La evaluación docente

Hoy me he encontrado en mi casillero de la UAL con los resultados de la evaluación docente del curso pasado. En líneas generales, estoy muy contento, puesto que he logrado un 4,80 sobre 5; es decir, un sobresaliente alto, 4 décimas por debajo de la Matrícula de Honor. Además, y esto lo sé por conductos extraoficiales, esa es la nota más elevada de mi departamento y la número 28 de toda la Universidad (más de 800 profesores).
Estos resultados me sugieren dos pensamientos de índole casi opuesta. De un lado, me siento orgulloso de haber logrado una puntuación tan elevada, teniendo en cuenta mi pertenencia al ninguneado estamento de los profesores asociados a tiempo parcial. Orgullo que compensa, con creces, la escasez de los emolumentos percibidos.
Pero, por otro lado, me afirma en un viejo planteamiento según el cual en la universidad española actual no se están planteando de forma correcta los incentivos. Me explico. No es de recibo que alguien que se dedica sólo de manera tangencial a la Universidad aparezca en tan avanzados puestos cuando se "enfrenta" a profesionales de la Academia. Parte de la culpa, creo yo, está en la apuesta exclusiva de la Administración por la investigación, factor éste principal para avanzar en la carrera académica y en la mejora de la nómina. De esta forma, se potencia la publicación por encima del esmero en las labores docentes, que pueden llegar a ser percibidas como un estorbo por parte de los profesores ambiciosos, independientemente de la eficiencia real de esa investigación. Básicamente, no es lógico pensar que todo el mundo en la Universidad está capacitado para la investigación de alto nivel, que es algo muy distinto a lograr muchas publicaciones.
A mi modo de ver deberían plantearse carreras académicas diferenciasdas de investigación (con una mínima carga docente, y muy específica) y de carácter docente (con mayor carga docente, pero con un claro reconocimiento a los esfuerzos de ese tipo de profesorado). Si no se quiere crear estigmatizados ni castas, entonces se podrían platear pasarelas de ida y vuelta entre ambas situaciones (en paquetes de entre 3 y 5 años), aunque lo verdaderamente importante es que nadie tenga la impresión de que su carrera profesional se va a ver dañada por cultivar la excelencia docente.
Como argumento extra añadiré que es paradójico que haya una fuerte demanda en las universidades privadas, cuando su papel en la investigación nacional es irrisorio comparado con el de las públicas. La explicación está sin duda relacionada con la potenciación de la función docente y de colocación de los titulados en el ámbito empresarial.
Por cierto, que aún no lo he dicho, GRACIAS a los alumnos del año pasado. Ya os podeis ir pasando a por vuestros jamones, tal y como acordamos en diciembre pasado :-)

Comentarios

  1. Anónimo9:28 p. m.

    Me parece increible lo que haces. El artículo sobre la alumna puta no tiene desperdicio. Un buen expediente y a la calle es lo que mereces.

    ResponderEliminar
  2. Bien, es una opinión. Tal como yo lo veo, estoy haciendo una parodia mordaz de la Universidad. Cualquiera con dos dedos de luces se da cuenta de que es una parodia. Evidentemente no todo en la Universidad es como se describe, pero lo gracioso es que todo el que lo lee cree conocer a Macareno, y eso que son de muchas universidades distintas. Si quieres que me abran un expediente no tienes más que sugerirlo al departamento de personal de la UAL. Seguro que me dará pie a un nuevo comentario en MACARENO.

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

No son los cerdos, es la confianza

La estrategia del escorpión

Trump: Bienvenidos a la era autista