somos un contin...