Un nuevo curso económico

Comienza un nuevo curso político que va a estar marcado por la consulta catalana, las municipales y la marcha del conflicto ruso. Andalucía puede verse zarandeada por cualquiera de ellos, por lo que seguramente asistiremos a un aumento de las incertidumbres sobre nuestra economía, así como al surgimiento de potenciales conflictos de índole socioeconómico relacionados con cualquiera de ellos.

Respecto a la consulta catalana y los futuros que pudieran dibujarse, cabe destacar en el corto plazo el recurso a la negociación de un nuevo marco presupuestario que redistribuya el pastel autonómico según nuevos criterios. No parece, desde luego la opción más plausible dado el derrotero que está tomando el conflicto institucional entre gobierno central y autonómico. El escenario de una ruptura unilateral no está contemplado ahora mismo (potencialmente destructivo para los Estados que de ahí surgieran), pero unas elecciones anticipadas plebiscitarias en Cataluña con una polarización del voto hacia opciones políticas claramente rupturistas no es ninguna exageración. De ahí que el gobierno convergente tal vez quiera reconducir el asunto enmarcándolo en la discusión más amplia de un nuevo marco constitucional que le haga ganar tiempo. En este panorama, es posible que se estableciera un nuevo sistema de financiación autonómico en el que aumentara la porción catalana a expensas del resto (y, de Andalucía, obviamente).

 El segundo frente es el de las municipales, cuya cercanía se está dejando sentir ya en la actividad de los ayuntamientos. Este frente puede contribuir de manera directa e indirecta a una mejora de la economía regional, ya que es de esperar que los ayuntamientos concentren en los meses previos a los comicios las obras de mejora de sus territorios, propiciando un aumento coyuntural de la ocupación. Asimismo, la irrupción en las europeas de iniciativas políticas al margen de los partidos políticos tradicionales Con un inesperado éxito puede terminar contribuyendo a una mejora del entramado institucional (haciéndolo, en términos de Acemoglu y Robinson, más inclusivo), que facilite el desarrollo de la economía a través de un aumento de la confianza de los ciudadanos en sus administradores, Mejorando las expectativas y, contribuyendo en el medio y largo plazo a una mejora de la inversión. Obviamente, los resultados pueden también condicionar la marcha de la Comunidad, dando lugar a un escenario más abierto e imprevisible o dejando las cosas más o menos como están.

En el entorno internacional, el conflicto con Rusia puede Marcar la evolución del potente sector agroalimentario andaluz. No es que sea un gran comprador estratégico, no al menos actualmente. Pero el desarrollo de la clase media rusa estaba contribuyendo a la mejora de las cifras de exportación andaluzas y españolas hacia ese mercado, particularmente en el ámbito de las cárnicas y las frutas frescas. De momento, el cierre ya ha supuesto el descenso de los precios en origen, descontando los mercados una situación de sobreproducción que seguramente no está justificada por el tamaño del comercio actual. Sin embargo, la estructura cuasioligopolística del mercado tiende a exagerar los movimientos a la baja, y a contenerlos al alza. Ya hemos hablado en ocasiones anteriores en estas mismas líneas de la necesidad de dimensionar nuestras empresas comercializadoras para adaptarlas a las condiciones actuales de este mercado. En cualquier caso, como hemos señalado, Rusia era un mercado claramente en expansión, que podía absorber cantidades crecientes de productos andaluces. Su cierre significa la pérdida de dicho mercado en el corto plazo, pero las consecuencias a largo pueden ser peores, ya que esta situación podría provocar que Se produzca una sustitución a largo plazo de los proveedores actuales, condicionando el desarrollo futuro de dicho mercado para nuestras empresas.
 
A estos factores potenciales hay que sumarle el empeoramiento de la economía de la eurozona, una economía que podría estar entrando en una tercera recesión y que obviamente condicionaría los resultados de la economía española y andaluza en el año 2015, a pesar de las buenas perspectivas que desde diferentes ámbitos se venían barajando. Es casi seguro que eso presente ejercicio lo cerraremos en positivo, en parte por la propia inercia; pero con el sector exterior embarrancado (este año se ha parado el motor de las exportaciones) y sin el apoyo de los consumos internos de nuestros socios europeos, difícilmente va a encontrar el consumo nacional palancas en las que apoyar su crecimiento. Afortunadamente, el panorama monetario parece que va a ser favorable, con una política del BCE mucho más volcada en el crecimiento que hasta ahora, una vez que los miedos inflacionistas parecen disiparse (ahora nos aprietan los deflacionistas). El parón de la economía alemana en el segundo trimestre podría ayudar en esta tarea, al acallar las pegas que desde el Bundesbank se ponían a una política más expansiva.

No se si a estas alturas la nueva actitud del banco central va a resultar útil, o si las medidas anunciadas resultarán suficientes, pero lo cierto es que el mensaje que se ha lanzado a los mercados es claro, y esto podría favorecer la composición de expectativas más favorables. Quizá aún no sea tarde, y quizá las medidas anunciadas viren el curso de las economías europeas. Es posible que la política monetaria no haga milagros, pero también es posible que los agentes económicos crean en ellos, aunque solo sea porque necesitan creer en algo.

En resumen, el curso promete ser movido y con tal cantidad de incertidumbres en el horizonte que hacer un pronóstico acertado es más cuestión de azar que de ciencia.
     

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