Más allá de la reforma laboral

Este artículo es una promesa que en su momento realicé al Diario de Almería. Las minivacaciones de Semana Santa me han permitido leer todo lo que tenía acumulado al respecto y organizar un esquema de argumentación más o menos sólido (la última opinión la tiene siempre el lector).

Antes de nada, me gustaría pedirle al lector curioso que de una ojeada a una conferencia que impartí en 2008 y cuya argumentación me sirve de punto de partida para este artículo:

Si la paciencia no les da para leer todo el contenido, al menos échenle un vistazo a las diapositivas. La idea básica de aquella conferencia, titulada Las crisis superpuestas, es que hay algo más que una crisis de carácter financiero. Junto con ésta, se está produciendo otra crisis cada vez más profunda en la economía real, y que en el caso de España mantiene perniciosos efectos de retroalimentación entre ambas, producto de la borrachera de crédito en la que nos metimos para financiar nuestra burbuja inmobiliaria. Junto a ellas hay una crisis social, en la que se mezclan problemas de valores y/o falta de ética, pero que se amplifican por la globalización y la irrupción de las nuevas tecnologías de la comunicación. También hablaba en la conferencia de una crisis energética y otra, la madre de todas las crisis, la ecológica. En el fondo, ahora éstas últimas son la misma, ya que nuestra dependencia de los combustibles sólidos no es sino una más de las expresiones de la crisis ecológica: en el fondo, estamos tomando prestado de las generaciones pasadas de vida en la Tierra, la energía que estamos usando para mantener nuestro sistema en funcionamiento. El mundo se acerca inexorablemente a los límites de nuestra frontera de posibilidades de producción como especie. Ya sé que muchos estarán pensando que detrás de estas palabras hay un malthusiano que no se ha enterado de que existe una cosa llamada tecnología. Conozco y reconozco el papel de la tecnología como elemento conciliador entre la eficiencia y la sostenibilidad, pero no presumo que sea capaz de solucionar todos los problemas, o al menos no siempre en los plazos necesarios. Los colapsos ecológicos forman parte de la historia de la civilización humana mucho antes que las burbujas financieras y no creo que estemos vacunados ni para las unas ni para las otras.
conferencia premios duna 2008


¿Qué tiene esto que ver con la reforma laboral? Mucho, si no entendemos el entorno en el que se desarrollan los problemas no podremos tomar las soluciones correctas. Las bases de la reforma se basan en varios postulados, entre los que se cuentan: la falta de flexibilidad de nuestro mercado de trabajo, nuestra escasa competitividad y las ineficiencias del sistema de negociación colectiva para adaptarse a las situaciones de coyuntura adversa, como la que estamos viviendo. En primer lugar, no me creo los dos primeros. La razón es sencilla, el mercado de trabajo español fue capaz de crear 6 millones de empleos en apenas una década y destruir tres millones en dos años. ¿Eso es falta de flexibilidad? A mi me parece que no. Otra cosa es que el daño principal del ajusta haya recaído en una tipología concreta de trabajadores, mientras que hay algunos que siguen protegidos en la ciudadela del empleo. Por otro lado, es paradójico que nuestro problema sea la falta de competitividad y luego nuestro sector exterior logre ganar cuota de mercado internacional.
El tercer problema sí que me parece importante y había que habilitar cláusulas de descuelgue y mecanismos de ajuste internos para las empresas, de manera que se puedan particularizar las negociaciones y las situaciones, para desincentivar el despido como vía principal de ajuste.
La reforma actual ha elegido el camino del abaratamiento del despido, como respuesta a la generalización del despido improcedente en las instancias de la magistratura y sus famosos 45 días por año trabajado, optando por lo más sencillo, antes de meterse a objetivar situaciones y excepciones. Ahora dará igual lo que diga magistratura, todos los despidos serán más baratos. Por otro lado, se permite a las empresas tener a un trabajador contratado durante un año y que el coste del despido del mismo sea cero, lo que supuestamente favorecerá la contratación del colectivo más joven.
Es decir, la puerta de salida del empleo se hace más sencilla, lo que implicará que en sucesivas crisis la vía más sencilla para reajustar los costes siga siendo el despido, lo que tradicionalmente han venido haciendo las empresas en España, limitando el efecto de las facilidades de ajuste ajenas a convenio colectivo.
Pero, ¿ayudará esta reforma a la creación de empleo? Sinceramente, mi opinión es que no especialmente. El mayor incentivo para la creación de empleo es la existencia de una demanda de bienes y servicios potente. La demanda de trabajo es una demanda derivada de la del mercado de bienes y servicios y hasta que no se recupere éste, no habrá creación de empleo. Vuelvo a recordar que España creó 6 millones de empleos con la anterior legislación.
Entonces, ¿para qué servirá esta reforma? Para acelerar nuestra devaluación de costes internos. Al estar dentro de una unión monetaria, ya no tenemos el mecanismo de la devaluación de la moneda para reajustar de un plumazo nuestra competitividad. Tampoco parece que podamos esperar la solidaridad del resto de socios de la Unión, sobre todo de los que tienen una mejor situación, ya que no somos el país Eurolandia. Así que la única salida que nos queda es reducir nuestros costes lo más deprisa posible. Una vía es que nuestra inflación crezca menos que la del conjunto (lo que ya está sucediendo, pero no con la intensidad que nos permita una reducción lo suficientemente rápida). La otra es reducir nuestros salarios nominales. Los reales suelen caer en situaciones de crisis pero, de nuevo, no a la suficiente velocidad. Para esto sí que servirá la reforma laboral y sus nuevas facilidades para convenios de empresa y descuelgues, así como las facilidades de despido y su consiguiente peso como moneda negociadora.
Mirando a largo plazo y a nuestro alrededor, incluida Alemania, parece que Occidente se ha lanzado a una carrera de precarización del empleo. Casi todos los países tuvimos, en un determinado momento, salarios y costes de producción bajos, España también. Sin embargo, a media que se desarrollaban, sus costes laborales y el sistema de protección de los ciudadanos aumentaba para converger con los más desarrollados. Sin embargo, la entrada de China e India en el juego económico mundial ha trastocado este proceso. La base del problema es que entre ambos suman más de 2.500 millones de habitantes, lo que implica que, por mucho que sus empresas creen empleos, la presión sobre sus salarios no puede crecer tan deprisa como lo hacía en los países occidentales, ante la ingente cantidad de mano de obra presionando para entrar en el mercado de trabajo de sus industrias.
Tampoco sirve de mucho hoy estar dónde estamos. Algunos economistas argumentaban que la razón de los mayores salarios de los trabajadores no cualificados de Occidente era que estaban “al lado” de los trabajadores más cualificados del mundo. La globalización y las tecnologías de comunicaciones han venido a desmontar esa ventaja de localización. Ambas razones impulsan a que la convergencia sea a la baja desde nuestro lado y no al alza desde el suyo.
Si el mundo en su conjunto se enfrenta a las crisis superpuestas, España está en primera línea de frente de cada una de ellas. Y la crisis social no ha hecho nada más que comenzar. Las tensiones van a crecer irremediablemente a no ser que la ciudadanía vea avances en el corto plazo. Pero la política presupuestaria y las nuevas facilidades de despido sólo van a provocar mayores dificultades para el crecimiento y más paro.
Y, desde luego, la nueva amnistía fiscal decretada por el Gobierno no va a ayudar en nada a mejorar la situación, pues el mensaje que se está filtrando a la sociedad es que, aunque en esta crisis se les piden esfuerzos a otros, hay algunos que están sacrificándose bastante más que otros.

Comentarios

  1. La verdad es que la cosa pinta difícil, recién voy a comenzar a buscar trabajo, pero entre tantos temas que hay de la crisis, me da hasta miedo no conseguir. Mis profesores me animan, quizás las cosas mejorarán, creo que en el país hay mucha gente capaz y somos muy fuertes

    ResponderEliminar
  2. Miguel, lo único cierto de las crisis económicas es que acaban siendo superadas. Antes o después. Y la actitud de las personas tiene mucho que ver. Ánimo.

    ResponderEliminar
  3. ¿Puede ser una respuesta el 15 M?

    ResponderEliminar
  4. En cierto modo, el 15 M es una respuesta al empeoramiento de la situación y, sobre todo, a la falta de expectativas. No sé si será una solución porque detrás del 15 M hay diversas sensibilidades e ideologías, pero es muy posible que haya partes de la solución y, desde luego, muchas razones para la indignación...

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

No son los cerdos, es la confianza

La estrategia del escorpión

Trump: Bienvenidos a la era autista