La semántica del PERTE agroalimentario

A estas alturas, venir a contar que el PERTE (proyecto estratégico para la recuperación y transformación económica) agroalimentario plantea invertir 1.000 millones de euros de fondos públicos para movilizar otros 2.000 del sector privado no es ninguna novedad. Tampoco lo es que sus objetivos declarados son mejorar la competitividad y sostenibilidad del sector, así como la trazabilidad y la seguridad de los productos generados en el sector. Por supuesto, comentar que los ejes sobre los que se articulan las medidas son el fortalecimiento de la industria agroalimentaria (400 millones), la digitalización (454,35 millones) y la investigación en el sector (148,56 millones) resulta ya superfluo.

Puede que ya hayan leído en algún lugar (o escuchado, que los podcasts son los nuevos radiokillers) que el plan reconoce la importancia del sector, no solo desde el punto de vista meramente económico, sino también para el logro de la descarbonización y la mitigación del cambio climático y para el reequilibrio de las diferencias entre los ámbitos rural y urbano. Supongo que habrán tenido tiempo de formarse una idea sobre la conveniencia de las medidas concretas, la utilización de diversas fuentes de recursos (algunos ya consignados con anterioridad), el impacto real esperado o la propia cuantía del programa.

 

Contando palabras 

Así que buscaremos otra perspectiva. Hace unos años se me ocurrió comprobar una vieja impresión mía sobre la vinculación de las cooperativas agrarias con santos y vírgenes, casi siempre advocaciones patronales. Así que me puse a contar y salieron algunas conclusiones interesantes (aquí se puede leer).

¿Tendría interés hacer algo similar con el PERTE? Las palabras, en este caso, su frecuencia de aparición, pueden ayudarnos a entender mejor las intenciones de los redactores de un determinado documento, por aburrido y tedioso que resulte este. Así que, a medida que iba leyendo el proyecto, fui anotando una lista de palabras fuerza –o que a mí me lo parecían– para luego comprobar su frecuencia con la herramienta de búsqueda de Acrobat Reader.

La lista está integrada por 51 palabras, siendo «agroalimentario» la primera y la que, obviamente, más veces se repite en todo el documento. Incluso eliminando la aparición de esta en todos los pies de página, su frecuencia sigue siendo de 256 en un documento de 109 páginas, contando cubierta y contracubierta.


Las palabras, en este caso, su frecuencia de aparición, pueden ayudarnos a entender mejor las intenciones de los redactores de un determinado documento

 
Los sujetos del PERTE

A los efectos del PERTE, el sector agroalimentario está formado por el primario y por la industria de los alimentos. Pero la frecuencia de uso de sus componentes deja claro que uno de los principales beneficiarios será la industria (160), seguida a mucha distancia de la «agricultura» (45), «pesca» (24) y «ganadería» (11). De hecho, la frecuencia de uso de la palabra industria es la mayor de las analizadas, después de «agroalimentario», aunque también es cierto que es uno de los ejes sobre los que se articula el plan.

Respecto a los ejes, las palabras vinculadas con ellos son los que acumulan más menciones. Después de «industria», aparece «digitalización» (93) y tras ella, «investigación» (57).

Por otro lado, los términos relacionados con los objetivos, no se encuentran entre las palabras más repetidas. Posiblemente, el caso más llamativo es el de «sostenibilidad» que, para ser una palabra absolutamente de moda en el panorama político-económico, no presenta una frecuencia demasiado elevada (51). Cerca de ella está «competitividad» (37). Cierran la lista «seguridad alimentaria» (21) y «trazabilidad» (17).


Fuente: elaboración propia

 

Ideas fuerza: Industria, innovación y empresas

Suponiendo que haya una relación directa entre frecuencia de uso e importancia relativa para los redactores del PERTE, tras industria hay tres palabras que superan las 100 menciones, por este orden: «innovación» (124), «empresas» (121) y «medidas» (115). Las dos primeras hacen referencia a una estrategia necesaria a todos los niveles y a los verdaderos artífices de la innovación, a la par que sujetos de la competitividad.

En un segundo nivel (entre 75 y 100 menciones) aparecen «transformación» (90), «inversión» (87) y «rural» (75). Transformación forma parte del binomio «transformación digital» en 38 ocasiones y, además, se utiliza tanto para describir la necesidad de cambio hacia el futuro como la propia realidad en la que se va a llevar a cabo el PERTE. Inversión, por su parte, es junto con «medida» una palabra que es lógico encontrar en documentos de esta índole. Sin embargo, el uso del adjetivo rural está relacionado claramente con el entorno geográfico en el que se llevan a cabo la mayor parte de las actividades del sector agroalimentario y que, por tanto, sirven de nexo con algunos otros términos como «despoblación» (6) o «relevo generacional» (3). 

Términos que usualmente asociamos con el sector agroalimentario, presentan frecuencias menos elevadas: «agua», «regadío» o «cooperativa»

Por encima de 50, aparte de las ya mencionadas investigación y sostenibilidad, aparecen «formación» (64), «ciencia» (62), «tecnología» (62) y «datos» (55), términos que no suelen relacionarse con el sector primario pero que están vinculados a la transformación y «modernización» (18) de este. Por el contrario, términos que usualmente asociamos con él, presentan frecuencias menos elevadas: «agua» (12), «regadío» (12) o «cooperativa» (12).

En el gráfico que acompaña a este texto está la lista completa de palabras analizadas, excluida «agroalimentario». Su visionado nos permite realizar un rápido viaje desde el «envejecimiento» (1) hasta la «industria» (160) con el que hacernos una idea de por dónde van los tiros del PERTE y, por tanto, del futuro que el Gobierno vislumbra para el sector agroalimentario español.

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