Algunos aspectos relacionados con la rentabilidad de la agricultura almeriense (y 2)

En las últimas semanas he tenido oportunidad de discutir el contenido de la anterior entrega con algunos de los grandes conocedores del modelo. Algunas conversaciones han sido más duras que otras (incluso me he llevado una buena bronca). Pero todas ellas me han ayudado a perfilar esta segunda parte.

Retomemos el tema por donde nos quedamos: el estancamiento de la productividad como problema.

Por supuesto que hay razones que pueden explicar el fenómeno y que no son necesariamente negativas, como la ampliación de la agricultura ecológica y la expansión del control biológico –estrategias que adolecen de un menor rendimiento en términos de producción obtenida por unidad de superficie–, o el creciente protagonismo de las especialidades. Es decir, el estancamiento de la productividad estaría causado precisamente por la innovación en el proceso y en el producto, dirigida a obtener productos de mayor valor para el mercado.


Evolución de la superficie de control biológico en Almería
Fuente: Plataforma Tierra (https://www.plataformatierra.es/mercados/Informe-analisis-campana-hortofruticola-almeria-2021

La clave está en los márgenes 


Y esta cuestión nos lleva a dónde quería llegar desde el principio de la entrega. Esta parálisis de la productividad (sea inducida o autoseleccionada) solo puede mantenerse si se logra un ensanchamiento de los márgenes de producción. Para explicarme nada mejor que recurrir al gráfico que diseñó Jerónimo Molina en su día y que durante años hemos utilizado (tanto del como yo) para explicar el funcionamiento a largo plazo del modelo. 

Esquema de funcionamiento en el tiempo del modelo de Jerónimo Molina

En la parte de la izquierda se puede ver lo que sucede en un modelo de producción agraria tradicional a lo largo del tiempo. Los costes tienen una tendencia al alza, aunque solo sea por efecto de la inflación. Pero los precios mantienen una tendencia a la baja a largo plazo. Con el tiempo, los costes superan a los ingresos, desaparecen los beneficios y aparecen las pérdidas.

¿Por qué? Porque los beneficios iniciales llaman al sector a otros productores y porque los productores iniciales incrementan la superficie dedicada al cultivo, lo que provoca que la oferta de producto crezca y que, poco a poco, la presión de la demanda se vaya diluyendo.

Es lo que ha pasado en los últimos años con el caqui, por ejemplo. Y también con los productos tradicionales del invernadero almeriense durante mucho tiempo. Pero hay muchos más ejemplos. Para sobrevivir a largo plazo, el modelo debe mantener la tijera de los márgenes en positivo (parte derecha del gráfico). Esto puede lograrse bien reduciendo los costes unitarios, bien aumentando los precios (ingresos unitarios), o ambas cosas a la vez. Lo primero se ha logrado en Almería con la constante introducción de tecnología (mejora de los invernaderos, ventanas, dobles techos, semillas híbridas, sistemas de riego, sistemas de climatización...). Lo segundo, logrando acceder al mercado en ventanas temporales más favorables, mejorando el servicio a los grandes minoristas, ampliando los mercados de exportación y adaptando los productos a las exigencias de los consumidores, tanto en el manejo del cultivo como en las variedades producidas.

Un intento de aproximación a los márgenes

La prueba más evidente de su éxito es que el modelo sigue marcando récords de producción y de ingresos ingresos casi sesenta años después de su arranque, y que la superficie invernada sigue aumentando.

Como explicaba en el arranque de la primera entrega, la disponibilidad de unos datos homogéneos a lo largo del tiempo es una bendición para el análisis. Pero tampoco hay que cegarse y tomarlos como una verdad absoluta. En los años que me tocó defender el Análisis de la Campaña del sector hortofrutícola de Cajamar me vi en la obligación de señalar repetidamente que nuestra estimación de costes no representaba al 100 % a ninguna explotación en concreto, ya que la diversidad de realidades es tan enorme (tamaños de explotación, estructuras de invernadero, calidad del agua, estrategias de manejo, zonas de producción, variedades cultivadas, conocimiento de los agricultores, etc.). La utilidad de esta información aparece cuando logramos disponer de más y más referencias temporales, porque así ya no tenemos un dato aislado, sino una tendencia.

Con esta salvedad hecha, partiendo de la información contenida en los Análisis de Campaña publicados hasta el momento he construido unos índices de ingresos y costes nominales unitarios. Están referenciados tanto a unidad de superficie como a kilogramo de producción y en ambos casos se utiliza como punto de partida la campaña 2000/2001. El resultado aparece en los gráficos que vienen a continuación.

 

Fuente: Elaboración propia a partir de datos de Instituto de Estudios Cajamar, Fundación Cajamar, Cajamar y Plataforma Tierra


Aunque los resultados no son exactamente iguales –no lo pueden ser–, las conclusiones sí son muy similares:
  • Durante las primeras cuatro o cinco campañas del siglo, los márgenes se ampliaron, ya que los ingresos crecieron más intensamente que los costes, al menos hasta la 2004/2005. 
  • Desde la campaña 2005/2006 hasta la 2013/2014 los márgenes se contrajeron por el mayor incremento de los ingresos. De hecho, los precios se movieron a la baja en esos años. Y los costes unitarios también, pero con menor intensidad. 
  • Finalmente, a partir de la campaña 2014/2015 la tendencia de los precios cambia radicalmente, de forma que, a pesar del aumento continuado de los costes, fue posible ampliar los márgenes. 

Fueron los precios

Es decir, la agricultura de invernadero está haciendo frente al estancamiento de la productividad con el aumento de los precios unitarios. Al menos hasta ahora. A tenor de los datos (cuidado, reitero que no son un oráculo infalible), la ampliación de los márgenes de las últimas campañas está siendo muy importante, por lo que no es de extrañar que siga aumentando la superficie y que el sector sea atractivo para inversores de todo tipo.

En este punto no me resisto a recordar el gráfico de la izquierda del Modelo de Molina: el aumento de la producción probablemente termine presionando los precios a la baja, como ya lo hizo a lo largo de los últimos años del siglo XX y los primeros del XXI.

Pero el margen es cosa de dos. No podemos olvidarnos del lado de los costes. Hay que buscar la manera de abaratarlos para que la tijera del margen funcione con sus dos palancas. El enfriamiento de las tensiones en el mercado de materias primas nos ayudará a lograrlo, pero no podrá ser la única solución. Creo que, de nuevo, tendrá que ser la tecnología la que nos ayude en el trance. Los indicios a este respecto son positivos. La digitalización avanza rauda sobre el corcel de la sensorización, y no me cabe duda que en pocos años veremos en nuestras explotaciones robots de apoyo a las labores de manejo y recolección.

Esta nueva revolución que se nos viene encima nos ofrece también la posibilidad de trabajar con mejores datos. Es posible que disponer de información detallada sobre la utilización de insumos nos permita obtener una mejor imagen de los costes, permitiéndonos obtener una foto de mayor resolución de los mismos. De esta forma sería posible que en unos años fuéramos capaces de señalar en cuánto ha crecido o mermado el margen medio, incluso el de cada familia de productos. Lástima que yo ya no estaré ahí para recibirlos y analizarlos.









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