Un océano de liquidez




Cuando en septiembre de 2008 saltaron todas las alarmas en los mercados financieros internacionales, los responsables de la política monetaria de medio mundo, respondieron al envite de una forma decidida y absolutamente de espaldas a las teorías sobre las expectativas racionales o los mercados eficientes. Tras la caída de Lehman Brothers, los Bancos Centrales y los Estados se afanaron en la tarea de reflotar bancos y entidades de seguros, así como de inyectar toda la liquidez del mundo en los mercados para evitar el pánico, el colapso del sistema financiero y, por consiguiente, la entrada de la economía mundial en un escenario de depresión generalizada. Es decir, se arriesgaron a un mal menor (inflación) por contener uno mucho mayor y destructivo (depresión).
Afortunadamente, parece que aquel peligro ha sido conjurado. Muchos de los bancos salvados in extremis están comenzando a devolver las ayudas públicas, la confianza en el interbancario se ha recuperado y muchas economías han retomado la senda del crecimiento (aunque casi todas de forma muy débil aún). El resultado de todas las acciones, tradicionales y extraordinarias, llevadas a cabo por las autoridades es que los mercados se han convertido en verdaderos océanos de liquidez.
Muchos analistas han señalado desde el principio de esta crisis que se estaba combatiendo con unas armas que eran muy peligrosas, ya que los bajos tipos de interés y las inyecciones extraordinarias de liquidez, estaban en la propia base de la situación. Y esto, sin tener en cuenta las perversas repercusiones que en términos de azar moral podríamos estar incubando. Como hemos señalado, el fin realmente justificaba los medios.
Sin embargo, el dilema actual radica en elegir bien el momento para ir drenando todo ese océano creado. En Australia o Noruega ya han comenzado a subir tipos y el BCE ha anunciado el final de las medidas extraordinarias. No obstante, este mismo banco se ha apresurado a señalar (al igual que la Fed) que los tiempos de tipos bajos aún no han terminado. Queda patente el miedo a truncar las incipientes recuperaciones; por eso la política monetaria se está basando hoy más que nunca en los mensajes. Los gobernadores de los bancos centrales se esfuerzan por hacer llegar a los agentes el mensaje de que poco a poco se irán retirando todas las medidas y que el grifo del dinero se irá cerrando. Esta apuesta nos parece la correcta, entendiendo que los agentes terminarán por interiorizar las pretensiones de los reguladores, contribuyendo con su comportamiento a una regularización del sistema. Sin embargo, desde el punto de vista de la economía española, teniendo en cuenta que aún se encuentra en recesión y que no son esperables grandes crecimientos en breve, y que sus tasas de desempleo son singularmente elevadas, nos cabe la duda de que el cambio de ciclo monetario nos pueda coger aún en un estadio en el que éste nos perjudique seriamente.
Por ello, entendemos que desde el Gobierno deben acelerarse los esfuerzos conducentes a animar la economía nacional, haciendo hincapié en la imperiosa necesidad de entablar una reforma de nuestro mercado laboral, sobradamente flexible, pero innecesariamente injusto. No podemos permitirnos el lujo de darnos plazos excesivamente largos, ya que es ahora cuando la credibilidad internacional de la economía española se la está jugando.

Comentarios

  1. Anónimo8:32 p. m.

    Pues yo creo que una reforma laboral no es absolutamente necesaria, lo que es necesario es estimular la demanda, y la cultura financiera de nuestro país.

    Un artículo interesante se puede ver en

    http://www.rankia.com/blog/optinver/2009/12/donde-estan-los-brotes-verdes.html?utm_source=feedburner&utm_medium=feed&utm_campaign=Feed:+Rankia+(Rankia:+Titulares)

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  2. No y si. Me explico. Creo que la reforma del mercado laboral si es necesaria, aunque la razón no es la falta de flexibilidad como dicen algunos, sino porque está claramente segmentado y los ajustes suelen recaer siempre en el mismo segmento. Y si, en el sentido de que hay que estimular la demanda, pero el mejor estímulo que podemos dar es crear empleo y no seguir destruyendo.
    Por cierto, gracias por comentar.

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