martes, febrero 23, 2016

El envejecimiento en la vieja Europa

Aprovechando que esta mañana me han explicado unos muy ligeros principios de representación de datos (gracias +Geekia), he querido jugar con unos datos de @EU_Eurostat referidos a la edad media de los habitantes de diversos países. En el gráfico debería notarse que el proceso de aumento de la edad media en los países tan diferentes como Alemania o Turquía ha sido generalizado. Aunque también se puede comprobar que no en todos los países el proceso ha sido homogéneo.
Por ejemplo, en Reino Unido, que partía de una de las edades medias más altas en 1960, el proceso ha sido de apenas 5 años, mientras que en Italia o España la edad media se ha retrasado más de 10 años. Sería interesante ver si los diversos ritmos de envejecimiento se convierten en diferentes tasas de crecimiento económico. A priori, las poblaciones más jóvenes deberían tener una tasa de crecimiento potencial mayor (aunque solo sea por la posibilidad de incorporar más mano de obra a los procesos productivos).

Seguiremos jugando con los datos y con la forma de representarlos...

Fuente: EuroStat

domingo, febrero 21, 2016

Sociedades Comparadas, de Jared Diamond


Nuevamente he vuelto a disfrutar con Diamond (todas las referencia a este autor en el Blog, aquí), después de el para mí menos interesante "El mundo hasta ayer". En esta ocasión se ha tratado de un libro pequeño, muy alejado de los mamotretos a los que este autor nos tenía acostumbrados. En realidad, el libro es el compendio de una serie de conferencias que el profesor estadounidense estuvo dando en Italia. Lo bueno del libro es que la necesidad de concreción que requiere una charla (normalmente limitada en el tiempo) hace que las argumentaciones y explicaciones sean mucho más claras. Así, en los dos primeros capítulos, el autor nos ofrece un excelente resumen de su imprescindible "Armas, gérmenes y acero", en el que incorpora las más recientes contribuciones desde el campo de los institucionalistas al viejo problema del porqué de las diferencias de riqueza entre unos países y otros.
Luego hace una reflexión sobre la situación de China y el futuro que a su entender le espera y con cuyo diagnóstico coincido bastante: otra vez haciendo uso de la teoría de las instituciones de Acemoglu y Robinson.
El libro cae luego en un par de apartados menores (basados en su último tomo) y vuelve a coger fuerza cuando se plantea los problemas del mundo, apartado en el que echa mano de otro de sus grandes éxitos: "Colapso"

En resumen, el libro es un excelente retrato de sus opiniones y un extracto muy claro de sus aportaciones a lo largo de las últimas dos décadas, fundamentalmente de sus tres libros más conocidos. Si nunca has leído nada de él, o si no tienes tiempo ni ganas de grandes "tochos", este libro puede ser el adecuado para ti. Y si tienes un mínimo de curiosidad por estos temas de las diferencias en el desarrollo de los países, entonces, no tienes excusa.

jueves, febrero 18, 2016

El índice Google de corrupción en España en máximos

Hace un tiempo defendí en esta página la posibilidad de usar la herramienta de Google Trends para definir un indicador de la corrupción en España. Se trataría no tanto de un indicador de actividad corrupta (entre otras cosas es casi imposible por la naturaleza secreta de la misma), sino de un índice de ruido en torno a la corrupción, más relacionado con la coincidencia en el tiempo y en el espacio de publicaciones en torno a la corrupción en el país.
Entendido así, el indicador estaría actualmente en máximos, motivado por la coincidencia de noticias en torno a los casos de corrupción en Cataluña, Madrid, Valencia y Andalucía. Quiero creer que no hay ahora más corrupción que hace un año, sino menos, pero el ruido mediático se produce ahora y los efectos sobre la seriedad de España como país "seguro" para las inversiones también se genera en este momento, coincidiendo con un período de especial incertidumbre política.
Ahí va el gráfico:

NOTA:El gráfico se sigue actualizando día tras día, por lo que es posible que cuando leas este post ya no estemos en máximos (o a lo peor, habremos vuelto a ellos).

martes, febrero 16, 2016

El poder transformador de la economía colaborativa (y 2)


Las externalidades
Aparte del evidente ahorro en costes de transacción y de la movilización de muchos más factores productivos, este modelo económico permite aprovechar de forma más eficiente los recursos. Un coche que hace un trayecto con 4 viajeros es más eficiente que uno en el que va una sola persona, pero no solo desde el punto de vista económico, sino también desde el ecológico: la cantidad de energía consumida per cápita es casi un 25 % en el primer caso que en el segundo. Lo mismo sucede cuando optamos por alquilar una habitación “sobrante”, la vertiente de inversión que tiene la compra de toda vivienda obtiene de esta manera una mayor remuneración. Incluso, una plataforma simple de compra-venta de segunda mano está seguramente potenciando la reutilización de objetos, su mayor duración en uso y una menor necesidad de extraer minerales, maderas o recursos energéticos. Desde el punto de vista de los participantes en las plataformas, ofrece una satisfacción de su necesidad a un coste menor para el demandante y para el oferente la oportunidad de encontrar una remuneración por un recurso que en condiciones normales no hubiera tenido oportunidad de obtener o hubiera tenido unos costes asociados que habrían reducido su beneficio.
Evidentemente, como todo en esta vida, la economía colaborativa tiene claroscuros. Desde siempre, la rupturista incorporación de tecnología ha dejado ganadores y perdedores. El telar movido por máquinas de vapor, dejó sin trabajo a mucha gente, pero permitió el abaratamiento de la ropa para todas las clases sociales. En este caso, los perdedores son muy variados, usualmente todos aquellos que habían hecho de su capacidad de intermediación su razón de ser, como era el caso de las agencias de viajes. O también de los que se encontraban en mercados regulados y (en cierta manera) protegidos, como es el caso de los taxis ante la irrupción de Uber. No obstante, en ocasiones la regulación estaba pensada como herramienta de control de la calidad del servicio o como elemento de protección a los usuarios, como por ejemplo el mercado bancario. ¿Hasta qué punto que un particular se dedique a alquilar su coche o su segunda residencia a turistas no es una competencia desleal a los sectores del taxi y de la hostelería?
Derivado en parte de la dificultad de poner barreras y controlar todo lo que sucede a través de la red, otra de las perdedoras puede ser la Hacienda Pública, ya que es más complicado controlar un mercado con un número ajustado de oferentes que otro en el que literalmente cualquiera puede ser un oferente. En este, las oportunidades de ocultar operaciones comerciales al fisco se multiplican de forma exponencial y se dificulta mucho más el control por el aumento del número de sujetos pasivos a analizar.  Incluso, en algunos casos, puede no quedar muy claro si la transacción debe devengar impuestos o no. Parece pues que el ámbito de la economía colaborativa supone un reto para la fiscalidad e, incluso, para una fiel evaluación del PIB de una determinada área geográfica. Piense el lector en esto: si cogemos un taxi para ir a la oficina, estaremos pagando impuestos y generando PIB (hay una empresa registrada oficialmente que paga sus impuestos y que contrata personal y cotiza por él, incluso en el caso de que el taxista sea autónomo); pero si entramos en blablacar.com y encontramos alguien que lleve nuestra misma dirección, podemos concertar con él el viaje, a cambio normalmente de pagar parte de los gastos del coche. Esa operación no tiene en principio carácter comercial, por lo que no supone un pago de IVA, ni requiere que nadie esté dado de alta en la Seguridad Social, ni forma parte del modelo de calculo del PIB. En la medida que cada vez más transacciones se pasen al circuito colaborativo más se ampliarán estos efectos.

El problema de la rentabilidad
En cualquier caso, aparte de las plataformas cuya misión es cambiar el mundo (según un estudio de la OCU y la Universidad Complutense, solo un 10 %), la supervivencia de esta economía depende de la financiación de sus infraestructuras (las plataformas). Aunque el acceso es relativamente barato, el tráfico de datos está tasado y un mayor uso de una plataforma significa la necesidad de pagar por un mayor ancho de banda, por más disco duro y por más servidores. Por tanto, al final, incluso en este mundo en ocasiones tan ideologizado hay que hablar de rentabilidad. Encontrar la forma de convertir el tráfico de usuarios en dinero no es tarea fácil. Aparte de la publicidad, solo la posibilidad de crear servicios premium, puede permitir la generación de ingresos (herramientas de gestión de los inmuebles en las plataformas de alquiler de espacios o servicios de asesoría en las plataformas de crowdfunding). 

makershopbcn.com

El futuro: la producción distribuida con las impresoras 3D
A pesar de las reticencias y de las protestas de los agentes ya establecidos, parece claro que este tipo de economía ha llegado para quedarse. De la misma forma que Internet se incorporó a nuestra vida en la década de los 90 del pasado siglo. Obviamente, evolucionará de la misma forma que evoluciona la propia red o la sociedad.

En este sentido, la combinación de estas plataformas con impresoras de 3D sencillas y de coste accesible podrían alumbrar una nueva revolución: la de fabricación de manufacturas distribuida…

sábado, febrero 13, 2016

El poder transformador de la economía colaborativa (1)

agora-alcorcon.org
Poco a poco se han colado en nuestro vocabulario nuevas palabras, casi siempre préstamos del inglés, que hemos asociado a Internet o al mercado de las apps (esas aplicaciones que se ejecutan en los móviles y que tienen a hacer nuestra vida más fácil). Y sin apenas darnos cuenta, muchas de ellas tienen en común el pertenecer al ámbito de la economía colaborativa. En este terreno podemos incluir todas las iniciativas de consumo, producción o financiación que tienen en común su funcionamiento mediante una plataforma y una filosofía de economía distribuida, basada en que muchos pocos pueden sumar un total muy grande.
De esta forma, pertenecen a su ámbito cuestiones tan supuestamente distantes como el crowdfunding cultural (como Verkami) o compartir habitaciones o apartamentos (la base de Airbnb), espacio en los coches (Uber o  Blablacar), o lo que se le pueda pasar por la cabeza al lector. Aunque lo obvio es que todos estos servicios son posibles gracias a Internet, desde el punto de vista económico, lo realmente interesante es que merced a la tecnología lo que conseguimos es minimizar los costes de transacción y, por tanto, posibilitar la realización de transacciones.

La oferta distribuida
El sistema (ya sea de consumo, producción o financiación) suele funcionar de similar forma. Hay una plataforma, típicamente de libre acceso a través de Internet, que posibilita el contacto entre los que tienen la necesidad y los que están en condiciones de satisfacerla. En este sentido, dicha plataforma puede materializarse en forma de página web, aunque actualmente si se quiere tener éxito hay que estar presente de forma nativa en los dispositivos móviles, tanto teléfonos inteligentes como tabletas (las archifamosas apps).
Otra característica fundamental es que cada plataforma se especializa en un aspecto muy concreto: compraventa de proximidad, cultura, transporte por carretera, alojamiento, etc. Como elemento de difusión y potenciación se valen de las redes sociales y de sus técnicas. Algunas, de hecho, crean una comunidad de usuarios a su alrededor, usuarios que se convierten en difusores de las bondades de la propia plataforma en el supuesto que esta colme sus expectativas.
Expliquémoslo mejor con un ejemplo. Imaginemos que estamos buscando una habitación para visitar Lisboa en un par de semanas. En la economía tradicional, iríamos a una agencia de viajes, la cual nos ofrecería diversas opciones hoteleras y de transporte, comercializadas normalmente a través de tour operadores que agrupan en paquetes las ofertas de transportes, alojamiento y hasta ocio (con excursiones y actividades organizadas en destino). Aunque eso ya lo hace muy poca gente. Lo normal hoy día es entrar en una central de reservas en internet (la más conocida es booking.com). Allí se eliminan intermediarios y se reducen con ello los costes de transacción, y las críticas de los usuarios aportan una capa de información de iguales sobre la calidad del hotel y de sus servicios. Es casi un paso anterior al que definimos.
La opción colaborativa es similar, pero en lugar de entrar en una central de reservas, lo que hacemos es acudir a una plataforma y, en lugar de encontrar una oferta reglada hotelera, lo que nos encontraremos serán habitaciones o apartamentos de particulares, es decir, pasamos de un modelo en el que solo cuenta la oferta reglada tradicional, la de las empresas especializadas en el alojamiento, a otra en la que cualquiera puede ofrecer sus habitaciones sobrantes o apartamentos de alquiler. Un modelo en el que cualquiera se puede convertir en oferente ya que deja de ser necesario el conocimiento de los canales comerciales. Existe también usualmente una formula de evaluación de la oferta, pero también de los demandantes, de forma que tanto una parte como la otra puede obtener algo más de información independiente sobre su contraparte. Es como funcionan wimdu.es o airbnb.com. En principio, los oferentes ponen en la web los calendarios de disponibilidad y las características de su oferta. A través de la plataforma y de sus servicios se puede gestionar y obtener el cobro del alquiler de su activo.
Hemos descrito una plataforma típica de consumo de servicios, pero un procedimiento similar puede desarrollarse en torno a las necesidades de financiación de un proyecto empresarial. Existen plataformas de crowdlending que en esencia funcionan como entidades de financiación, en las que los ahorradores/inversores pueden contribuir con pequeñas aportaciones a sufragar las necesidades de financiación de una empresa. En este caso se suele hacer un análisis previo del riesgo asociado con la operación y se establecen unos tipos de interés en línea con el plazo y riesgo calculados. De esta forma, el banco que actuaba como mediador tradicional desaparece de la ecuación. Nuevamente, la búsqueda de la satisfacción de una necesidad encuentra una vía alternativa a la economía tradicional y vuelve a usar la fórmula de la oferta distribuida; aunque en este caso, el riesgo lo asumen directamente los microprestamistas, y no la entidad intermediaria.

El regreso del trueque
En la misma línea de convertirnos a todos en oferentes y demandantes, muchas de las operaciones de comercio tradicionales (recibir un bien o un servicio a cambio de un precio) se convierten en trueques. ¿Por qué no casar mis necesidades con las de un tercero y eliminar el siempre engorroso dinero de en medio? Así, han surgido plataformas en las que el elemento central es el intercambio. Al alcanzar audiencias muy amplias, es más sencillo encontrar alguien que esté dispuesto a cambiar algo con nosotros: una herramienta por otra, una motocicleta por una coche pequeño, o un juego de maletas por un bono de masajes.
Incluso, en las plataformas más formales de compra-venta, los propios usuarios  ofrecen canjes en los chats habilitados para el intercambio de información. Una alternativa a las monedas sociales para movilizar los recursos de las comunidades.

El don de la ubicuidad

Que Internet sea el medio en el que las diferentes plataformas ofrecen sus servicios tiene una interesante consecuencia para las empresas: no hay restricciones geográficas salvo las que vienen dadas por la capacidad de conexión de los lugares, aunque las diferencias generadas por la geografía, ya sean culturales o de niveles diferentes de acceso, crean a su vez nuevas oportunidades de negocio en el ámbito digital. Así, aunque las economías de aglomeración favorecen la concentración de capital financiero y humano (vitales para esta industria), lo cierto es que se pueden ofrecer servicios de plataforma desde casi cualquier lugar del mundo. Sin ir más lejos, desde Almería se lanzó kirau.com una plataforma especializada en seguridad en la que los usuarios intercambian información sobre robos, estrategias de los cacos o se crean peticiones para pedir una mayor seguridad en el barrio. En el otro extremo de Andalucía, en Sevilla, nace myfixpert.com que pone en contacto a técnicos de reparación de móviles y demás dispositivos electrónicos con los usuarios de los mismos que quieran o puedan pasar por el servicio técnico.

jueves, febrero 04, 2016

Europa como un terrón de azúcar

Hubo un tiempo en el que Europa era percibida como una aspiración, como el final de un camino que nos llevaba desde el aislamiento y la dictadura hasta la modernidad y la libertad. Los españoles, como otros muchos europeos, queríamos ver en la Unión un sueño en el que crecer como ciudadanos y traspasar las fronteras de nuestros propios países.  Sin embargo, aquel sueño está dejando paso a una pesadilla de resaca en la que muchos han dejado de querer estar. Hoy, Europa comienza a ser percibida como una madrastra gruñona que impone restricciones a unos hijos que añoran más libertad. Los británicos, que nunca han terminado de sentirse del todo a gusto, andan renegociando los términos de su pertenencia con el envite de un referéndum para abandonar la Unión. En los países de la ribera sur, Europa se observa como un organismo cruel que exige sacrificios sin cuenta a los ciudadanos de los países deudores, mandando hombres de negro a Atenas o supervisando las decisiones gubernamentales de estos países siempre con la desconfianza como principal herramienta. Y en la antigua Europa del Este avanzan los populismos de derechas (los de izquierda avanzan en el sur)...
Es posible que la idea de Europa que teníamos los españoles en los años 80 ya haya quedado desfasada, o que simplemente nunca se ajustó a la realidad y solo ahora caemos en la cuenta. Lo cierto es que cualquier observados imparcial coincidirá conmigo en que las diversas vías de agua que se han abierto en la nao comunitaria están poniendo en riesgo su viabilidad: la crisis económica y los efectos de un deficiente diseño del euro, la crisis de los refugiados y la incapacidad de las instituciones comunitarias para arrancar compromisos de los Estados miembros, o los intentos de renacionalizar algunas políticas. La idea de Europa se comienza a deshacer como un azucarillo en el café.
Evolución de la confianza de los Españoles en la Comisión Europea. Fuente: Eurobarómetros.

A lo mejor el problema surge de la raíz. Cuando se pudo en pie el edificio de las Comunidades Europeas (el Mercado Común, la CECA y el Euratom), se imaginaron un proceso de integración acumulativa que partiría de la economía y que poco a poco podría ir avanzando. Incluso es posible que muchos de los firmantes del Tratado de Roma solo estuvieran pensando en las ganancias económicas de un área de libre comercio y nada más. La cuestión es que el elemento aglutinador de la amalgama comunitaria fue el interés comercial y, para bien o para mal, esa semilla ha sido la que ha dado lugar a todo el armazón institucional de la Unión y ha generado unas inercias que hoy, 50 años después, siguen siendo poderosas. El fracaso de la Constitución Europea fue posiblemente la primera señal de que algo no funcionaba todo lo bien que pensaban en Bruselas. No todos los europeos deseaban ser igual de europeos. Luego llegaron la brutal crisis económica, el miedo al terrorismo dentro de nuestras fronteras y el aluvión de refugiados. Demasiado para un cuerpo en el que el esqueleto era tan frágil.
Esta Europa va camino al fracaso, o al éxito de convertirse en una simple unión aduanera, en la que los gobiernos nacionales recuperen la soberanía que se había trasladado a las instituciones comunitarias. Y lo peor, es que probablemente los ciudadanos lo consideremos como un mal menor o incluso con alivio.
Es una pena. Nuestro mundo globalizado pone diariamente de relieve los conflictos de escala y gobernanza que se producen. Las normas son nacionales, pero los mercados son globales (casi de forma irremediable desde que las TIC operaron su revolución), y los desajustes que este desfase de escala generan crean espacios opacos que son aprovechados por organizaciones que trascienden las fronteras nacionales y los convierten en poder y dinero. A los ciudadanos nos convendría participar en estructuras de Gobierno que se acercaran a la escala de los mercados, para que la gobernanza de los mismos pudiera ser influida no solo con el juego de la oferta y la demanda, sino también con las herramientas de la democracia y el juego político.
Tal vez sea el momento de ir poniendo en pie una idea de Europa más allá de los mercados y mucho más cerca de los ciudadanos. Una Europa como constructo político antes que económico y con unos objetivos claros de concentración de soberanía a un nivel superior al estatal. A lo mejor así tendríamos más éxito. Aunque, por otro lado, viendo cómo en los propios Estados están surgiendo también fuerzas dispersoras que ponen en jaque procesos de varios siglos –en España, en Reino Unido, en Italia, en Bélgica– tal vez lo único realmente práctico sería volver a un mundo de tribus de no más de 100-150 individuos en las que seguramente los animales sociales que seguimos siendo los humanos fuéramos capaces de encontrar un poco de paz para nuestras mentes inquietas.