sábado, octubre 24, 2009

El innovador milagro almeriense

Esto es para un artículo en el que hago de negro institucional. Corto y pego la primera versión sin revisar del mismo, así que estará peor escrito de lo que ya es habitual.

El proceso de base agraria que permitió a la provincia de Almería homologar su desarrollo al del conjunto del país es un claro ejemplo de innovación, adaptación y difusión en un sector que sólo atípicamente se vincula con los conceptos innovación y tecnología.

El sustrato del proceso de desarrollo la debemos buscar, como en todo proceso de base biológica, en las condiciones medioamientales. La agricultura protegida se inició en una meseta litoral denominada Campo de Dalías, encajonada por las estribaciones de la Sierra de Gádor (Ver Mapa 1) y batida por vientos que mayoritariamente soplan en el eje Este-Oeste. Con unas condiciones de temperatura y luminosidad adecuadas, los único frenos los suponían la aridez y la pobreza de los suelos.


Ver mapa más grande

MAPA 1. Situación del Campo de Dalías

Este primer nudo gordiano fue resuelto con una doble vía y merced a la acción del sector público a través del extinto Instituto Nacional de Colonización (INC). El INC contribuyó al desarrollo embrionario del fenómeno con su política de parcelación y ocupación del territorio, así como poniendo los medios para los sondeos de agua, que permitieron aflorar el recurso almacenado en el Sistema Acuífero del Campo de Dalías. Una vez resuelto el problema del agua, la pobreza de los suelos se solventó con la introducción del enarenado, que aportaba fertilidad al suelo al tiempo que lograba aumentar la productividad y precocidad de los cultivos hortícolas.

Luego vino el plástico, y lo hizo aprovechando las estructuras preexistentes que los agricultores realizaban para los parrales (de hecho, este primer invernadero se denominó “tipo parral” o “tipo Almería”). Proteger los cultivos con esta cubierta mejoraba las condiciones de temperatura en la que se desarrollaban las plantas, evitando las heladas nocturnas puntuales, al tiempo que se volvía a lograr una mayor producción y más homogénea en calidad, así como un nuevo adelanto en los calendarios de producción.

En este estado inicial del proceso podemos ver ya algunas de las directrices que van a guiar todo su desarrollo hasta el momento presente. Volviendo a la fig. 1, podemos ver cómo entre los elementos internos, los relacionados con el capital humano se ven favorecidos por una población curtida, acostumbrada al trabajo duro y con apenas otra alternativa que la emigración –aquí están la experiencia y la motivación– . Pero, desde el mismo momento fundacional, se produce una presencia de técnicos cualificados (los peritos agrícolas), que son los que aportan el conocimiento de la técnica y favorecen la difusión del conocimiento entre los agricultores –aquí aparece el nivel de estudios–. La suma de ambos conjuntos de sujetos, interoperando de forma simbiótica provoca un caldo de cultivo humano idóneo para el surgimiento y difusión de la innovación.

Fig. 1. Esquema de factores que favorecen la innovación. Basado en González-Pernía, J.L, Peña-Legazkue, I.



Desde el punto de vista organizacional, el esfuerzo en trabajo y recursos económicos, así como las condiciones de partida de las familias colonas, provocaron la existencia de muchas pequeñas explotaciones (en torno a 1 ha.), dando lugar a un sector muy competitivo (en el doble sentido de la competencia interna y externa), con claras expectativas de crecimiento vinculadas a la apertura de los mercados nacionales e internacionales, y a los avances en calendario y producción.

Los factores externos que hasta ese momento influyeron de manera positiva en el desarrollo del sector podríamos resumirlos en dos, por un lado el impulso inicial y positivo del INC, por otro, los efectos de la apertura económica española y la firma del Acuerdo Preferencial con el entonces Mercado Común. Las necesidades de divisas de la economía española y la competitividad natural de sus producciones agrarias hicieron el resto, dibujando una ventana de acceso a los mercados más ricos del continente durante los meses en los que éstos no tenían producción propia.

Durante la fase de expansión del sistema, que puede considerarse abarca desde mediados de los 70 a finales de los 90 (Instituto de Estudios Cajamar, 2004), las innovaciones relacionadas con el adelanto de las cosechas, con la mejora de la productividad y el ahorro de agua (Gráfico 1) son las protagonistas. Las condiciones ambientales no habían cambiado y el crecimiento de la producción se obtenía a partes iguales por la vía de las ganancias en los rendimientos y por el aumento de la superficie. Sin embargo, el sistema productivo había alcanzado ya una masa crítica mínima que permitió el nacimiento a su alrededor de todo un distrito agroindustrial (Aznar y Ferraro, 2008), generando unos círculos de flujo de información más amplios y con más interrelaciones con otros sectores y con el entramado social del propio territorio. En esta etapa la innovación no sólo nace en la propia agricultura, sino también en todo el entramado adyacente. Por ejemplo, la entonces Caja Rural de Almería posibilitó el acceso más fluido y sencillo a los agricultores, mejorando la eficiencia del sistema en su conjunto y contribuyendo a la selección de los proyectos agrarios e industriales viables. Otro ejemplo de las ventajas competitivas vía innovación que se produjo en aquella fase está en la incorporación de los agricultores al proceso de comercialización de sus productos a través de las cooperativas. Incluso, desde el punto de vista institucional se innovó, con la creación de Coexphal, una organización que actuó como lobby ante las distintas administraciones para el sector agrícola exportador.




Gráfico 1. Rendimientos hortofrutícolas e incorporaciones tecnológicas


Desde finales de los 80 se incorporó una nueva generación de agricultores, lo que redujo la edad media de los mismos. Esta nueva generación tenía una mejor capacitación, lo que obviamente influyó en un reforzamiento de los factores internos impulsores de la innovación. Desde 1993, con la entrada en vigor del Acta Única, Europa abría sus puertas sin restricciones a las producciones almerienses, produciéndose una rápida expansión de las producciones y una mayor vinculación con los mercados internacionales, que hoy absorben en torno al 56% de la producción local (Instituto de Estudios de la Fundación Cajamar, 2008). De esta fase datan las mejoras en la estructura de invernadero, con la sustitución progresiva del invernadero tipo parral, la introducción de las variedades larga vida del tomate, las estructuras prefabricadas o la polinización.

Sin embargo, desde finales de los 90 los ritmos de crecimiento se han ralentizado, indicando que el sector ha entrado en una fase de madurez, que está marcado por la creciente globalización del mercado –más competencia– y por el peso creciente de la Gran Distribución en la cadena agroalimentaria.
El sector estaría, desde el punto de vista de la figura 1 en una fase de explotación, una vez superada la fase exploratoria. En principio, este clima puede lastrar ulteriores desarrollos del sector. Sin embargo, lejos de eso, se ha continuado el proceso incremental de innovación: se ha introducido el control climático en los invernaderos y se ha adoptado masivamente la lucha integrada en el proceso productivo; se están ensayando nuevas formas de relación con los intermediarios y grandes superficies en la comercialización; se comienzan a vislumbrar movimientos de concentración en la hasta ahora muy dispersa oferta cooperativa; se ensayan nuevas combinaciones de logística de transporte y, en el terreno institucional, se crea una nueva herramienta (la interprofesional HortyFruta) para la gestión de los mercados.

Los retos actuales son, con toda probabilidad, muy difíciles de superar, pero a diferencia de lo que sucedía en los momentos iniciales, ahora hay una disponibilidad de capital que antes no existía y en el ámbito territorial cercano se ha creado una cultura innovadora relacionada con la agricultura que es, por si sola, garantía de éxito de cara al futuro.

domingo, octubre 18, 2009

¿Que será, será?

Hoy os dejo la presentación que realicé para una Jornada sobre despoblamiento del interior, organizada por el Instituto de Estudios Almerienses. Y una novedad, también adjunto las notas:


1.
En primer lugar quiero agradecer al Instituto de Estudios Almerienses la invitación a esta Jornada. Este agradecimiento es doble, por un lado el tema es apasionante y por otro, me hacen el inmenso placer de proponerme participar en una terna con Andrés Sánchez Picón y Rodolfo Caparrós. Espero hacer honor al resto del cartel y no defraudarles demasiado.
2.
La charla estará dividida en 4 apartados, comenzando por la constatación de algo que todos sabemos, pero que se nos olvida cuando centramos el foco en un problema concreto: esto es, que el mundo está cambiando y que algunos de esos cambios globales tienen mucho que ver con lo que estamos aquí debatiendo. En la segunda parte abordaremos precisamente las repercusiones en Almería de las tendencias de fondo. A continuación intentaremos diagnosticar la situación de lo que he denominado el Interior en peligro, para finalmente proponer algunas reflexiones sobre la situación.
3.
Mal que nos pese, desde el final de la Segunda Guerra Mundial, el mundo se ha ido estrechando merced a una fuerza que hemos denominado globalización. A diferencia de las anteriores oleadas globalizantes, en esta ocasión no sólo estamos acortando las distancias y abaratando el transporte, ni siquiera estamos innovando en el desplazamiento masivo de personas; en la nueva globalización la clave diferenciadora es que estamos transportando información casi en tiempo real. La herramienta que nos lo ha permitido ha sido la revolución de las TIC. Así, en el nuevo mundo que estamos alumbrando la disponibilidad de materias primas se ha vuelto irrelevante (a no ser que estemos hablando de elementos estratégicos como el petróleo), lo que ha provocado una enorme redistribución de la producción mundial, primando los grandes centros de consumo y de transformación, en los que se producen las economías de escala y aglomeración abaratadoras de coste.
Esta globalización tiene repercusiones demográficas, destacando algunas tendencias de fondo:
1. Pérdida de peso del mundo rural frente al urbano
2. Proceso de envejecimiento en el primer mundo y una situación de explosión demográfica en un tercer mundo que aún no ha finalizado su transición demográfica.
4.
Este gráfico es una constatación de la primera de las tendencias. Las previsiones de la ONU señalaban que en algún momento entre 1995 y 2015, habría más seres humanos en las ciudades que en los pueblos del ámbito rural. Lo cierto es que ese umbral lo traspasamos ya en 2007.
5.
Lógicamente, el proceso no es homogéneo. En el primer mundo la población urbana ya sobrepasa el 70%, mientras que en Asia y África, los porcentajes apenas llegan al 40%. El avance del mundo urbano tiene enormes repercusiones sobre el entorno rural, no sólo desde el punto de vista del vaciamiento del mismo, sino también en nuevos requerimientos alimentarios que provienen de las ciudades. El caso paradigmático es el de China, en el que los consumidores están virando sus hábitos alimenticios hacia los cánones occidentales, lo que significa más trigo y más carne de vacuno.
6.
En España, como en el conjunto de Europa, las ciudades engloban a la mayor parte de la ciudadanía: un 66% habita en ciudades de más de 10.000 habitantes, pero hasta un 18% más se encuentra en ámbitos intermedios.
7.
Otra de las tendencias de las que participamos en nuestro país es del aumento del envejecimiento. En este gráfico se pueden ver las tasas de población senil (más de 65 años) e infantil (16 y menos años) entre 1981 y 2008. Como se ve, a pesar de haber vivido un proceso de inmigración sin precedentes en nuestra historia y que nos ha situado en 46 millones de habitantes en un tiempo impensable, el envejecimiento ha seguido creciendo y supera ya el 17%, al tiempo que la población infantil disminuye.
8.
Como ya se ha comentado antes, Almería no es una excepción y en nuestro territorio asistimos a comportamientos demográficos similares a los de nuestro entorno europeo, aunque en nuestro caso el envejecimiento si que se ha logrado reducir merced a la inmigración. Pero, además, se ha producido un cambio primordial, ya que tanto la población como la renta se han concentrado en la estrecha franja litoral.
9.
En concreto, el índice de urbanización almeriense es superior al nacional y alcanza el 75%.
10.
En este otro gráfico podemos contemplar la evolución de la población litoral e interior de la provincia desde 1900. Resulta evidente la pérdida de peso del interior frente al empuje irrefrenable de la costa.
11.
En este otro podemos observar cómo los pueblos del litoral son los que presentan un mayor pulso económico (medido en relación a su capacidad para crear empresas nuevas)
12.
Pasemos ahora a hablar de los municipios que nos han traído aquí, aquellos de la provincia que tienen menos de 200 habitantes y que vienen sufriendo una prolongada sangría demográfica. Estos pueblos presentan un pulso demográfico débil, incluso peor que el conjunto del interior provincial. También presentan un mayor envejecimiento relativo (recordemos que en el conjunto de la provincia se ha mejorado).
Por otra parte, el proceso no es nuevo y podemos decir que se lleva produciendo desde hace ya 7 décadas.
13.
Como decía el proceso es largo. En este gráfico se puede ver la evolución de la población provincial, así como del interior y de los pueblos en riesgo. Nótese que en los dos últimos tramos, en el interior se logra revertir el proceso, mientras que en los pueblos en riesgo sólo se logra un cierto estancamiento del número de habitantes.
14.
Visto con un poco de mayor detenimiento, podemos comprobar que, en realidad, en los últimos 8 años, se ha cambiado la tendencia en el conjunto de los municipios en riesgo. El gráfico representa para cada período de años la tasa de variación anual acumulada de la población. Aparte de la variación en la tendencia, se puede comprobar también el intenso drenaje sufrido en 8 de las décadas del siglo pasado, particularmente en el período 1981-1991.
15.
Lógicamente, el tan dispar pulso demográfico y económico tiene su reflejo directo en las diferencias de renta. Concretamente, la renta declarada per cápita en el interior en riesgo es tan sólo el 48% de la del conjunto provincial.
16.
También es mucho más intenso en ellos el proceso de envejecimiento. Casi un tercio de la población tiene ya más de 65 años, por lo que las probabilidades de impulsar la actividad o de dinamizar la sociedad son poco elevadas.
17.
Sin embargo, nuevamente hay que hacer una consideración en este diagnóstico. La situación no es homogénea. En nuestro interior en riesgo hay aún un rayo de esperanza.
18.
En este gráfico se ha representado el porcentaje que supone la población de 2008 con la que había en el año 1900. Obviamente, en ninguno de los pueblos se ha superado aquella cifra, pero el arco de variación abarca desde el 75% hasta poco más del 15% (la línea marca la media del conjunto).
19.
A esto, hay que sumarle un rayo de esperanza. Si descomponemos el saldo demográfico de los últimos diez años entre españoles, europeos de la UE y extracomunitarios, podemos ver que, si bien el drenaje continúa entre los almerienses de origen, los inmigrantes han logrado dar la vuelta a la tortilla, principalmente inmigrantes de la UE que suelen ser lo que se ha denominado turistas residenciales, lo que supone un amplio abanico de oportunidades para estos pueblos.
20.
Sin embargo, el reto es muy complicado. El despoblamiento es el disparador de un círculo vicioso que produce emigración, envejecimiento y, finalmente, más despoblación
21.
Finalmente, hagamos una serie de reflexiones que nos sirvan para lanzar el debate que vendrá a continuación. En primer lugar queda claro que renta y población están altamente relacionadas. También es evidente la contribución de los equipamientos públicos y las infraestructuras al desarrollo de los municipios. Pero lo importante es, sobre todo, la disminución de las diferencias entre los municipios en riesgo y su entorno inmediato. Las diferencias se amplían en una provincia como la de Almería en la que la costa tiene un impulso tan arrollador.
La disponibilidad de materias primas se ha vuelto, en cierto modo, irrelevante, siendo ahora lo importante los costes, el mercado y, sobre todo, la incursión en las redes de información.
22.
– la sociedad se urbaniza, pero también valora enormemente el ámbito rural, no sólo por cuestiones de identidad, sino también por razones ambientales y hasta estéticas.
– La información y el conocimiento no necesitan un lugar concreto, pero también es cierto que sus poseedores demandan bienes culturales y unos equipamientos públicos de alto nivel.
– Al reducirse los costes de transporte, el tiempo ha pasado a ser mucho más importante que el espacio. Lo que significa que la combinación de infraestructuras de transporte físicas y lógicas deben mejorarse y aprovecharse.
– Finalmente y, aunque sea una obviedad, el mundo seguirá necesitando bienes ambientales (cada día más conocidos y valorados) y alimentos.
23.
En este orden de cosas, no hay que olvidar dos detalles:
1. No parece que las conexiones a las redes lógicas sea una prioridad para los ciudadanos de la zona, y
24.
2. La pirámide de población y el tiempo corren en contra nuestra
25.
Y, para no dejarles con un mal sabor de boca, les traslado un pensamiento del que fuera general y presidente de los Estados Unidos:
“El mundo pertenece a los optimistas, los pesimistas son meros espectadores”

viernes, octubre 09, 2009

Innovación para salir de la crisis

Este es un encargo del Diario Ideal, para un especial sobre innovación. Aunque no estoy de acuerdo con el abuso (se ha convertido para los políticos en algo tan vacio como el desarrollo sostenible), sí que pienso que es una parte importante de la solución de este país. Espero que os interese:


Partamos de un par de conceptos básicos. Tal y cómo se define una recesión, ésta es la sucesión de más de 2 trimestres consecutivos con decrecimientos del PIB (ya llevamos 4). El PIB, tal y cómo se calcula actualmente, se contempla desde el lado de la oferta como la suma de los valores añadidos de los distintos sectores económicos. Para que el PIB crezca, en consecuencia, podemos plantear dos modelos extremos: uno sería el crecimiento de la producción por la vía de la movilización de más recursos; otro, la mejora del rendimiento de los recursos ya utilizados.
La primera vía es la que ha estado utilizando España en los últimos años. A través de la movilización de ingentes cantidades de mano de obra se había logrado hacer crecer el PIB. La razón última de este modelo de desarrollo estaba en la existencia de una prolongada burbuja en los precios de los inmuebles, que impulsó la hipertrofia del sector de la construcción y de todos sus servicios e industrias auxiliares. La construcción no se caracteriza por ser un sector en el que se consigan grandes ganancias de productividad, pero esa realidad se ocultaba por la marea de los precios crecientes y sus implicaciones en términos de valor añadido y generación de empleo.
Pero, al retirarse bruscamente esa marea, nos vemos de pronto con la necesidad de un fuerte ajuste. Un ajuste mucho más dramático de lo normal porque, aparte de las repercusiones sobre los valores de los bienes, se acompaña de un recorte dramático del empleo, consecuencia lógica de la ya comentada baja productividad de nuestro sector estrella.
Es evidente que durante los años de bonanza se han logrado unos importantes hitos en términos de bienestar y que no todo se perderá. Sin embargo, hemos aprendido del riesgo que conlleva crecer sólo a base de movilizar recursos. Ahora tenemos la clara conciencia –hasta que una nueva burbuja nos ciegue de nuevo– de que además necesitamos mejorar la productividad, puesto que esa es la vía para lograr ganancias de competitividad para nuestras empresas y para nuestra economía. Y, desde hace mucho tiempo, tenemos claro cual es el mecanismo que lo posibilita: la innovación.
Aún siendo conscientes de que el término se está desvirtuando, al haberse convertido en una muletilla del argot político, no podemos dejar de reconocer que es la mejor solución, sino la única, que se le plantea a la economía española para salir de la parálisis en la que se encuentra.
A la hora de trasladar ese nuevo modelo de crecimiento basado en la innovación no nos queda más remedio que reconocer que es en el ámbito de las empresas en el que ésta encuentra el terreno abonado para su aparición. Una innovación, desde el punto de vista empresarial, no es más que cualquier cambio realizado en la empresa (procesos, productos, mercados, …) que genera valor para la organización. Las vías para alcanzarla son diversas y van desde la casualidad hasta la inversión planificada en I+D. La primera es poco deseable, ya que el azar no puede ser el motor de ningún proceso con visos de continuidad en el tiempo. Las empresas españolas deben imbuirse en la cultura de la innovación, desde las muy pequeñas hasta las muy grandes, esforzándose siempre por encontrar espacios de mejora en sus procesos, productos y mercados. Asimismo, aquellas que se lo puedan permitir deben realizar procesos de I+D encaminados a la búsqueda de ventajas competitivas perdurables y significativas. Desgraciadamente, el tejido empresarial español no está aportando al I+D nacional en la medida que lo hacen los países más avanzados, quedando la mayor parte del peso de la investigación del lado del sector público. Probablemente se trate de un problema de filosofía, pero también de incentivos, los cuales deben ser definidos por la Administración.
Por otro lado, la opción de la productividad tiene el inconveniente de que no genera mucho empleo a corto plazo, pero el que genera es mucho más sostenible en el tiempo. Asimismo, la alternativa del I+D y la innovación implica una apuesta por la calidad del capital humano y por la creación de una sociedad innovadora, lo cual no se consigue de pronto, sino que es el resultado de procesos educativos, formativos y sociales de largo plazo.
En resumen, ni será corto, ni será fácil, pero si España quiere labrar su futuro debe hacerlo mirando hacia el medio y largo plazo, con imaginación y con una actitud hacia la novedad mucho más abierta que la que ha demostrado hasta el momento.