El aleph de redes

Borges me asalta desde cualquier rincón en estos días. Debe ser una señal, me digo mientras sigo recibiendo señales de él. Me lo encuentro en las páginas de un periódico, en las referencias literarias de un desquiciado “ezcritor” (si, con z), incluso en un artículo sobre ética y economía. Pero estoy tan obtuso que no soy capaz de entender las señales. El trabajo me tiene tan absorto que apenas me deja pensar, y eso que se supone que mi trabajo es sobre todo pensar…
Pero hoy lo he visto claro, la señal es el aleph. Creo que ya he escrito alguna referencia al mismo, decía Borges en uno de sus cuentos que es un punto del Universo en el que se condensan todos los lugares del mismo, desde el Taj Mahal hasta el punto kilométrico 2.8 de la nacional 333. Todo. En su cuento el aleph aparecía, si no recuerdo mal, en el hueco de una escalera. La señal que no era capaz de interpretar era la sugerencia de un artículo, un artículo sobre el moderno aleph. A diferencia del borgiano, éste existe y también a diferencia del primero es mucho más democrático, puesto que se reparte por distintos puntos del espacio. Me refiero, como ya habrán adivinado, a Internet. Desde un ordenador, desde una PDA, desde una consola de videojuegos o desde nuestros teléfonos móviles, Internet nos permite estar al tanto de casi todo, en casi cualquier sitio. En eso es menos potente que el del cuento, ya que no retiene aún todos los puntos del universo.
Sin embargo, lo que le falta de amplitud, lo compensa con su existencia. La red de redes nos está cambiando la vida más de lo que nos gustaría desear. Pongamos algunos ejemplos. ¿Cuál es la principal causa del descenso continuado de los periódicos de pago en España? Los editores de diarios tradicionales tendrán la tentación de mirar hacia el lado de los gratuitos. Sin embargo, los estudios de mercado de éstos apuntan a que sus lectores no son los mismos de la prensa de pago, son nuevos lectores, jóvenes y urbanos. Posiblemente la cauda haya que buscarla en la demografía (los más viejos se van muriendo) e Internet. ¿Quién va a pagar por tener una versión de los hechos cuándo puede acceder a más de una, y gratis? Más ejemplos, la comunicación entre personas, las cartas prácticamente han desaparecido, hace años que no recibo una que no sea una factura, información del banco o publicidad. Mis amigos me escriben correos electrónicos, las peticiones de estudios y trabajos vienen casi todas por ese medio y las fuentes de información, antaño inaccesibles por lo dispersas hoy las encuentras todas en la red. Uno último, más económico, la globalización no sería la que es si no existiera la red, que posibilita la transmisión casi inmediata de grandes paquetes de información, lo que hace posible la deslocalización de las diversas funciones productivas o que las rupturas de stocks sean mínimas.
La mayor parte del mundo desarrollado tiene acceso a este moderno aleph en el que, además de ser observadores, podemos ser colaboradores, o coautores de la misma realidad que refleja cada uno de sus prismas.
Pero también es un invento humano y como tal es reflejo de lo mejor y lo peor de esta especie animal que somos. Internet no puede censurarse, ni siquiera China lo logrará, para bien o para mal. Y es que no todo lo que circula por la red es verdad o, ni siquiera, simplemente positivo. Somos de naturaleza violenta, nos mueven las pasiones y somos capaces de detestar o de amar sin ambages ni resquicios. Así que vertemos en la red todo ello, los que odian a Federico Jiménez Losantos se enfrentan a los oyentes irredentos de la SER, o los seguidores de un determinado movimiento pueden expresar sus opiniones fundadas o simplementes demagógicas sobre cualquier circunstancia.
Así que, querido Borges, al fin todos tenemos un aleph en el que no sólo hay lugares, sino también juicios de valor, verdades y mentiras… La realidad y mucho más.

Comentarios

Entradas populares de este blog

No son los cerdos, es la confianza

Trump: Bienvenidos a la era autista

Soltando amarras... de La Línea