De la economía digital a la cuántica

A veces pienso que la economía es demasiado digital. Me explico: las cosas tienen a ser negras o blancas, casi nunca grises. Rápidamente uno puede ser etiquetado como neoclásico, austriaco, austericida y toda la panoplia de calificativos que te colocan a la derecha del debate. Pero, con la misma velocidad, te puede caer el apelativo de neokeynesiano, neomarxista y hasta bolivariano/chavista, si te descuidas. Posiblemente sea porque de estar tan cerca de la política (no en vano, los economistas de cabecera de los gobiernos suelen tener una gran influencia sobre los tipos de políticas que se llevan a cabo) se nos han terminado contagiando sus modos. Es decir, o los hechos se definen como unos, o se definen como ceros. Economía digital.
El problema es que la realidad no suele dejarse llevar por etiquetas o categorías impuestas por los humanos, ni siquiera los propios humanos. La economía tiene que aprender de la física cuántica que un fenómeno puede ser uno, puede ser cero, puede ser uno y cero o puede no ser nada. Que la complejidad entrelaza la realidad hasta hacerla inaprensible en la mayoría de las ocasiones. Tal vez los avances en la neuroecnomía o en los umbrales de cruce entre economía y ecología nos permitan desarrollar una teoría que abandone los caducos planteamientos digitales: una economía cuántica.
No obstante, si tengo razón, esta pequeña nota bien podría no ser ni uno ni cero, es decir, no ser. En cuyo caso, yo estaría totalmente y paradójicamente equivocado...

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