jueves, marzo 29, 2012

Retos del agro andaluz

Siguiendo la línea del penúltimo post, he intentado ampliar el foco sobre el conjunto de la agricultura andaluza, para la columna que me ha pedido El Economista.

La renta agraria andaluza no logra alcanzar los registros de 2005. Según los datos recién publicados por la Consejería de Agricultura, entre 2005 y 2011, dicha magnitud ha perdido casi un 20% en términos nominales. Los principales responsables de este deterioro son la caída del valor de la producción agraria y el aumento paralelo de los consumos intermedios del sector. El valor de las subvenciones, por su parte, se ha mantenido más o menos en la misma línea (con importantes diferencias entre años). Podemos pensar que, si se mantienen las dos primeras tendencias y si se estima que el volumen de subvenciones que llegan desde Europa a nuestra agricultura previsiblemente se reducirá, el resultado esperado es la profundización del deterioro de la renta agraria nominal y un creciente número de agricultores y explotaciones entre la espada y la pared. Con este panorama, los próximos años se presentarán necesariamente muy movidos en el ámbito agrario andaluz.


A nivel de mercados exteriores, la situación tampoco es precisamente favorable. Europa se encuentra actualmente en el epicentro de la crisis financiera mundial, por lo que su papel como comprador internacional no se verá demasiado ampliado. Aún así, sigue siendo uno de los centros más importantes para el consumo de alimentos, por lo que el atractivo para terceros y propios seguirá siendo muy elevado. Esto habrá de traducirse en el aumento de las presiones competitivas en nuestros principales mercados de exportación.

Tanto en los mercados nacionales como en los internacionales la presencia de la Gran Distribución es cada vez más relevante, poniéndose de manifiesto de forma evidente el amplio poder de mercado de la misma sobre el conjunto de la cadena de suministro. Su objetivo manifiesto de llevar a los consumidores los productos de mayor calidad al menor precio se traduce, en la práctica, en un proceso de constitución del precio inverso al tradicional, de forma que lo primero que se fija es el precio al consumidor y, desde ese nivel, se detraen los márgenes de los agentes de la cadena, siendo el agricultor el eslabón más débil de la misma y el que, en ocasiones, debe soportar el coste de las supuestas “ineficiencias” del sistema, cuando en realidad se trata de la estrategia comercial del minorista.

Aunque hay otros factores también influirán en el futuro inmediato del sector, como son la sostenibilidad del mismo y la responsabilidad social, cada vez más controladas por los mercados, sólo la contemplación de los aspectos anteriormente señalados va a implicar un serio proceso de reestructuración del campo andaluz. En las producciones menos protegidas y más mercantilizadas, ya se está observando una tendencia al aumento de la dimensión media de las explotaciones para hacer frente a la nueva situación. Asimismo, en el ámbito del segundo eslabón de la cadena, cooperativas y entidades de comercialización en origen, el proceso de concentración está siendo también cada vez más evidente. Las estrategias de integración y crecimiento se están mostrando como las soluciones predilectas de nuestro sector agro.

En este contexto, el papel de las instituciones, tanto públicas como privadas (en un entorno de reducción de las disponibilidades económicas) debería ser el de ayudar en este proceso de transformación. Hay que diseñar mecanismos que, por un lado, corrijan el actual desequilibrio de la cadena de suministro agroalimentaria y, por otro, incentiven a agricultores y comercializadoras a optar por estrategias que permitan recuperar unos índices de rentabilidad razonables. Y, por supuesto, hay que pensar en estrategias de salida para las explotaciones que no alcanzarán por esta vía el umbral de rentabilidad.


miércoles, marzo 28, 2012

De olas y rocas. Recuerdo


Arranque para el capítulo de un libro sobre el 25 aniversario del Parque Natural Cabo de Gata-Níjar. Un lugar mágico que esconde el rincón más bello y místico del mundo (al menos para mi, que soy miope y ateo). Os pongo una primera versión sin corregir, tal y como ha sido parida. Cambiará.

Observar el mar desde el Mirador de las Sirenas. Un punto de referencia para visitantes y propios, una experiencia siempre distinta. Prefiero los días de viento, en los que las olas visten de espuma las rocas y el tímido Mediterráneo enseña las uñas. Entonces la imaginación vuela, se traslada sobre las crestas de esas olas varios siglos atrás y rememora, tejiendo sueños con el poso de lecturas olvidadas y los recuerdos improbables de vidas pasadas, los viajes de sus primeros  marineros. Unos comerciantes del Oriente que se lanzaron a este mar y lo convirtieron en el centro de nuestra civilización. En esos días el mar es más verdoso, abandona por unas horas el azul brillante y plácido de los veranos, y contribuye con su voracidad al modelado eterno del paisaje.
El paisaje: árido, duro, moldeado a golpe de mano por el hombre. Allí donde los recursos son escasos, la imaginación se pone a prueba. No es cierto que la civilización no pueda existir dónde no hay invierno. La civilización precisa de ingenio para sostenerse, y éste florece ante la adversidad. Se muscula cuando la vida está en juego, cuando la necesidad aprieta, cuando los problemas parecen insalvables. La búsqueda de soluciones para el mantenimiento de la ocupación territorial ha dado forma a la naturaleza. En el Cabo de Gata-Níjar no se entiende el paisaje sin la historia natural, pero tampoco sin la historia humana.
De la costa al interior, el viaje por el parque es el viaje por el esfuerzo de sus gentes para adaptarse al exigente presente de cada instante. En las playas, las torres de vigilancia y los castillos nos hablan de momentos menos seguros, momentos en los que el Mediterráneo era un campo de batalla y en ambas orillas se producían escaramuzas entre dos visiones del mundo. Las rampas, más modernas, cuentan historias de pescadores que se aventuraban más allá de los arrecifes para echar sus redes. Incluso, el puerto de San José y las viviendas que se multiplican en los núcleos habitados son el reflejo de las presiones entre la sostenibilidad y el desarrollo del turismo, el nuevo maná que hace brotar los euros.
Montañas de sal se orean en paralelo al camino, a espaldas de cientos de bañistas que se tuestan en la orilla. El mar se doma, se hace lago y es asesinado para obtener su alma. A nadie le importa, sólo algunos recuerdan el valor de la sal. Las aves, turistas del aire entre dos mundos, encuentran en las aguas domesticadas de las Salinas
Rodalquilar, en el corazón del alma volcánica, también fue centro del maná, del maná dorado y valioso del oro, el metal precioso que conmueve el alma humana. El hombre horadó la tierra, arrancando terrones en busca de las briznas valiosas, creyendo haber vencido en la eterna guerra de obtener algo valioso de este territorio. Pero los sudores de los mineros no fueron suficiente pago para Vulcano, que finalmente se mostró rácano con las ilusiones de los mortales. Hoy, las estructuras silentes de la mina observan cómo se desarrolla a sus pies una nueva plegaria por la abundancia: vivir del paisaje. Amén.
Tierra adentro, donde los cortijos se tiñen de sangre un día de boda, el hombre vuelve a ser tenaz protagonista. Toneladas de piedras, de tierra y de esfuerzo dieron forma a una sorprendente colección de aterrazamientos que domaron las pendientes creando escaleras de titanes para sembrarlas con granos de esperanza y trigo. El empeño otra vez era primario, había que comer. En esta ocasión se trataba de recomponer lo que la naturaleza había erosionado. Había que mantener la fertilidad del suelo, sujetando el propio suelo. Y para ello había que fabricar muros de mampostería, auténticos puzles de piedras, argamasa y anhelos. El fruto de estos escalones de pan se transmutaba en harina merced a los molinos que jalonan el territorio. Máquinas antiguas, engranajes circulares que cazaban el viento –otra vez el viento– y lo transformaban en alimento, casi siempre escaso, siempre demasiado caro en sangre.
Luego, molinos y terrazas se convierten en estructuras de paredes transparentes. La tierra de nuevo artificial, al abrigo de los plásticos ondulantes, oculta su tesoro verde, rojo y amarillo. Ha sido el ingenio, convertido en tecnología, el nuevo motor de este renacer. La tierra ha resucitado para el hombre y obtiene al fin frutos que sacian el hambre y no la dejan a medias. El oro se ha hecho carne y ahora se llama tomate.

lunes, marzo 19, 2012

Tendencias de futuro para la agricultura de Almería

En las últimas semanas he tenido ocasión de reflexionar en diversos momentos sobre las circunstancias que va a definir el futuro a medio plazo de nuestra agricultura de invernadero. Estas reflexiones he debido ponerlas por escrito para una contribución que estoy realizando al Camp del Levante Almeriense y, ahora, las dejo en esta bitácora para que sean leídas, discutidas y rebatidas por todos los interesados en este tema (o en el futuro de la provincia, que vienen a ser cosas muy similares). No están enumeradas en términos de importancia relativa, más bien por el orden en el que las he ido poniendo en el papel.


Obviamente, el futuro nunca está escrito de antemano, ni las tendencias actuales implican su seguimiento en adelante. No obstante, también es cierto que en medio de la incertidumbre, estas pistas pueden resultar esclarecedoras:

  1. El mercado europeo sigue siendo uno de los de mayor poder adquisitivo del mundo (Uclés y Cabrera, 2009), por lo que es uno de los objetivos más apetecidos por las producciones de países con bajos niveles de precios relativos, particularmente los del norte de África, ya que la poca distancia no compensa la diferencia de los costes de producción, aunque a este respecto algunos autores, como Aznar (2012), mantienen que la ventaja almeriense de contar con un sistema productivo local constituye, en si mismo, una importante ventaja productiva. En cualquier caso, la tendencia evidente es al aumento de la competencia en los productos y mercados tradicionales de la agricultura invernada almeriense, con una mayor intensidad en aquellos productos en los que haya una mayor importancia relativa de mano de obra.
  2. Otra de las tendencias de largo plazo, derivada en parte de la primera, es la clara evolución decreciente de los ingresos reales (eliminado el efecto de la inflación) en los productos de la agricultura protegida. La mejora de los rendimientos físicos, que había estado avanzado de forma paralela al descenso de las cotizaciones, ya no es suficiente para contrarrestar este fenómeno, por lo que los ingresos totales por hectárea están ya claramente en una senda decreciente. Este fenómeno, de prolongarse en el tiempo, y sin mediar una reestructuración de las explotaciones derivaría en la eliminación de muchos agricultores por mera asfixia económica. 
    Evolución de los rendimientos físicos y económicos de los cultivos de invernadero almerienses. Índice 1975=100
    1. Como resultado de la reducción de la rentabilidad media de las explotaciones y al aumento de la competencia, llevamos dos décadas observando un incremento paulatino de la superficie media de las explotaciones. Para el caso de las hortalizas en regadío, los dos últimos censos (1999 y 2009) agrarios arrojan respectivamente 1,51 y 1,81 hectáreas invernadas por explotación, un incremento del 19,7%. Esto podría estar implicando una sustitución paulatina del modelo de explotación familiar por otro de empresas con mayores superficies de explotación a su cargo, como estrategia para compensar los menores precios, aprovechar economías de escala en los costes y ganar volumen para compensar los descensos unitarios y mantener los ingresos y beneficios totales. En este mismo sentido, en los últimos años se han multiplicado las iniciativas tendentes a concentrar la oferta en origen, mediante la fusión de empresas comercializadoras o la creación de cooperativas de segundo grado, en su caso. Esta es otra manifestación de la misma tendencia y de la que comentamos a continuación.
    2. El conocimiento exhaustivo del consumidor y el haber alcanzado unas enormes dimensiones han permitido a algunos minoristas (encuadrados en lo que se ha dado en llamar Gran Distribución) lograr un poder de mercado que, en ocasiones, les pone en situación de practicar actuaciones desleales  o de reducción de la competencia con sus proveedores (CNC 2010 y 2011). Entre las prácticas que les permiten un mayor control del mercado están la puesta en marcha de las marcas del distribuidor, que implican la disminución de referencias en los lineales y la reorganización de precios para alinear sus propios productos. Asimismo, en estos años de crisis, se ha podido observar la utilización de productos de “enganche” que se ofrecen a los consumidores a pérdida para atraerlos a los centros de ventas. Normalmente estos productos enganche son los alimentos básicos, entre los que se cuentan las frutas y hortalizas. El problema es que las pérdidas no se soportan en exclusiva en el último eslabón de la cadena, sino que se distribuyen hacia abajo por la misma, en virtud del desequilibrio de poderes tan grande que se da en la misma. 
    3. Por otra parte, las exigencias de la Gran Distribución en cuanto a residuos de los productos y a cuestiones relacionadas con el entorno social en el que éstos se producen son cada día cuestiones más relevantes. Los consumidores parece que están despertando su conciencia ambiental y social. Ya no basta con que los bienes se pongan a su disposición con la mejor relación calidad precio. Ahora también se quiere estar seguro de que no se contribuye a la explotación de personas o recursos naturales. Junto con las exigencias crecientes en torno a la seguridad y salubridad de los productos, esta cuestión se convierte en uno de los principales factores explicativos de cara al futuro. La creciente certificación de las superficies en cada  vez más normas de más amplio espectro es la consecuencia directa que, con toda probabilidad, va a seguir actuando en las próximas décadas. En este sentido, el creciente acercamiento al residuo cero, podría implicar la convergencia de la agricultura de invernadero almeriense con el cultivo ecológico. La preponderancia actual del control biológico sería pues un paso previo en ese camino.
    4. En este sentido, otra de las tendencias evidentes a lo largo de los últimos años es el crecimiento sostenido de la superficie en ecológico (Cabrera y Uclés, 2011). Como ya se ha mencionado, la demanda se ha vuelto cada vez más sensible con las formas de cultivo de los productos agrarios, tanto desde el punto de vista de las técnicas de producción, como desde la perspectiva social. Por otra parte, el actual estado de los conocimientos y de la tecnología permite un uso más eficaz y eficiente de las técnicas ecológicas en el interior de los invernaderos, en los que las condiciones climáticas se mantienen más estables y favorables para las plantas. Por eso es cada vez más evidente la marcha de ambas magnitudes, oferta y demanda, hacia este tipo de productos. Lo cierto es que actualmente se mantiene una cierta diferencia de precios entre ambas producciones, pero es fácil de imaginar un futuro no muy lejano en la que los productos ecológicos sean la norma en el mercado europeo, con el consiguiente realineamiento de precios y el regreso de las tendencias deflacionistas.
    5. En la línea con los últimos aspectos señalados, la sostenibilidad desde el punto de vista ambiental es muy probable que se termine convirtiendo en una característica del producto, que será valorada como tal por los consumidores. No se tratará ya de una mera cuestión de supervivencia a largo plazo (que siempre lo ha sido),sino de una variable de carácter comercial y que, por tanto, tendrá consecuencias en el corto plazo. En este sentido, el estado de los acuíferos se convierte en una cuestión relevante. El sistema productivo basado en el invernadero es ciertamente muy eficiente en el uso del agua, en el sentido que extrae de ella el máximo rendimiento tanto en términos físicos  como económicos. El problema es que, desde hace muchos años, estamos extrayendo de los acuíferos más agua de la que entra por los procesos de recarga naturales, ahondándose así los problemas relacionados con la merma de calidad de la misma y el aumento de los costes de bombeo. Ciertamente, no es previsible que las demandas agrícolas crezcan demasiado, al menos a medio plazo, por lo que con medidas extras de ahorro, de reaprovechamiento y de acopio de escorrentías y lluvias, sería posible reducir este problema en gran medida.


    martes, marzo 13, 2012

    La divertiempresa

    Reconozco que la idea seguro que no es original. Siempre he pensado que cuando uno se dedica a algo, debe intentar que sea algo que le guste, algo con lo que afortunadamente he logrado durante la mayor parte de mi vida profesional. Siempre he aprendido y he disfrutado por partes iguales (aunque, de vez en cuando, en el camino de todo el mundo se cruzan los sinsabores).
    La cosa es que en los últimos tiempos he tenido la fortuna de asistir a la creación y consolidación (al menos en el caso de una) de tres empresas con las que me siento personalmente involucrado. Las tres son diferentes, aunque tienen un punto central en común, la pasión de los emprendedores que hay detrás y la forma en la que eso se deja traslucir en la mayor parte de sus trabajos.


    El primer caso que traigo a la palestra es el de Ecomímesis, una consultora ambiental. Fue creada hace ya varios años por un grupo de estudiantes de CC. Ambientales, todos alumnos míos (la ventaja de impartir una asignatura obligatoria), todos pertenecientes a una de las promociones de las que mejor recuerdo guardo. Aún eran numerosos, aún tenían pasión y aún entendían su futura profesión como una verdadera vocación. Comenzaron a realizar estudios en el entorno de la Asociación de licenciados de la carrera, pero pronto se percataron que allí había una forma de ganarse la vida sin renunciar a sus principios. Incluso, poniéndolos por encima de todo. Puedo decir que les he visto crecer, desde aquellos oscuros principios en los que se hacinaban en el vivero de la Cámara de Comercio, hasta sus nuevas oficinas. Con el paso de los años estos alumnos han superado con creces al profesor. Han aprendido a gestionar su empresa, a saber cuándo ganan el dinero y están logrando capear el temporal de esta crisis con una ampliación de su gama de servicios y dando pasos pequeños pero firmes en nuevos territorios.

    El segundo caso es Geekia. A esta empresa me unen relaciones familiares, ya que uno de los socios es mi hermano. Intentaré que no me nuble la vista la pasión. En este caso hablamos de tres emprendedores de diferentes perfiles: un informático completamente entregado a la causa del open source; un diseñador gráfico, y un creativo de publicidad bastante versátil (lo mismo se echa una mancha en la camiseta que de da un speech sobre redes sociales). A ellos también los vi nacer. Hace cosa de un año y poco me plantearon una idea de producto, un sistema de información para la agricultura. El producto, sinceramente, no lo vi, pero me fijé en que el verdadero producto novedoso eran ellos juntos. Los tres uniendo sus fuerzas y sus habilidades podían ofrecer soluciones imaginativas y globales a los problemas de comunicación de las empresas. No me equivoqué. No crearon una agencia de publicidad al uso, sino un laboratorio de comunicación del que no sólo salen páginas web y estrategias de comunicación en redes sociales, sino también algunos buenos ejemplos de código libre. E ideas, muchas ideas que espero vayan haciendo realidad. Y, lo que más me llama la atención, si uno sigue su Twitter se rápidamente de que saben pasárselo en grande mientras trabajan (han llegado a trolearse entre ellos en medio de una charla).

    Finalmente, un proyecto que aún no ha nacido oficialmente. Futboling es un producto, y un servicio, y una red social, y un juego, y una forma de ayudar a los demás, y quintales de ilusión. Y un misterio. Porque aún no sabe nadie exactamente cómo es. Este es un proyecto que lleva unos cuantos años tomando forma. Primero fue una idea, sobre esa idea, Nacho Escobar (un amiguito de la infancia y un emprendedor en el más estricto sentido de la palabra) y sus compañeros fueron dándole forma a futboling. Obviamente tiene que ver con futbolines, pero como digo, no se podrá saber mucho más hasta el próximo 2 de junio. De lo que sé hasta este momento, puedo afirmar que tiene una importante componente industrial y que, aunque parezca imposible, se producirá completamente en España. También puedo hablar de la capacidad de liderazgo y de transmitir ilusión de Nacho que, con su FaceBook, su yogur de pera y mucho sentido del humor ha logrado un grupo de colaboradores que están promocionando su Fan Page de FaceBook. Aunque ya sé que es precipitado, intuyo que no me va a defraudar y que aún logrará sorprenderme un poco más.

    Como decía al principio, estos tres proyectos tienen en común la ilusión, que es el nexo común de cualquier proyecto que comienza, pero también la diversión. Sus protagonistas se divierten haciendo lo que hacen y eso se nota: lo notan los clientes, lo notan los competidores y hasta lo notan sus amigos. No sé si dentro de 10 años estos proyectos estarán aún funcionando, pero estoy seguro de que sus promotores seguirán haciendo cosas en las que se diviertan.

    miércoles, marzo 07, 2012

    La agricultura es alimentación y mucho más...

    Hace unos días corría como la espuma por el Twitter agroalimentario hispano el post de Felipe Medina titulado: la agricultura es alimentación (en referencia al lema de la XIII Asamblea de COAG). El éxito de esta afirmación tan evidente también lo es (evidente): el creciente proceso de urbanización y el cambio de mentalidad de la sociedad están contribuyendo a desvincular ambos conceptos. Para mucha gente que sólo se relaciona con la comida en los lineales del supermercado y en su cocina, el origen de esos productos y la forma en la que han llegado a sus manos son agujeros negros, tan inmensos como el que ocupa el centro de la Vía Láctea. Sólo mantienen un alto grado de preocupación por la seguridad de los mismos. Seguridad que en nuestros días se da por supuesta, ya que confiamos en que los controles sanitarios eviten la llegada al consumidor de productos peligrosos. Por eso, lo que Medina escribió llamó tanto la atención. El sentido último de la agricultura es la alimentación y, como tal, es el sector más estratégico de la humanidad, pues está en la base de nuestro proceso de reproducción como especie. La historia pone de relieve una y otra vez que las civilizaciones sucumben por guerras o por crisis alimentarias. Es cierto que nuestra sociedad posindustrial parece, a simple vista, tan alejada del campo que es fácil creerla inmune a la escasez de alimentos; nuestra suficiencia tecnológica se nos antoja tan abrumadora que pensamos que nada ni nadie puede tumbarla. Sin embargo, las previsiones de crecimiento para la población mundial en los próximos años impulsarán al alza los requerimientos de alimentos, los cuales sólo puede fabricar la agricultura cultivando más superficie y/o con mayores rendimientos por hectárea. Es por ello que países como China o Arabia Saudí están comprando tierras de cultivo por todo el planeta: para garantizarse un suministro de alimentos constante en cualquier circunstancias. Pero el papel de la agricultura es más rico de lo que parece. En muchos lugares del mundo y en todas las zonas rurales es el mejor motor de desarrollo disponible (a veces, el único). Como recurso endógeno que es, posibilita movilizar las disponibilidades locales (al menos cuando la iniciativa es tomada por los agentes autóctonos). El agro también es un elemento crucial en el manejo del territorio, no en vano es un gran consumidor del mismo. Y de agua, la otra gran problemática global a largo plazo. Sin embargo, en la mayor parte de las sociedades avanzadas, en las que el peso en la estructura productiva no sobrepasa el 2% del PIB, la agricultura ha pasado a un plano marginal, lo que se traduce en un escaso peso político y una más que ridícula capacidad de incidir en las decisiones gubernamentales. Sólo así se explica que, por ejemplo, se haya colado de rondó en la negociación con Marruecos el sector del aceite de oliva, sin que nadie haya avisado previamente de ello: no debía ser importante. Es posible que en un frío análisis de coste-beneficio, Europa gane más vendiendo coches y electrodomésticos que tomates o aceite. Pero la influencia local, puesto que las producciones agrarias tienden a concentrarse en el espacio, puede ser devastadora. Puede que eso explique, además, la escasa importancia que se ha dado en España a la necesaria concentración cooperativa. En la mayor parte de países en los que las cooperativas agrarias han logrado integrar porcentajes sustanciales de la producción, ha habido detrás una clara actuación de la Administración para favorecerla. Tal vez porque han entendido que es la mejor forma de equilibrar una cadena de suministros alimentarios que se sesgaba a favor del último eslabón de forma peligrosa. Tal vez porque hayan creído que la mejor política de desarrollo rural pasaba por el logro de una remuneración justa para los agricultores. Dicho esto es importante dejar claro que la marcha futura de la agricultura no sólo depende de las decisiones públicas. Los propios agricultores deben ser conscientes de su papel protagonista en su destino. Son ellos los que tienen que tomar las decisiones que les acerquen a las dimensiones adecuadas, y son también ellos los que deben interpretar sin intermediarios las necesidades del mercado que es, finalmente, quien va a consumir sus productos.