domingo, marzo 21, 2010

La soledad de los números primos, de Paolo Giordano

Lo confieso, lo compré porque me gustó el título. Y me lo leí del tirón, entre el sábado y el domingo. La historia es la de un amor imposible, la de dos líneas que se acercan hasta casi tocarse y se vuelven a separar.
Dos niños que arrastran sendos pasados traumáticos se van haciendo mayores escondiendo sus secretos, incluso entre ellos; aunque, como números primos correlativos, se reconocen extraños al resto y, en cierto modo, iguales entre sí. Él tiene una mente privilegiada para las matemáticas y se desenvuelve mejor con los números que con las personas. Ella, con un serio trastorno alimentario, y obsesionada con ser querida, odia ser distinta, pero es incapaz de ser normal. Ambos se conocen desde la infancia y se saben similares, pero el destino se empeña en meter cuñas entre ellos, como el número par que separa a los primos gemelos.
La manera de narrarlo, con saltos en el tiempo y en el espacio, con personajes que se entrecruzan y que los ven golpearse contra las paredes que ellos mismos han construido para evadirse del mundo, te mantiene aferrado al fino hilo de la historia.
Los ves endurecerse, convertirse en adultos y seguir tropezando una y otra vez contra la barrera de silencio que se han construido. Y te apetece romperla, hacerles ver que se equivocan, que el mundo es un sitio mucho mejor de lo que se imaginan.
El narrador es preciosista, se luce en los estados de ánimo de los personajes, en sus sensaciones y te hace partícipe de ellas, de una forma cercana y tierna. Un verdadero descubrimiento.
Calificación; 9 sobre 10.

Pura anarquía, de Woody Allen

Woody Allen en estado puro: una colección de narraciones breves, entre el surrealismo y el absurdo, la mayoría de ellas muy aburridas. Pero también muy Allenianas, y ese es el problema. De la misma manera que todas las películas de Woody Allen se parecen entre sí, estos relatos se parecen unos a otros y a las comedias del director.
Algunos son realmente simpáticos, pero al tercero ya le coges el truco y sabes cómo va a terminar a los pocos párrafos. De esta forma, la anarquía termina por no ser tal, ya que es fácil encontrar el orden en este supuesto desorden.
Como lectura veraniega o para una convalecencia corta no está mal, te arranca la sonrisa de vez en cuando. En mi caso que estamos de obras en la casa me ha gustado especialmente "El sol no sale para todos", en el que un apocado protagonista ve su vida arruinada por una mala inversión inmobiliaria (¡Espera! Como en "Esta casa es una ruina".
En fin, relativamente divertido, pero tampoco nada del otro mundo. Si eres fan de Allen, te encantará. Si eres, simplemente, un aficionado a la lectura, entonces te pasará como a mí.
Calificación: No más de 7 sobre 10.

domingo, marzo 07, 2010

El Crash de 1929, de J.K. Galbraith


Poco a poco voy cumpliendo mi proyecto de leer todo lo del maestro Galbraith. Y le denomino maestro porque es capaz de enseñar a los demás a través de sus páginas. Este libro vio la luz en 1955, y en la versión que yo he podido leer (de 1997) viene una presentación muy simpática, en la que explica por qué el libro ha ido sufriendo reedición tras reedición desde la primera. Y es muy sencillo, la clave está es que siempre que estaban a punto de descatalogarlo, ocurría una crisis en algún mercado que volvía a ponerlo de actualidad. Como ahora.
En esta ocasión, se trata de contarnos paso a paso cómo se fraguó el Crack del 29, como se desencadenó y cuales fueron algunas de sus consecuencias. El libro, por lo tanto, es un relato lineal que comienza en 1927, con el discurso del entonces presidente de EEUU sobre el estado de la Unión. Luego, nos cuenta la evolución de las cotizaciones, presentándonos a algunos de los protagonistas del momento, y también algunas de las "innovaciones financieras" de la época que permitieron el ascenso de los precios: compras a crédito con fianza, compañías trust (de efecto "palanca"), etc.
A lo largo de estas páginas Galbraith desgrana las claves de aquella locura y, lo que es más interesante, nos ilumina sobre las razones por las cuales aquella no fue la primera vez, ni sería la última. Sin embargo, no es el mejor Galbraith. Le falta en ocasiones la claridad y la fluidez en el discurso de otras ocasiones. Podría deberse, tal vez, a la traducción, pero, en cualquier caso, resulta extraño. Así que, si he de recomendar una lectura del maestro sobre las burbujas, sigo pensando, como hasta ahora, que la mejor opción es Breve Historia de la Euforia Financiera.
Mi calificación: 8 sobre 10.

sábado, marzo 06, 2010

Roma y los bárbaros. Una historia alternativa.

Terry Jones y Alan Ereira parten de un interesante contrafactual: ¿cómo hubiera sido Europa si Roma no hubiera existido? Para ello, el ex-Monty Piton y su colega se dedican a investigar en la historia de los bárbaros: aquellos que no eran romanos y que, casi por conmiseración, debían ser conquistados para disfrutar de los bienes de la civilización y el derecho.
A lo largo de los diferentes capítulos, los autores nos descubren (porque al menos para mi, mucho de lo que cuentan son verdaderos descubrimientos) una cara nueva de aquellos terribles bárbaros. Así, conocemos que los celtas tenían un elevado desarrollo de las matemáticas, habían inventado una cosechadora y construían calzadas. Pero también los persas y los griegos tenían avanzados conocimientos. Particularmente, los helenos, tenían máquinas de vapor y los babilonios fabricaban pilas (posiblemente para engañar a los romanos con piezas bañadas en oro).
Asimismo, al mirar a Roma desde el punto de vista de los bárbaros, descubrimos un pueblo belicoso, amante de la sangre que ciertamente posee un código legal, pero que en su afán por romanizar a los vencidos detuvo en muchas ocasiones el desarrollo de la tecnología y obsesionado por alejar lo más posible las fronteras de su ciudad natal.
Roma y los bárbaros, mantiene una tesis plausible y atractiva: los bárbaros no eran tan bárbaros como los pintaban los romanos y, en realidad, fueron ellos los que mantuvieron en pié durante siglos un imperio ya moribundo y al que el cristianismo católico dio la puntilla. Roma acabó convirtiéndose en una mezcla de pueblos que finalmente se repartieron los despojos del imperio de Occidente dando lugar a los estados medievales y a muchas de las naciones que hoy se transfiguran en el mapa de Europa.
Mi calificación: 8,5 sobre 10