El modelo de agricultura de invernadero de Almería a lo largo del tiempo

 La agricultura es un ser vivo, va mutando en las direcciones que la historia, la sociedad y el mercado la impulsan. El modelo Almería también ha estado cambiando desde el mismo momento de su nacimiento, Y, afortunadamente, hoy sigue cambiando. Solo así será posible que dentro de 20 o 30 años sigamos hablando de él. 



Factores que están desde el origen 

No obstante, hay una serie de factores que no se han visto sustancialmente modificados desde el origen y que forman parte de los pilares básicos de este: 
  • El invernadero es el elemento totémico del modelo, es el protagonista del mismo y de los procesos de revolución económica y social que se han sucedido desde los años 60 del pasado siglo. No obstante, el invernadero, como estructura, sí que ha sufrido numerosas modificaciones. El primer diseño estaba basado en los viejos parrales sobre los que se sostenía la industria exportadora uvera de la provincia. De hecho, el invernadero “tipo parral”, que así se llamaba, aprovechaba esa estructura para sujetar el plástico, que se extendía entre dos capas de tejido de alambre para evitar que se lo llevaran los vientos de la zona. Durante muchos años, el invernadero apenas sufrió modificaciones en su estructura, pero a partir de los años 90 comenzaron a surgir infinidad de propuestas para mejorar su eficiencia en términos de producción. El mar de plástico, que antes estaba en calma (por las superficies planas de los invernaderos de entonces), hoy es un mar plagado de olas, representadas por las capillas de las estructuras de “raspa y amagao”. Además, se ha elevado la altura de la cubierta y se ha añadido una gran superficie de ventanas para mejorar la ventilación de los cultivos y la evacuación del exceso de calor. 
    Oleaje del mar de plástico
    Foto: © Encarnación de la Cruz (la muchachica de Cajamar)
     
  • Una estructura de propiedad familiar: esta es otra de las características básicas. La fórmula usada para la colonización promovida por el Instituto Nacional de Colonización en Almería ya prefiguraba una estructura parcelaria basada en la pequeña dimensión. Pero es que la propia naturaleza del trabajo requerido por las primeras explotaciones hacía muy complicada la ampliación de las superficies bajo el control de una misma propiedad, ya que el uso del trabajo familiar era una de las fuentes de la competitividad del propio modelo. Esta especial estructura de propiedad, inicialmente autolimitativa del crecimiento de las explotaciones, posibilitó que los primeros éxitos en términos de renta del modelo se distribuyeran de forma mucho más socialmente distribuida que otros modelos agrícolas alternativos. Hoy perdura este carácter familiar, pero también se ha adaptado a las nuevas condiciones. La tendencia a la baja del valor real de las cotizaciones y el aumento de los costes de explotación está haciendo que la dimensión media de las explotaciones crezca poco a poco.
  • Uso intensivo de los recursos. Ya hemos hablado de uno de ellos al referirnos a la estructura familiar de las explotaciones. El modelo se desarrolló inicialmente sobre zonas poco pobladas (muy al comienzo) y de una pobreza generalizada (Almería tenía en 1955 la renta per cápita más baja del país), lo que implicaba que no había mucha mano de obra disponible ni capital para pagarla, de forma que se usó de manera intensiva el trabajo de los propios integrantes de las familias y se optó por fórmulas de colaboración vecinal (el tornapeón) para cubrir las tareas que requerían más mano de obra de la que la familia era capaz de aportar. Pero también se usaron de forma intensiva el capital y el agua (esta última la vamos a tratar aparte). En un principio ambos recursos eran muy escasos en Almería. La construcción de un invernadero suponía una inversión muy elevada, en ocasiones mayor que la de la propia adquisición de la tierra. Así que el modelo inicialmente se vio enfrentado a la debilidad del sistema financiero de una de las provincias más pobres con unas elevados requerimientos de capital para una actividad tradicionalmente de bajos rendimientos (como era la agricultura). La superación de la falta de capital es una interesante historia que ilustra otra de las características del modelo, ya que esta se logró definitivamente con la creación de la hoy Cajamar Caja Rural. 
Fuente: Renta Nacional y su distribución provincial e INE


  • Agua. La otra gran protagonista, sin duda. El clima del sureste español se caracteriza entre otras cosas por su aridez, de ahí que hasta fechas muy cercanas en el tiempo el único regadío almeriense era el que se realizaba en las vegas de las ramblas y de nuestros escasos ríos. Sin embargo, la posibilidad de acceder a los acuíferos costeros que bebían de las sierras costeras permitió a esta agricultura desarrollarse. Ahora bien, aunque se pudiera acceder a los acuíferos esto era a costa de inversiones en sistemas de extracción, impulsión y canalización que encarecían el agua muy por encima de la media de los regadíos españoles. Esto implicaba dos cosas: un uso muy medido del agua, intentando ahorrar la mayor cantidad posible, y su aplicación a cultivos que permitieran obtener una elevada rentabilidad. La paulatina sobreexplotación de los acuíferos y la necesidad de tener que acudir a fuentes alternativas y más caras como la desalación, ha llevado al modelo a seguir ahondando en este comportamiento ahorrador, incorporando estrategias y métodos de riego especialmente cuidadosos. 
  • Elevada incorporación de conocimiento y tecnología. La presencia de técnicos en el campo ha sido una constante del modelo. Los agricultores, desde muy temprano, confiaron en el asesoramiento de estos profesionales especializados. Hoy, una explotación puede recibir visitas de técnicos de diversa procedencia (de una empresa contratada por el agricultor, de los pertenecientes a la cooperativa o alhóndiga, de la empresa de control biológico, etc). Esta presencia continuada y la confianza de los agricultores ha provocado que las explotaciones almerienses sean muy receptivas a los cambios tecnológicos. Ya se ha hablado de la transformación de las estructuras de los invernaderos, pero también han contribuido a la expansión de los sistemas de riego localizado, las semillas híbridas, el control biológico y la incipiente revolución de los datos que se está viviendo actualmente. La próxima frontera del modelo está relacionada con la digitalización de los procesos relacionados con el manejo de los cultivos. La sensorización, transmisión de la información, interpretación y el apoyo a la toma de decisiones están sobre la mesa. Y el aumento de los costes de mano de obra sobre el conjunto de los gastos de explotación va a empujar a las explotaciones en la dirección de una posible automatizacíón de algunas labores y/o en la del aumento de la superficie media para buscar ahorros de escala en el uso de la mano de obra. 


Suma y sigue

Con el transcurso de los años, al modelo se le han ido sumando factores que hoy ya consideramos integrantes del mismo, y es más que posible que se le sigan adhiriendo características en la medida que siga siendo capaz de sobrevivir. 

La industria y los servicios auxiliares de la agricultura

El crecimiento de la superficie invernada y consecuentemente de la producción del modelo, posibilitó que este alcanzara una dimensión tal que comenzó a crear economías de aglomeración asociadas. Por un lado, la comercialización pasó a organizarse en origen, y con la propia participación de los agricultores a través de las cooperativas –mejorando la aportación de renta del sistema a los productores–, y por otro, muchos proveedores potenciales del modelo comenzaron a ubicarse en el entorno, dando lugar a lo que denominamos el sector de la industria y los servicios auxiliares de la agricultura. La propia evolución de agricultura ha ido generando nuevas demandas acordes con el momento de desarrollo. Inicialmente semilleros, plásticos, tuberías y sistemas de riego, comercializadoras, envases, almacenes de suministros, transportes, recursos financieros. Y, más tarde, se sumaron empresas de reciclaje, asesorías especializadas, software de gestión, sistemas de telecomunicaciones, polinización y control biológico, fitofortificantes y un largo etcétera. 

Entre ellos, es destacable el caso de las semillas. Inicialmente, los costes de mejora convertían al sector en un firme candidato para formar monopolios naturales. La mayoría de las semillas venían de fuera de la provincia y solo había presencia de las casas obtentoras a través de sus distribuidores. Sin embargo, la expansión de los invernaderos pasivos como los almerienses por otras zonas del planeta ha convertido a Almería en el lugar adecuado para desarrollar las semillas destinadas a este tipo de explotaciones, generando un polo especializado en la genética de hortícolas de invernadero. Además, la presencia de numerosos especialistas y el acortamiento y abaratamiento de los procesos de obtención ha permitido el nacimiento de empresas locales especialistas en esta materia. 

Seguridad alimentaria

Hoy la provincia es una de las zonas de producción más seguras del planeta. La demanda de los consumidores y la capacidad de adaptación del modelo ha permitido que este haya ido corrigiendo los problemas, a pesar de las dificultades que conllevan el legran número de explotaciones individuales y su relativa falta de coordinación. En este sentido, las cooperativas han logrado convencer a sus agricultores de los beneficios de esa seguridad. Hoy, la trazabilidad, que en su momento se veía como una amenaza, se ha convertido en una de las principales fortalezas del modelo. 

La sostenibilidad como objetivo

Motivado por las exigencias del mercado, pero también asumida por el sector como una de sus debilidades a combatir, en los últimos años la sostenibilidad se ha convertido en un objetivo declarado del modelo. La reconversión de la producción al control biológico y a la agricultura ecológica facilita mucho las cosas, ya que se elimina el uso de fitosanitarios y reduce los problemas de lixiviación. Pero, además, el sector ha comenzado a llevar a cabo iniciativas en otros campos como la recarga de acuíferos y el cierre de circuitos de materiales y energía. Con toda seguridad, en los próximos años, el modelo se va a volver a poner a prueba en este campo. 




Los retos de futuro son muchos y muy complejos, y en medio de ellos, la rentabilidad de las explotaciones sigue estrechándose cada vez más (sin las explotaciones, el resto del modelo pierde su sentido). Sin embargo, hay un último factor que no se ha enunciado hasta ahora (aunque sí que se ha nombrado) y que está impreso en el ADN de esta agricultura desde el momento de su fundación, y que nos obliga a ser optimistas con respecto a qué pasará: su capacidad de adaptación

Comentarios

  1. Estupendo y la foto preciosa.

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  2. Este modelo de agricultura de invernadero me parece muy interesante. Será muy beneficioso.

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