Una partida de póquer global

Artículo para el Anuario de La Voz de Almería: me pidieron unos 2.500 caracteres, aunque al final me he ido a más de 9.000.

El resumen económico de 2007 es sencillo, cabe en una sola palabra: desaceleración. Sin embargo, mucha gente piensa que esto es sinónimo de crisis. Nada más lejos de la realidad. Lo que está pasando en la economía provincial es que el sector de la construcción de viviendas, que se había convertido en el principal motor de nuestro crecimiento, está volviendo a niveles menos estratosféricos, aunque aún queda por encima de los registrados hace tan sólo 4 años.
Como en muchas otras ocasiones pasadas y venideras, las expectativas de los agentes suelen comportarse como un mal actor que sobreactúa en cada papel, sobrevalorando las situaciones favorables y sobre-reaccionando en las situaciones menos favorables. No ha pasado nada que no fuera obvio para cualquier observador experimentado o al menos con un poco de interés por el asunto. El ritmo de creación de hogares en España y la marcha de la inversión extranjera en activos inmobiliarios no justificaban el elevado crecimiento de la oferta. Al mismo tiempo, el Banco Central Europeo llevaba tiempo avisando de su intención de retornar a lo que él denominaba un tipo de interés neutro (el 4%), lo que significaba que se daba fin al período de tipos bajos, y que se iniciaba una escalada que nos llevaría al menos hasta el 4%, que es precisamente el que tenemos actualmente.
Así las cosas, era evidente que se produciría más pronto que tarde una situación de sobreoferta, que provocaría un descenso de la actividad en este sector de la vivienda. De momento, esa reducción de la actividad sigue estando por encima de los niveles históricos anteriores al boom del sector. Por tanto no es descartable que siga perdiendo actividad en los próximos meses. Otra de las cuestiones cantadas es que la economía almeriense ha crecido a través de la puesta en valor de una mano de obra creciente y no como resultado de un proceso de mejora de la productividad. Este modelo de desarrollo nos va a suponer que de la misma forma que hemos creado un gran número de empleos en los últimos tiempos, ahora se destruyan en similar medida. Al menos en la construcción. Evidentemente, esto no es ni bueno ni malo, es sólo ley de vida.
Lo importante en este juego de la economía es tener una baraja llena de naipes que puedan tomar el relevo de los sectores que declinan. En este sentido, parece que a nivel nacional está siendo la industria, como ya ocurrió durante la crisis de 2001, la que ha venido a sacar las castañas del fuego. El problema para Almería es que nuestro sector industrial no tiene el mismo peso específico que a nivel nacional y que, por tanto, su capacidad de alivio no tiene la misma dimensión. En cualquier caso, nuestra piedra natural está haciendo los deberes correctamente y está siendo capaz de crecer a través de mejoras en productividad y compitiendo en mercados internacionales muy globalizados. La otra gran industria almeriense, la auxiliar de la agricultura, debe despojarse de una vez por todas de sus complejos y ataduras casi atávicas y lanzarse a recuperar el peso que le corresponde por historia y por innovación en los mercados internacionales en los que tanto franceses como holandeses o israelíes nos están ganando por la mano.
La madre de esa industria auxiliar es otra historia. En los últimos años, las presiones competitivas no han hecho más que aumentar, obligando a los agricultores almerienses a optar por estrategias de concentración de esfuerzos, reduciéndose la gama de productos elaborados y apostando por la lucha integrada. La buena noticia es que este campo sigue siendo uno de los más dinámicos del mundo, como pone de relieve el enorme incremento de la superficie certificada para lucha integrada en la campaña en curso. La mala noticia, sin embargo, es que nuestros agricultores no se terminan de creer que el mundo ha cambiado y que la PAC protectora de antaño ha dejado de existir. En este nuevo mundo en el que las fronteras comerciales van poco a poco cayendo, el terreno de juego se hace cada vez más grande, y más y más agentes se encuentran en condiciones de participar en la partida. No sirve de nada replegarse, esconderse detrás del cubilete o aferrarse a unas reglas que ya nadie respeta. Si se quiere seguir jugando hay que apostar fuerte. Hay que plantearse el negocio (porque el grado de inversión y riesgo que asume el agricultor almeriense es tan elevado como el de una empresa industrial) desde la nueva perspectiva. Hay que identificar los procesos en los que podemos seguir añadiendo valor y hay que ser capaces de colocar fichas en otros países, de modo que nuestra oferta (da igual donde se produzca) siga siendo atractiva para los mercados.
No obstante, con respecto a las reglas si que hay que plantear una cuestión relevante: por muy nuevas que sean deben regir para todos por igual, de forma que las inversiones en mejoras de la calidad social y salubridad sean identificadas y pagadas por el mercado.
Los buenos resultados globales de la campaña anterior deben servir de acicate a este importante sector de nuestra economía que está llamado a ser durante 2008 otra vez el buque insignia de nuestra economía, pues es el único que tiene un peso suficiente como para compensar las pérdidas de empleo y valor añadido de una construcción que se repliega a sus niveles “normales”. Las proyecciones para 2008, aunque muy inciertas aún presentan un buen escenario, con una demanda potencial en crecimiento, lo que debería aliviar en parte la tensión competitiva comentada y con unas perspectivas de mejorar cotizaciones derivada del esfuerzo realizado en mejora de cultivos.
El cuarto as de la baraja almeriense es el turismo. Este sector ha vivido en los últimos años un fuerte crecimiento de la oferta alojativa, tanto de la tradicional (hoteles y apartamentos turísticos) como de la derivada de la inversión inmobiliaria de extranjeros y nacionales en el litoral. También ha vivido la irrupción revolucionaria del modelo de negocio Low-Cost, que cuenta en la actualidad tanto con líneas aéreas, como con hoteles o agencias de viajes. Internet ha sido el gran motor de esta revolución en la que Almería ha jugado hasta el momento un papel marginal. La revolución Low-Cost ha supuesto la reordenación del modelo turístico y nos ha perjudicado por la doble vía de la no disponibilidad hasta fechas recientes de líneas de bajo coste en nuestro aeropuerto y el repliegue de los tour operadores tradicionales hasta destinos en los que contaran con una mayor inversión, con el fin de ofrecer productos completos y poder competir con los nuevos agentes. Por eso la base hotelera del sector ve con preocupación como se reducen las pernoctaciones al tiempo que aumentan los viajeros: no todos se quedan alojados en sus establecimientos y, los que lo hacen, están menos tiempo. La estructura de mercado ha cambiado y eso ha coincidido y ha empujado el cambio en las pautas de compra de los consumidores. Almería ha dejado de ser un destino barato, Almería ha quedado al margen de los nuevos circuitos, Almería ya no es un destino exótico, … Muchos problemas a la vez. Una situación complicada pero no imposible de remontar. Nuestra oferta es de calidad elevada, nuestro territorio, a pesar de todo, sigue contando con indudables atractivos y la otrora escasa oferta complementaria hoy es suficiente para satisfacer a unos viajeros que están menos días. Incluso, hoy vuelan a Almería algunas líneas de bajo coste y se ha roto el monopolio de los vuelos con Madrid, lo que ha abaratado las comunicaciones con el centro de la Meseta. Posiblemente, la solución a nuestros problemas actuales pase por la integración internacional de nuestras empresas, de forma que nuestra oferta vuelva a ser visible en las agencias de viajes. Posiblemente pase por una presencia masiva en los nuevos canales de distribución. Posiblemente pase por una adaptación de nuestras ofertas a la realidad creciente de las vacaciones fragmentadas y los viajes de fin de semana. En cualquier caso, toca replanteamiento de estrategias y de alianzas, por lo que no es previsible que el sector pueda contribuir de la misma forma que en años pasados a la creación de valor y empleo, lo que no significa que no deba jugar un papel destacado en los próximos años.
Finalmente, queremos terminar este escueto resumen hablando de un activo del que disponemos en cantidades industriales y que no ponemos en valor de manera adecuada: la imaginación. Esta es una tierra de gente creativa, de valientes que se atreven a marchar en busca de una mejor vida, de gentes que se inventa una agricultura revolucionaria, de gentes que aprovechan al máximo cada mínima oportunidad que les brinda su árido territorio. Hay un gran camino que andar en las energías alternativas, en la investigación de nuevos materiales para placas solares, en el aprovechamiento de los residuos de la agricultura, en la desalación, en el diseño y creación de nuevos productos y servicios. Bienvenidos a la era de la I elevada al cubo: Investigación x Innovación x Imaginación.

Comentarios

  1. Respecto al sector turistíco, creo que deberíamos explotar al máximo las posibilidades del turismo rural, o de interior - como quiera denominarse -, hasta incluirlo dentro de nuestra ecuación tradicional de "sol y playa".

    En concreto, pienso que no explotamos debidamente un factor clave: la proximidad.

    Proximidad del interior respecto a la costa, que ofrece al futuro turista un cambio casi radical de ambientes en apenas 30-40 minutos de coche. Y esa es una de las maravillas de nuestra tierra.

    ¿Deberían buscarse ofertas combinadas costa-interior?. Creo que si; y fomentarse colaboraciones entre empresas representativas de cada escenario. Como digo, en nuestra ecuación turística aún falta el factor rural/interior. ¿Por qué no potenciarlo en 2008?

    Saludos!

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  2. Buen resumen del año e inteligente plateamiento prospectivo. Sin embargo, no puedo evitar que me golpee el ojo la frase en la que te refieres a que la destrucción de empleo por la desaceleración inmobiliaria no es ni buena ni mala, sino simplemente ley de vida. Me parece un juicio excesivamente tecnocrático y "desalmado". Tal vez, implícitamente confiado en un reajuste automático de ese desequilibrio, en todo caso temporal, en el mercado de trabajo. La magnitud de la destrucción de empleo en un plazo de tiempo muy corto, puede ser enorme y desconocida en la reciente historia económica almeriense, como corresponde a una zona que ha ocupado posiciones de liderazgo durante la burbuja (viviendas inciadas, hipotecas por habitante...). Además,el mercado de trabajo es uno de los mercados más imperfectos (desde el punto de vista de la movilidad del factor) y no podemos minusvalorar el elevado coste social que va a provocar el crecimiento del desempleo por encima tal vez de la media española y andaluza (una novedad en la historia de exitosos indicadores de la economía almeriense). Como no seamos capaces de "exportar" esta mano de obra desocupada(tengo noticias de grupos de la zona de levante que han empezado a trasladarse a la Zaragoza de la Expo98)nos vamos a encontrar con un escenario social inédito en la provincia.

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  3. Vayamos por partes. El problema del turismo rural es que su dimensión es aún muy pequeña, prácticamente inexistente en comparación con la de sol y playa. Desde luego es una tendencia a tener en cuenta y a explotar (la vía de los viajes fin de semana puede ser una muy buena fuente de ingresos tanto para el interior como para la costa).
    Con respecto a la crítica de Zelig, la asumo, pero no creo en reequilibrios mágicos. Evidentemente, nos la vamos a encontrar. Estamos teniendo la suerte de que el agro nos está sacando las castañas del fuego y va a reducir los impactos. Por otro lado, no me cabe la menor duda de que el principal damnificado va a ser el colectivo inmigrante, que tiene una mayor movilidad geográfica. Por otro lado, reconozco que no quería terminar el año con un diagnóstico demasiado negro (que bastante negro tengo ya el ánimo con algunos sucesos paranormales que estoy viviendo estos días a cuentas de cierto proceso de origen laboral).
    Feliz Año.

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