Las crisis superpuestas

Hace unos días, un amigo del Grupo Ecologista Mediterráneo me pidió una conferencia para la entrega de los premios DUNA. El problema es que no me la pidió sobre alguna idea propia, sino sobre una de Francisco Cortés. Éste había dejado caer en uno de sus artículos en La Voz de Almería (el periódico con la web más perra del mundo) que, por debajo de la crisis financiera internacional de la que todos nos estamos ocupando en los últimos tiempos, se está produciendo una crisis ecológica de efectos tremendos y de la que no se habla a causa de los problemas financieros, mucho más mediáticos y de desencadenamiento más dramático (al menos en términos temporales).
Así que de forma un poco estúpida por mi parte dije que sí. Inmediatamente me arrepentí, ya que el tema podía ser muy complejo y muy, muy largo de contar. Así que hice lo que suelo: dejarlo para mejor ocasión. Mientras pasaban los días me sorprendía a mi mismo pensando en la mejor forma de expresar lo que quería decir. De pensada en pensada, fue pasando el tiempo y me encontré el mismo día de la entrega de los premios, apenas unas tres horas antes de la misma, sentado en el ordenador preparando la presentación para la charla. Afortunadamente, con el título vino todo lo demás: “Las crisis superpuestas”. A lo largo de los siguientes párrafos intentaré ilustrar las transparencias con un discurso que las enhebra y las dota de sentido. Voy a intentar ser consecuente con el esquema seguido, de forma que el lector pueda observarlas mientras lee este texto.
conferencia premios duna 2008

Los pecados originales de la economía
Creí que antes de comenzar a entrar en harina, debía al menos dejar clara mi visión sobre el papel de los economistas en toda esta vorágine de crisis. Por eso mis primeras transparencias las dedicaba a un par de asuntos que me parecen sitúan a la disciplina económica en el centro del huracán. Yo les llamo en la charla, los pecados originales de la economía. El primero es el haber desplazado el centro de atención de la satisfacción de las necesidades de la sociedad al mercado, que es sólo una de las formas de satisfacerlas. Al habernos centrado en una pequeña parte de la realidad, hemos perdido contacto con el mundo material en el que tienen lugar las relaciones humanas y del que parten todas las relaciones económicas en última instancia.
Ya que estaba, aproveché para culpar a algunos de los conceptos centrales de la economía de poco acordes con el mundo natural. Este es el caso de la Frontera de Posibilidades de Producción, que es en realidad una obsesión por la eficiencia, por el aprovechamiento máximo de los recursos, sin valorar los riesgos de la vida en el extremo; que olvida lo delicados que pueden resultar los procesos naturales y del margen de seguridad que hay que manejar cuando tratamos con ellos. Al mismo tiempo, se explica a los estudiantes de economía de todo el mundo que, mediante el comercio, es posible escapar de esa frontera, mejorando el bienestar de las sociedades que comercian por encima de lo que cabía esperar de su dotación de recursos inicial. Pero nunca se cuenta que a nivel planetario sigue existiendo una frontera absoluta, al menos hasta que se descubran civilizaciones extraterrestres y podamos comerciar con ellas.

La crisis financiera internacional
Pero, ¿cuáles son las crisis del título? En primer lugar, la más mediática, la que más espacio está ocupando en las noticias y en las tertulias de las cafeterías del mundo desarrollado: la crisis financiera internacional. Ésta, fruto de un sector desregulado, con un crecimiento extraordinario, impulsado por los bajos tipos de interés, una enorme disponibilidad de liquidez y una también enorme voracidad por los beneficios a corto plazo. El sector financiero estadounidense ha contaminado al del resto del mundo, que se ha dejado engañar contagiados por la estupidez propias de todos los tiempos de euforia financiera, en las que las compras apalancadas menudean y la sensación de riesgo se diluye.
La principal consecuencia de esa crisis es un sector financiero tocado de muerte, en el que los estados han tenido que intervenir por tierra, mar y aire, garantizando los depósitos de los ciudadanos, inyectando liquidez en los mercados, garantizando las operaciones del interbancario o directamente, tomando participaciones en el capital social de los propios bancos. Si alguien hubiera descrito este paisaje tan sólo hace tres años, se le hubiera tachado de loco, cuando no de comunista trasnochado. En realidad es casi una obligación, puesto que no es posible desatorar una economía enferma sin contar con un sistema financiero que canalice los fondos desde la unidades económicas con necesidades de ahorro hacia las unidades con necesidades de financiación. Con todo, no deja de ser chocante ver al presidente de los empresarios españoles pidiendo un intermedio en la economía de mercado. Otra de las pérdidas de esta crisis es la percepción del riesgo moral: a partir de ahora, si logras ser lo suficientemente grande e importante puedes asumir riesgos mayores ya que, en el peor de los casos, siempre estará el Estado para salvar la situación en el último momento. Además, una vez abierta la espita de las ayudas públicas, ¿por qué quedarse sólo en la banca?
Las empresas de la automoción de Estados Unidos y Europa rápidamente han sacado la calculadora y se han puesto a pedir al grito de “yo también quiero”. En esta ocasión su argumento son los puestos de trabajo y mucho me temo que veremos como se amplían las vacaciones del mercado también a este sector. En esencia, lo que se está haciendo con todo esto es, en parte, socializar las pérdidas privadas.
Otra de las consecuencias es la existencia de una enorme desconfianza que azota a todos los elementos de la economía y, por supuesto, a los agentes del mercado financiero (lo que dificulta la trasmisión del crédito a las familias y las empresas). En resumen, un ingrediente que termina añadiéndose a la segunda de las crisis superpuestas.

La crisis de la economía real

La base de esta crisis está relacionada fuertemente con la anterior. Se trata de la explosión de la burbuja inmobiliaria. Desafortunadamente, las condiciones de crédito barato y sencillo de obtener, favorecieron el desarrollo desmesurado del mercado inmobiliario el cual, a su vez, impulsó el sector de la construcción en algunos países como España, Gran Bretaña y Estados Unidos.
Galbraith ha explicado magistralmente el funcionamiento de estas burbujas, en las que la gente desoye las llamadas a la prudencia y se deja arrastrar por una vorágine que supera toda expectativa racional. Las consecuencias siempre son las mismas, en un momento dado la gente comienza a darse cuenta de que los precios no se apoyan en ninguna realidad y comienzan a deshacer sus posiciones. Poco a poco más y más agentes optan por la misma estrategia y, finalmente, se desata el pánico: las ventas no encuentran compradores y el precio se precipita. Esto hace que más agentes se decidan a vender, por miedo a quedarse sin nada, haciendo que el precio se precipite aún más. Esta burbuja, como todas las que le han precedido en la historia, ha seguido el guión. El problema para España ha sido que hemos dedicado grandes esfuerzos económicos y humanos a los sectores inmobiliario y de la construcción, que han contribuido de forma espectacular al crecimiento del empleo y la producción (que no al de la productividad). Lógicamente, el parón que ha seguido al estallido de la burbuja ha devenido en un proceso de rápida destrucción de empleo y, seguramente, de mejora espectacular de la productividad de nuestra economía.
Esta crisis, agravada por la financiera, ha terminado por trasladarse al resto de los sectores, de forma que durante estas últimas semanas estamos asistiendo a un verdadero reguero de países que oficialmente entran en recesión, como Alemania, Italia, Estados Unidos, Japón, o la propia Eurozona. Sin lugar a dudas, España se sumará a este desagraciado club durante el último trimestre de este año de no mediar milagro o surgimiento fulgurante de algún otro sector. Esta crisis, a diferencia de las anteriores, y a semejanza de la financiera es, además, global, por lo que seguramente su superación también tenga que serlo.

La crisis energética

Este apartado de la charla lo comencé haciendo referencia a la Curva de Hubbert (véase la transparencia nº 10) y la semejanza de este concepto teórico con la expresión gráfica de la evolución en el tiempo del descubrimiento de nuevos yacimientos (esta información, por cierto, contrasta fuertemente con un gráfico que he visto hoy en una conferencia de Antón Costas sobre la que ya hablaré otro día). La idea que subyace es que, dado que las existencias de petróleo del mundo son finitas, tarde o temprano llegaremos a un pico o máximo a partir del cual, las cantidades de crudo disponible serán menores y sus costes de extracción crecientes. Como el precio es la medida de la escasez relativa de los bienes (siempre que el mercado funcione de manera adecuada), es de esperar que a partir de ese nivel, los precios comiencen una escalada a medio plazo.
Contaba Rifkin que la mayor parte de los analistas consideraban que el mundo llegaría al máximo de Hubbert entre 2002 y 2020, lo que implicaría que, por encima de los movimientos arriba o abajo del petróleo, la tendencia esperable para los próximos años es una escalada continua. Es decir, que nos estamos enfrentando a un mundo en el que el petróleo dejará de ser barato. Pero, dado que nuestra economía presenta una fuerte dependencia del mismo, nos tendremos que enfrentar a un cambio de modelo energético.
A corto plazo, las fuentes alternativas presentan serias dificultades operativas. Las energías renovables tienen en muchas ocasiones importantes discontinuidades en la generación eléctrica, lo que implica que hay que mantener capacidades excedentarias en las centrales tradicionales (normalmente, de carbón), para dar el relevo a las fuentes renovables cuando éstas no están funcionando.
Por otro lado, la otra gran alternativa es la nuclear, que presenta serios problemas en términos de seguridad (no tanto de la operativa, como de los residuos y de los posibles ataques terroristas a las instalaciones). No entré al carro de si energía nuclear sí o no. Lo que tengo claro es que el debate energético lo debemos dilucidar más pronto que tarde y que sería bueno tenerlo de la mejor manera posible, lo que significa que la sociedad debe ser consciente de los costes y de los riesgos que se corren.

La crisis social

Otra más, y no es la menor de todas. La globalización y, sobre todo, la irrupción de las nuevas tecnologías están trastocando amplios aspectos de las relaciones humanas.
Las TIC están modificando nuestros hábitos de consumo, información y entretenimiento. También está ampliando nuestras formas de relación con los demás. El nacimiento de mundos virtuales en los que las personas pueden interrelacionarse adoptando personalidades paralelas, hace que las diferencias entre la realidad y la ficción se difuminen.
Por otro lado, la red global permite que los usuarios se relacionen en diversos ámbitos: el laboral, el amistoso y el de las redes de interés específico. Asimismo, también los ámbitos de trabajo y de ocio se diluyen, dando lugar a un nuevo tipo de relación laboral. Las conexiones múltiples, e internacionales ponen en dificultades a los sistemas nacionales de seguridad, de fiscalidad y de cualquier otro tipo.
Los negocios relacionados con el ocio se están reajustando a esta nueva realidad, en la que los usuarios han tomado el control de su consumo, sin contar con las dificultades para proteger los derechos de autor, o la aparición de nuevas clausulas de protección como los de Creative Commons, bajo los que se encuentra este blog (ahí va, lo he vuelto a escribir: bitácora, quise poner bitácora).
La crisis social está soterrada, apenas deja ver sus uñas de vez en cuando, pero el simple hecho de que yo esté pudiendo hoy hacer llegar al mundo entero mis ideas en tiempo real es una novedad tan revolucionaria que a la fuerza tendrá que tener repercusiones en la sociedad y en los contratos sociales de cada país.
Paralelamente el mundo sigue siendo muy desigual (véase transparencia 13), en el que unos pocos países acumulan la mayor parte de la riqueza, lo que tiene unos efectos desestabilizadores importantes de cara al futuro, aunque hay que reconocer los avances que en este campo se han producido tanto en China como en la India.

La madre de todas las crisis

Todo lo anterior nos lleva a preguntarnos si no estamos en realidad ante un fenómeno más amplio, profundo y diverso que es la fuente última de todos los demás problemas: la crisis ecológica.
El principal causante de esta crisis es el hombre, cuya población ha crecido de forma exponencial a lo largo de la historia. Personalmente me encanta este gráfico (Transp. 15) por el uso de personajes conocidos. Nótese el enorme salto que se ha producido entre los Beatles y Chayanne, período en el que se duplica la población de la humanidad. Este incremento tan importante del número de bocas que hay en el mundo, ha supuesto:
  • Una presión creciente sobre el suelo para la producción de alimentos.
  • El aumento de las emisiones de CO2 de origen antropogénico, gas que parece ser uno de los desencadenantes del calentamiento global.
  • Problemas de acceso al agua potable para una parte creciente de la población mundial.
  • Y un largo etcétera de sucesos entre los que habría que destacar lo que algunos llaman la sexta extinción masiva (estuve buscando algún gráfico expresivo de la misma pero no lo encontré).
En resumen, lo que ha sucedido es que hemos puesto a prueba esa frontera de posibilidades de producción de la que hablan los economistas y que un ecólogo denominaría capacidad de carga del medio, y que en algunos casos estamos sobrepasando los límites o, si se quiere, estamos viviendo demasiado cerca del límite. Si le damos la vuelta al concepto y lo llevamos a términos per cápita, entonces estaremos hablando de huella ecológica, es decir, la equivalencia en términos de territorio que se precisa para satisfacer las necesidades de consumo de una persona. En la transparencia 21 hay una comparativa entre diversas áreas geográficas y la que se considera huella ecológica sostenible, que para la población mundial actual está calculada en 1,8 Has. Como se ve, gran parte del mundo desarrollado se mantiene niveles de utilización de los recursos muy por encima de los niveles sostenibles, al tiempo que otros, como África se mueva en niveles muy inferiores.
Otra forma de verlo es la transparencia que va a continuación y que recuerda mucho la forma de la que vimos en el caso del reparto de la renta. El mundo rico coincide con el mundo que acumula déficit ecológico (consume más recursos naturales de los que es capaz de producir), lo que nos lleva a preguntarnos si esto es casualidad.
Esta pregunta que yo me hago hoy, la respondió hace muchos años Gandhi cuando dijo: “si Gran Bretaña ha necesitado saquear medio mundo para llegar dónde está, ¿cuántos mundos necesitaría la India?”
Recuérdese que en ese momento Gran Bretaña era la mayor potencia del planeta.

Las soluciones

No quería terminar la exposición sin aportar algo de luz. Si me hubiera quedado en este punto, el panorama descrito podría llevarnos a, como dice el profesor Sánchez Picón, instalarnos en la melancolía y la parálisis. En chino, ya lo sabe todo el mundo, el término crisis es sinónimo de oportunidad. Y, no es que tengamos ahora la oportunidad de salir de este atolladero, es que tenemos la obligación para con nuestro código genético.
  • Tres compromisos planteo como soluciones a la crisis subyacente, la ecológica:
  • Un compromiso ecológico, que supone hacer un mejor uso de los recursos naturales, converger hacia los postulados del desarrollo sostenible (o, más realista, hacia un desarrollo lo más sostenible posible), para lo que aporto las estrategias de las que habla Riechmann en su libro “Biomímesis”.
  • Un compromiso ético, que supone una mayor concienciación social sobre la necesidad de mantener el medio ambiente y que hace referencia también a un compromiso ético para con los países en vías de desarrollo a los que tal vez haya que permitirles contaminar más a costa de que nosotros liberemos “espacio ecológico”.
  • Un compromiso económico, en el que se trataría de desligar el concepto desarrollo del concepto crecimiento del PIB. El desarrollo, por lo menos a partir de determinados niveles de renta, debería medirse en términos de mejoras en la calidad de vida.

Y con la famosa frase de Gandhi, cerré la conferencia.

He intentado reproducir lo que dije anoche. Posiblemente haya hurtado el recuerdo algunos aspectos y mi verborrea haya añadido algunos otros, pero el espíritu es el mismo.
Querido lector, si has tenido la paciencia de llegar hasta aquí, muchas gracias.

Comentarios

  1. Por fin me he enterado creo, que correctamente, de la p... crisis

    Gracias

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  2. Amigo Sayonara, brillante como siempre.

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