Freakonomics, de Levitt y Dubner

¿Qué tienen en común un maestro de escuela y un luchador de sumo? Este es el sugerente título del primer capítulo. Y, sí, los demás tienen títulos igual de sugerentes. Es éste un libro de economía que no lo parece. Fruto de la colaboración de uno de los economistas más atípicos de los últimos tiempos (en la línea de Becker, a quien considera su maestro) y un periodista aficionado a la economía, este volumen nos propone multitud de preguntas extrañas (de ahí lo de freak), esas a las que casi nunca un economista serio les dedicaría atención. Pero Levitt, en algún momento de su historia académica decidió que tal vez, usando las técnicas de la economía, podría encontrarles respuestas. Claro que lo único que necesitaba era contar con los datos adecuados para poder aplicar sus técnicas. Cosa que no siempre resulta sencilla.
La edición que tengo es una traducción de la edición estadounidense de 2006, revisada y aumentada de la primera edición de 2003. Esto significa que los autores tuvieron tiempo de corregir algunos errores (concretamente en el capítulo 2) y añadir algunos post del blog que mantienen en la web del New York Times. En ellos se transluce la preocupación de los autores por descubrir cual es el hilo conductor de la obra. Aunque finalmente parecen sentirse satisfechos al concluir que no lo hay, y que está bien que no lo haya. Sin embargo, a mi me parece que si que existen al menos un par de hilos conductores: el primero es la búsqueda de las motivaciones humanas más profundas, de los incentivos que se ocultan en las acciones de los humanos en su vida diaria; el segundo es mucho más interesante, la búsqueda de preguntas que sean lo suficientemente complicadas y sugerentes como para buscarles respuestas.
A lo largo del libro, los autores nos demuestran que en muchas ocasiones, las respuesta están mucho más cerca de lo que parece, tan sólo hay que tener la suficiente imaginación (aquí hay otro hilo conductor) para lograr que los datos nos cuenten lo que queremos saber.
Un ejemplo. para saber si el dinero es en realidad el que gana elecciones, Levitt ideó la forma de aislar el efecto dinero, del efecto candidato, y encontró que la premisa no es cierta, y que antes que el dinero debe haber un buen candidato.
Así que si te gusta la economía, o sólo si te gusta hacerte preguntas, este es un libro que no deberías perderte...

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