¿Será por fin 2024 un año anodino? No, seguro que no...


En 365 días pueden suceder muchas cosas. Y sucederán, sin duda, ya que el flujo de la historia nunca se detiene. Pero es que desde 2020 llevamos una racha de años en la que, uno tras otro, se acumulan sucesos de efectos globales. Sucesos «disruptores» que complican la enormemente el trabajo de los que nos dedicamos al análisis de la realidad económica. Primero la covid, luego la invasión rusa de Ucrania y, solo en este año, un conato de crisis financiera, una rebelión en Rusia, un golpe de estado en Níger con potencial desestabilizador de todo el Sahel y, para acabar, un atentado bestial y una guerra aún más bestial en Israel y Gaza…


Placas tectónicas

Por desgracia, las placas tectónicas de la geopolítica y del clima van a seguir ejerciendo una fuerte presión en 2024. A priori, en lo económico cabría esperarse un ejercicio algo más tranquilo. Tras haber esquivado la recesión en 2023 es posible que la actividad en los países occidentales se estabilizase, incluso que retomase algo de impulso una vez vencida la inflación y arrancado un nuevo ciclo con menores tipos de interés. Pero, como digo, las placas tectónicas se siguen moviendo y, precisamente, no auguran demasiada tranquilidad para el próximo año:

  • Desglobalización y emergencia de nacionalismos populistas. Los reajustes que se están produciendo en las cadenas globales de suministro, en las que se han reordenado las prioridades en favor de la seguridad, se van a ver impulsados por el renacimiento de los movimientos ultranacionalistas y por el continuo y cada vez menos silencioso enfrentamiento Estados Unidos-China. Un mundo así es mucho más proclive a las decisiones unilaterales, al proteccionismo y al conflicto bélico –la inacción e incapacidad de las organizaciones internacionales ante eventos como la invasión de Ucrania, la «desarmenización» de Nagorno Karabaj, o la actuación desproporcionada de Israel en Gaza son precedentes que otros pueden considerar en un futuro cercano–.  

Los reajustes que se están produciendo en las cadenas globales de suministro, en las que se han reordenado las prioridades en favor de la seguridad, se van a ver impulsados por el renacimiento de los movimientos ultranacionalistas y por el continuo y cada vez menos silencioso enfrentamiento Estados Unidos-China. 

  • Guerras activas. Hay tres puntos especialmente calientes en el planeta actualmente. Las guerras activas de Ucrania y Gaza, y la creciente inseguridad en la amplia franja del Sahel son focos que pueden extenderse más allá de las fronteras iniciales de dichos conflictos. En el caso de Gaza, por ejemplo, ya se ha generado un nuevo tablero de operaciones en torno al estrecho de Bab el-Mandeb, donde los rebeldes yemeníes, aliados de Irán, intentan interrumpir el acceso del comercio al internacional al mar Rojo y, por añadidura, al canal de Suez. Además, Venezuela ha activado un nuevo punto caliente con la incorporación unilateral de la Guyana Esequiba en un intento de movilizar a la sociedad venezolana en torno al gobierno de Nicolás Maduro, que en 2024 se enfrenta a unas elecciones especialmente inciertas.
  • Cambio climático. Esta placa tectónica se mueve ya con una inercia propia y solo podemos aspirar a minimizar sus efectos negativos y adaptarnos a ellos. El aumento de la temperatura global, el incremento de la frecuencia de fenómenos climatológicos extremos, una mayor inestabilidad de las lluvias y la ampliación de los impactos generados por El Niño o La Niña, van a seguir añadiendo presión al mix de problemas a los que se enfrenta la humanidad. La mayor incertidumbre sobre las cosechas va a tener como efectos derivados un aumento de las hambrunas, especialmente en los países menos desarrollados, un mayor precio relativo de los alimentos –a este respecto, comento en este artículo las razones que mantendrán elevados los precios–, y una mayor protección de los mercados agrarios nacionales.
  • Movimientos migratorios más intensos. Derivados de las hambrunas, la pobreza, el clima y la guerra. Lejos de reducirse los flujos migratorios, estos van a seguir siendo protagonistas de la realidad. Y aumentarán las tensiones en las zonas de trasiego y llegada de estos flujos, en los que se convierten en materia prima para las ideas de los movimientos ultranacionalistas. Los países han comenzado a extender medidas restrictivas de la inmigración, unas medidas que posiblemente no serán útiles más que para aumentar las ganancias de las mafias y para expandir una nueva clase de trabajadores dispuestos a aceptar cualquier tipo de condiciones laborales (legales o no) en las sociedades de acogida.

Mis problemas son tus problemas

  • Los problemas propios de las grandes potencias:
    • EE. UU. encara en 2024 unas elecciones presidenciales en las que Donald Trump arranca como favorito. De aquí a noviembre veremos cómo crece la polarización en el país americano, así como los bloqueos legislativos. Lo que suceda tendrá, además, efectos directos sobre la situación de dos de los dos principales aliados auxiliados por el dinero y las armas estadounidenses: Ucrania e Israel.
    • China tiene sus propios problemas. Su modelo de crecimiento tiene el motor gripado. Las exportaciones no van a poder contribuir como antes por el doble efecto de la desglobalización y del encarecimiento relativo de sus producciones. Y el mercado interior, que era la principal baza para sustituir a la demanda externa, se encuentra lastrado por la crisis inmobiliaria (que amenaza con llegar se ser bancaria) y con el retroceso demográfico (fruto de la vieja política del hijo único y de la rápida urbanización de su sociedad).
    • Europa también está sometida a un año electoral, ya que en junio se producirán los comicios al Parlamento Europeo. Además, el bloque se enfrenta al crecimiento de los movimientos nacionalista antieuropeos en varios Estados miembros y a los problemas derivados de la rápida transición energética a la que se ha visto abocado tras la invasión rusa de Ucrania y la desconexión del suministro ruso de gas natural barato para alimentar el corazón industrial del continente.
    • India, potencia emergente con graves desequilibrios internos y un gobierno de corte nacionalista hindú, también tiene elecciones presidenciales. A priori, el país se está viendo beneficiado por la relocalización de algunas industrias desde China. Sin embargo, las enormes desigualdades que se siguen manteniendo o los roces fronterizos con China o Pakistán pueden desencadenar rápidamente conflictos que terminen afectando al país, a su área de influencia y al conjunto del planeta. 
    • Rusia parece haber evitado las peores consecuencias de las sanciones occidentales y espera un sólido crecimiento del PIB en 2024. Pero la prolongación de la guerra en Ucrania y la debilidad mostrada en el episodio del motín de Wagner, hacen que la situación interna sea una fuente constante de incertidumbre, un Juego de Tronos particular. La columna de milicianos que se acercó hasta 200 km de Moscú puso en evidencia la fortaleza del Kremlin. La posterior «muerte accidental» de Sergei Prigozhin es un mensaje a otros hombres fuertes, pero también implica que el próximo intento tendrá que llegar hasta el final, o sea, hasta la eliminación física de Putin y sus fieles.

Seguiremos atentos a todo lo que suceda. Vivimos tiempos emocionantes y, hasta cierto punto, salvajes. Meted en la coctelera el rápido avance de las tecnologías y podréis daros cuenta de que posiblemente estamos viviendo en directo la reconfiguración del mundo que heredamos del siglo XX.


¡Un abrazo y un muy feliz y anodino 2024!

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