jueves, mayo 30, 2013

La economía de Almería: un estado de la cuestión (y 2)

Segunda parte del artículo sobre la coyuntura económica almeriense elaborado a petición de la Revista Novaciencia para el número del mes de Junio. Espero que os resulte interesante y que, por favor, me contéis en los comentarios vuestras impresiones...

El que parecía hace tan sólo cinco años un sector con poca capacidad de reacción está demostrando que tiene más músculo de lo que parecía. La clave de este poder de resiliencia (de recuperarse ante las crisis) es la enorme adaptabilidad que tiene el sistema y su elevada disposición a la adopción de innovaciones tanto en productos como en procesos. Los agricultores, una vez desaparecidas otras posibilidades de inversión que prometían grandes rendimientos a corto plazo, parecen haberse volcado con sus explotaciones y han mejorado tanto la productividad como la calidad y gama de sus productos. Por otro lado, a pesar de que la oferta sigue estando muy dispersa, en los últimos años se han producido movimientos muy esperanzadores de concentración. Estos movimientos, combinados con las mejoras realizadas en las explotaciones individuales, están provocando un repunte de la producción y, lo que es más importante, del valor de la misma.
En resumen, el avión que es Almería vuela a mucha menos altura que hace cinco años, y con tan sólo motor y medio. Es posible, por tanto, que podamos comenzar a ver una mejoría de la situación a medio plazo, aunque esto va a depender en gran medida del contexto nacional e internacional. Las incertidumbres aún son muchas: el sector agroalimentario está sufriendo un vuelo del consumidor hacia los precios que puede terminar afectando a la rentabilidad de nuestras explotaciones hortícolas, como ya está sucediendo en otros subsectores. Nuestros compradores tradiciones también están en problemas y no será fácil incrementar nuestras ventas a estos destinos, siendo imprescindible que sigamos buscando nuevos mercados.
Finalmente, aún cuando la economía volviese a crecer, el problema social d el paro no se vería resuelto a corto plazo. A diferencia de lo sucedido durante la década de los 90 y primeros años de este siglo, los crecimientos del PIB se producirán merced a ganancias de productividad y no a la movilización de ingentes cantidades de mano de obra poco cualificada. Todo apunta a que el paro será un hueso duro de roer para Almería. Téngase en cuenta que en esta provincia el crecimiento demográfico ha sido muy intenso, y que éste se ha sustentado en la incorporación de grandes contingentes de personas en edad de trabajar (población activa). La reducción a corto plazo de nuestra tasa de paro va a provenir más de una reducción del número de activos que el de desempleados, bien sea por desistimiento o directamente por abandono de nuestro territorio. Los inmigrantes llegados de la Europa del Este o de Latinoamérica posiblemente encuentren ahora más posibilidades de empleo en sus respectivos países que en España o Almería, y muy posiblemente veremos cómo se reducen esos contingentes. También se sumarán a la corriente migratoria los trabajadores más capacitados de la provincia que buscarán empleos de calidad más allá de nuestras fronteras.

Los que nos quedemos, jóvenes y viejos, tenemos la obligación moral de crear las condiciones para que en un futuro no demasiado lejano podamos reincorporar ese talento en nuestra economía, por lo que debemos esforzarnos en crear las condiciones más favorables para el nacimiento de empresas que utilicen de forma intensiva el conocimiento y la innovación para crear valor. Justo como lo está haciendo ya la agricultura protegida.


miércoles, mayo 29, 2013

La economía de Almería, un estado de la cuestión (1)

Este artículo (que he dividido en dos porque era un poco largo de más) lo he elaborado a petición de la Revista Novaciencia del mes de Junio. Espero que os resulte interesante y que, por favor, me contéis en los comentarios vuestras impresiones...


La economía de Almería a comienzos del siglo XXI era un avión propulsado principalmente por cuatro motores: la construcción, la piedra natural, el turismo y la agricultura. En realidad, los motores que más estaban rindiendo parecían ser los dos primeros, ya que era en ellos en los que se generaba la mayor parte del empleo y del PIB. El turismo se encontraba en horas bajas desde la reestructuración del sector provocada por el advenimiento del modelo de bajo coste (primero sólo en los vuelos, luego en todo lo demás); y la agricultura se mostraba como un sector maduro (así le decíamos) en el que no resultaba sencillo generar más actividad y riqueza. Pero llegó la crisis, y no sólo motivó el parón casi inmediato de los dos motores principales, sino que a través del circuito del crédito produjo una esclerosis casi general en toda la economía.
El conjunto de la economía española estaba gripado, los circuitos de crédito mayoristas y minoristas colapsados y el ajuste necesario se cebaba en la destrucción de empleo. Almería no fue una excepción, antes al contrario, resultó ser una de las provincias en la que más rápidamente creció el desempleo y en apenas dos años pasamos de ser un territorio de bajo paro a alcanzar las tasas más altas del país.
Pero eso es pasado, estamos casi a medio camino de 2013,  quinto o sexto año de crisis, según el inicio lo fijemos en 2007 (hipotecas subprime) o 2008 (colapso de Lehman Brothers), y con dos períodos diferenciados en lo que a política fiscal se refiere. Un primer momento, hasta 2010, expansiva, con un aumento del gasto público espoleado por el aumento de las prestaciones por desempleo y por los intentos poco razonados de poner en marcha el consumo público. Desde mediados de 2010 cambió el signo y nos sumimos en la austeridad auspiciada por los países del centro de la Eurozona. Por el camino, también, hemos estado a punto de ser intervenidos y hemos tenido que rescatar a una parte importante del sistema bancario con la intervención de nuestros socios europeos.
Ahora estamos sumidos en una segunda recesión, con el consumo interno fuera de juego, con una Europa que crece muy poco (o incluso decrece) y con una guerra abierta entre diversas divisas internacionales en una batalla de devaluaciones encubiertas. Es decir, en uno de los entornos más complejos que podamos imaginar para fomentar las exportaciones o para encarar una recuperación. La buena noticia es que, a pesar de ello, España ha logrado en marzo su primer superávit comercial desde que se calculan estas estadísticas.
Nuestro presente, por tanto, aunque no es halagüeño tampoco puede ser un páramo desolado. La construcción tendrá que esperar a que se digiera el exceso de obra residencial iniciado en los años de la fiebre. La piedra natural parece que comienza tocar suelo, y vuelve a apostar (como en el 93) por la apertura de nuevos mercados. Aún así, las cifras son tozudas e invitan a pensar que ninguno de ellos logrará crecer en Almería en este 2013. Es posible que la piedra, si logra encauzar sus envíos hacia mercados en expansión, pueda comenzar a torcer su rumbo, pero la construcción apenas aportará proyectos urbanos en buenas localizaciones, y con una venta muy complicada por la propia parálisis de la demanda.
El caso del turismo es diferente. El número de turistas que entra por las fronteras españolas parece que tiende a acelerarse en este 2013, lo cual son muy buenas noticias para el sector. Sin embargo, en Almería, la demanda de origen nacional ha sido siempre muy importante, y en los últimos años, a raíz de los ya mencionados cambios en el marcado se ha convertido en el principal demandante. La suma de estos dos fenómenos implica que, en Almería, las pernoctaciones hoteleras sigan cayendo de forma importante. No obstante, es cierto que el fenómeno del turismo residencial ha trasvasado mucha pernoctación desde los hoteles hacia las segundas residencias y que, por tanto, los efectos sobre las economías locales no serán tan negativos como podría parecer inicialmente.
Nos queda, en resumen, un único motor con cierta capacidad de crecimiento, que es la agricultura. Con una buena campaña el año pasado y la actual, que está en sus últimas semanas, que parece también haber cosechado buenos resultados, la horticultura de primor se ha convertido en la única fuente de buenas noticias en nuestra economía. A pesar de enfrentarse a problemas muy complejos y profundos, está demostrando una vez más su capacidad para transformarse y adaptarse. Las exportaciones han vuelto a crecer y ya suponen el 70% de la producción, al tiempo que las cotizaciones medias han acompañado y han contribuido a animar el mercado a todos los niveles.

domingo, mayo 26, 2013

El Gran Secuestro

Decía Jobs en su ya célebre discurso de Stanford que los puntos finalmente terminan uniéndose. Algo así me ha pasado esta semana. Primero, presentamos el número 23 de la Colección Mediterráneo Económico, titulado "Para la rehumanización de la economía y la sociedad". En dicha presentación, el coordinador del volumen, Federico Aguilera Klink expuso algunos de los puntos sobre los que he hablado en esta web con anterioridad: la impresión de que el modelo de economía por el que nos regimos tiene demasiados agujeros y a éstos no les hacemos demasiado caso (y que nadie lee a Adam Smith de verdad).
Tuve la suerte de acompañarle durante todo el día de la presentación y pudimos charlar sobre economía, educación y hasta de cine.
Segundo, mi mujer quiso que viéramos el documental Inside Jobs. Yo ya lo había visto, pero en su momento no caí en alguna consecuencia perversa como la que contaré a continuación. En cualquier caso, y por si alguien no lo ha visto, lo más destacable es la mezcla de intereses bastardos, avaricia desmedida e irresponsabilidad sorprendente (por no decir algún adjetivo insultante). En su momento me indignó profundamente lo que vi. Pero faltaba un tercer punto.

Inside Job | Subtitulada from Humanidad en Transicion on Vimeo.

Tercero, hace unos meses leí el influyente libro de Acemoglu y Robinson, que retoma el espinoso asunto de los diferentes niveles y ritmo de desarrollo económico de las economías mundiales, "Por qué fracasan los países". Su tesis fundamental es que las diferencias se deben a las instituciones. Allí dónde se han podido crear instituciones políticas y económicas de carácter inclusivo, el desarrollo ha se ha favorecido. Si bien es cierto que hay interesantes críticas a esta tesis y, sobre todo a la forma en la que los autores interpretan los acontecimientos (el trabajo adolece de importantes simplificaciones en lo que a Latinoamérica se refiere), no es menos verdad que las instituciones son parte principal y primordial a la hora de influir en el desarrollo de un territorio.
Y se unieron los puntos. Ahora, al ver de nuevo el documental me di cuenta de hasta qué punto es cierto algo de lo que habló Aguilera en su presentación: los mercados no son entes abstractos, tienen nombres y apellidos, tienen normas, y esas normas responden a intereses. Y en el documental se percibe que hay un poder económico que juega a secuestrar al poder político, con bastante éxito. Acemoglu y Robinson explican cómo este secuestro es una de las pautas que explican el deterioro de algunos países. En su Blog ilustran este comportamiento con infinidad de casos, desde Filipinas, hasta México. Cuesta pensar que las élites económicas se comporten de igual forma en EEUU. Pero así lo parece; hasta cierto punto es lógico que esas élites se relacionen con los gobiernos para que las normas que se dicten sean lo menos lesivas posibles para sus intereses. El problema es que, cuando esto sucede actualmente, falta un contrapoder que se enfrente a sus interese y que los desenmascare, para que la sociedad valore con total transparencia las alternativas que se les ofrece. El maridaje entre Universidad, empresa y gobierno, en el que unos y otros hacen viajes de ida y vuelta, contribuye al alineamiento de intereses, pero no precisamente con los del conjunto de la ciudadanía. Nunca antes las grandes corporaciones financieras habían tenido tanto dinero (poder) y nunca antes habían tenido tanto éxito a la hora de modificar las leyes y las normas a su conveniencia.
La cuestión es que si el mundo financiero secuestra la democracia, y la democracia no es capaz de enterarse siquiera de lo que sucede en los mercados, éstos dejan de asignar eficientemente, ya que se imposibilita el supuesto de información transparente. Se convierte, en realidad, en un Salvaje Oeste en el que predominan los vendedores de extracto de serpiente y elixires de juventud en los que los incultos campesinos dilapidan sus dólares.
¿Hay solución? Por supuesto, hay que lograr una transformación de las instituciones y de los mercados financieros globales, en los que la información sea de verdad transparente y los comportamientos de los agentes sea controlado para evitar que se vuelvan a producir vuelos hacia el riesgo y el excesivo apalancamiento. Si los bancos de inversion son too big to fall hay que exigirles una compensación por esa circunstancia. Deben permitir un control mayor por parte de la sociedad. Claro, que eso sólo está en manos de los políticos, que responden (teóricamente) a los intereses de los ciudadanos. Pero, ¿es eso cierto?
Habrá que seguir uniendo puntos...

viernes, mayo 17, 2013

El crédito agrario en tiempos de crisis


En la base de la crisis financiera internacional ha estado el aumento descontrolado del crédito, que propició en diversos países el nacimiento y crecimiento de variadas burbujas. En el caso español, la madre de todas ellas fue la del sector de la construcción, principalmente en el ámbito de la de la vivienda residencial. Cuando acabó la fiesta, sin embargo, los efectos de la explosión no se centraron en dicho sector, sino que transmitieron al conjunto de la economía real del país.
El sector privado español (familias y empresas) deben corregir su sobreendeudamiento, o el apalancamiento financiero en el que han incurrido, para que la situación se normalice y puedan volver a crecer desde fundamentos sólidos. Este proceso de desendeudamiento no es sencillo y no está exento de traumas. En el caso de las empresas viene acompañado en muchas ocasiones procesos concursales y cierres con el consiguiente desempleo. Por el lado de las familias, el aumento del paro y las expectativas negativas comprimen el consumo y aumentan la morosidad hipotecaria (su principal capítulo de deuda). Es decir, por esta vía, se comprime la demanda de crédito.
Por otro lado, la desconfianza generalizada entre los agentes del sistema financiero ha provocado un prolongado credit crunch (una paralización del flujo de crédito) en los países periféricos de la Eurozona. Las entidades financieras españolas han visto vetado de facto su acceso a los mercados mayoristas, dificultando su financiación a corto plazo y paralizando el flujo de dinero hacia las actividades productivas. Al mismo tiempo, el aumento de la deuda soberana y los diferenciales de tipos con respecto a la alemana (la prima de riesgo) han contribuido a que una parte de la inversión bancaria termine financiando al Estado (efecto crowding out). Dicho de otro modo, la oferta de crédito también se ha reducido.

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