Dime argo bonito, primo

Pedido de Diario de Almería para publicar este domingo en el suplemento de innovación. Como siempre, me ha salido un pelín largo. Espero críticas (constructivas).

¿Se puede ser optimista en España en los tiempos que corren? Es posible que la mayoría de los lectores de este artículo piensen que no, pero yo me he hecho la firme promesa de encontrar razones para serlo. No sé ustedes, pero estoy cansado de tanto hablar de crisis y de malas noticias con respecto a la economía. Y lo curioso es que, a poco que uno mire los datos con detenimiento, lo cierto es que las hay.
Las casualidades a veces dotan a la existencia de oportunidades para el asombro. Cuando redacto estas letras tras leer el encargo del periodista amigo, no hace ni 30 horas de mi intervención como conferenciante en un programa de formación. El objeto de mi presencia en dicho programa era ofrecer un resumen de las expectativas macroeconómicas que se dibujan en el horizonte de este 2011 que acabamos de comenzar a vivir. En mi segunda transparencia aparece una bola de cristal, con la idea de reforzar la imagen de que esas previsiones de las que hablaba podían quedar convertidas en meras elucubraciones a causa de la gran cantidad de incertidumbres a las que están sometidas tanto la economía mundial como la nacional. Pues bien, en su mensaje, Diario de Almería me pide un artículo “tipo bola de cristal, pero con más base”.
Hechas estas advertencias previas, paso al modo “Pitonisa Lola” y hablamos del futuro. Como ya he mencionado, las incertidumbres que planean sobre este año 2011 son enormes. ¿Cuál es la probabilidad de que España tenga que recurrir a un rescate del Fondo Monetario Internacional? Según la mayoría de los economistas, entre los que me incluyo, poca. Pero basta con que un número significativo de jugadores en el mercado de deuda internacional lo crea, para que se convierta en una realidad. Una realidad que sería el peor de los escenarios posibles, ya que el propio euro resultaría fuertemente tocado, creando las condiciones para una nueva recesión en Europa. Pero hay más: ¿qué pasaría si China dejara de demandar deuda pública estadounidense? ¿Y si Brasil llevara a cabo su amenaza de guerra comercial por el asunto de las divisas? ¿Sería descabellado pensar en un Oriente Medio incendiado a causa de los conflictos latentes en la zona? Y, dentro de España, ¿qué consecuencias tendrá el previsible cambio de ciclo político tras las municipales y autonómicas? ¿Aguantará una relativa paz social si las tasas de paro elevadas se mantienen durante mucho tiempo?
Pues menos mal que quería ser optimista, dirán ustedes; si es que no les ha dado una depresión a mediados del anterior párrafo y han dejado de leer. Pasemos revista a los datos positivos, a ver si se nos pasa el mal cuerpo. En primer lugar, el PIB nacional lleva tres trimestres en zona de crecimiento y las primeras estimaciones para el 4º trimestre de 2010 son positivas. Es más, en los últimos meses, la mayoría de las previsiones sobre el PIB de España para 2010 y 2011 han sufrido revisiones al alza. Ya sé que el crecimiento será poco, pero será crecimiento. Por otro lado, aunque el paro sigue aumentando tendencialmente, las tasas a las que lo hace son cada vez menores y es muy posible que en 2011 veamos datos positivos también en esta materia. Ojo, no se va a tratar de grandes descensos de la tasa de paro, aunque sí de la finalización del proceso de destrucción y un comienzo tímido de la creación. Desde el lado de la oferta, la industria y los servicios van a comandar nuestra economía, habida cuenta de que los esfuerzos presupuestarios van a recortar mucho la capacidad de arrastre del sector público durante los próximos años.
A nivel provincial, la cosa tampoco va por mal camino, aunque sí que va con cierto retraso con respecto a la marcha de la economía nacional. Por ejemplo, en el caso del mercado de trabajo, si observamos las series de ciclo-tendencia del paro registrado y de las afiliaciones, podemos comprobar que el proceso de ajuste no se puede dar aún por finalizado. Pero es evidente que a lo largo de 2010 las tendencias se dieron la vuelta y ahora los ritmos de aumento del paro son netamente inferiores a los de hace un año, mientras que los de disminución de las afiliaciones son mucho más pequeños. Es decir, de mantenerse la inercia, estaríamos volviendo a crear empleo neto a lo largo de 2011. Aquí reitero la apreciación realizada respecto a nivel nacional: es muy poco probable que esa creación de empleo sea sustancial. El problema de base para la creación de empleo, aquí y a nivel nacional, es la poca probabilidad de que las empresas aumenten sus plantillas aunque crezca su producción. La demanda nacional está despertando, pero los primeros tramos de esa nueva demanda pueden ser perfectamente cubiertos con las instalaciones y las plantillas actuales, ya que la mayor parte de ellas se encuentran sobredimensionadas tras el desplome de la demanda durante 2008 y 2009. Además, el proceso de destrucción de empleo ha conllevado un aumento sustancial de la productividad, lo que implica que, por término medio, las empresas necesiten menos gente ahora que hace dos años para ingresar más en sus cuentas.

El problema principal que se nos plantea para los próximos ejercicios es cómo reducir de manera significativa las tasas de paro que hemos alcanzado una vez que la situación se estabilice. Por un lado, construcción y mármol parecen quedar fuera de las apuestas de momento; la terrible crisis en la que se encuentran ambos no permite acumular demasiadas esperanzas sobre ellos a corto plazo. Por otra parte, parece que la agricultura de la provincia está sufriendo un refortalecimiento en términos de capital humano y tecnológico. A pesar de que las tendencias históricas señalan hacia un deterioro de las cotizaciones unitarias, el sistema productivo en su conjunto ha comenzado a tomar medidas que parecen encaminadas en la dirección adecuada. Asimismo, las propias actitudes de administraciones y empresarios/agricultores con respecto al sector y su futuro también están cambiando. Sin embargo, es probable que el segmento productor viva un proceso de reestructuración que no le permita actuar como palanca de crecimiento del empleo, aunque sí del PIB.
Finalmente, el turismo parece que ha finalizado su proceso de ajuste al nuevo mundo de las reservas por Internet y del low cost. Las estructuras se han aligerado y la oferta alojativa se ha adaptado a los conceptos de todo incluido y bajo coste. Al mismo tiempo, la demanda turística se ha comenzado a reactivar, lo que seguro contribuirá a que el sector cierre 2011 en positivo tras algunos años de sequía. Sin embargo, los cánones por los que la hostelería se guió en las décadas pasadas ya no están vigentes, y la capacidad de crear empleo de la misma se ha visto reducida al mecanizarse gran parte de los procesos de gestión y al haber ajustado las cuentas de costes. No obstante, en los momentos álgidos de su campaña, el turismo tendrá en 2011 un efecto compensador sobre la destrucción temporal de empleo de la agricultura; sin que a corto plazo pueda convertirse en el gran fabricante de empleo que esta provincia necesita.

En los últimos tiempos, algunas voces han centrado el debate del motor económico provincial en el turismo residencial y los servicios sanitarios y de atención personal. Lamento discrepar con ellas. El grueso del empleo que genera el turismo residencial está relacionado con el proceso de construcción, y si uno hecha un vistazo a las estadísticas de construcción de viviendas en los últimos años, no puede por menos que darse cuenta de que la provincia ha acumulado un excedente residencial que nos va a costar algunos años asimilar. Por tanto, aún cuando es cierto que Almería sigue siendo un atractivo destino para el turismo residencial, no es probable que genere un aumento de la demanda de construcción y, en cualquier caso, sus efectos sobre los mercados locales de servicios personales estarán muy relacionados con el grado de concentración de las nuevas poblaciones de residentes a tiempo parcial.
¿Qué nos queda, pues? Posiblemente, ésta sea la respuesta más atrevida de este artículo. Nos queda lo obvio, la industria auxiliar de la agricultura y su músculo productivo, sustentado por el gran mercado local y en condiciones de emprender aventuras en el exterior. Y nos queda lo inesperado, lo que posiblemente no seamos capaces de imaginar siquiera hoy. Las economías dinámicas lo son porque sus habitantes están imbuidos de ese dinamismo. Son las personas los protagonistas de la economía, por más que queramos pensar en que lo son los mercados o los Estados. La creatividad, la capacidad para aprovechar las nuevas oportunidades que surjan en el mercado, es en parte una actitud personal que se transforma en social, cuando la mayoría de los integrantes de la misma entienden que es un valor positivo. Creo que en Almería podemos ser razonablemente optimistas ante ello, ya que nuestro actual desarrollo se ha basado precisamente en eso, en la creatividad y en hacer de la necesidad virtud. Es posible que surjan nuevos motores de desarrollo, vinculados a la energía, a la tecnología o al tratamiento de aguas, o a las redes sociales. Lo que no me cabe duda es que el talento que acumulan nuestros jóvenes encontrará una vía por el que salir a la luz.

Comentarios

  1. Tu optimismo no conoce límites. Mi opinión es radicalmente opuesta: en menos de un mes BCE intenvendrá España! Por cierto, tenemos premio en la lotería del bar Trevi.

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  2. Ya aviso de que el artículo tendría un sesgo optimista. Estoy empeñado en que 2011 sea bueno. Tengo 12 meses por delante para cambiar de opinión.

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  3. Da gusto algo de optimismo. Un par de observaciones.

    1- No nombras explícitamente el sector del mármol. No tiene peso suficiente? Lo desconozco.

    2- Este verano José María Ridao, me comentó que había desterrado el uso de la primera persona en sus escritos. Busca hacer prevalecer la voz a la persona.

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  4. Diego, si que lo nombro. Pero digo que tanto mármol como construcción no están ahora mismo en condiciones de aportar nada a la oferta de empleo.
    Respecto al uso de la primera persona, precisamente lo he pensado bastante. De hecho, los primeros párrafos los escribí en términos más neutrales, pero luego pensé que si iban a poner bajo mi firma el puesto que ocupo, lo mejor era usar esa primera persona para dejar claro, meridianamente claro, que es mi opinión y no la de Cajamar o la de la Fundación Cajamar.

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