¿En qué momento este país se fue al carajo?

MODO PESIMISTA ON
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Lo que comenzó siendo una crisis sectorial (de la construcción) y, por tanto, de alcance limitado; lo que luego se vio agravado con la crisis financiera internacional (crisis subprime o efecto bourbon); lo que, a más, a más, se infló con el fuerte incremento de los precios internacionales; hoy se configura como un gigantesco tsunami que amenaza con llevarse a la economía española por delante.
Como ya decía el otro día, a nuestro circo, otrora exitoso, que nos permitía presumir delante de nuestros socios comunitarios de lo buenos que éramos, le crecen ahora todos los enanos. La indutria, que parecía llamada a tomar el relevo (más por deseo que por hechos reales) no levanta cabeza (hace un par de días se publicó el IPI español y podemos concluir que el secundario ni está, ni se le espera a corto plazo. Pero es que hoy han aparecido datos sobre el sector servicios, el más importante de la economía española, y éstos son para echarse a llorar.
¿Qué nos queda entonces? Pues, a corto plazo, nada con lo que enfrentar el fuerte proceso de destrucción de empleo que se nos viene encima (reflejo del anterior proceso de fuerte crecimiento impulsado por la gran fábrica de muros en la que nos convertimos).
Sí que nos queda la sensación de cabreo por el descontrol globalizado que ha dado pié a los "enanos" que nos han venido desde fuera. Nos queda también nuestra imaginación y un sector empresarial más diversificado e internacionalizado que nunca. Y nos queda una gran reserva de billetes de 500 euros debajo de las alfombras, billetes que tendrán que salir a la luz para hacer frente a las deudas bancarias, o a las del casino.
Y nos queda otra cosa, la posibilidad de contar a nuestros nietos que nosotros vivimos la Tormenta Perfecta de la economía española.
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MODO PESIMISTA OFF
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Y aún no ha llegado septiembre...

Comentarios

  1. Incluso podríamos contar a nuestros nietos como en los tiempos de las vacas gordas nos dedicamos a gastar como nuevos ricos, y que no reinvertimos un duro y que ni se nos pasó por la cabeza diversificar. Y que todo eso hizo que la tormenta perfecta nos pillara con el barco por reparar, sin gasolina en el depósito, sin tener ni puta idea de dónde quedaba el puerto más cercano, con el radar meteorológico anticuado y sin conocimientos para interpretarlo...

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