domingo, enero 23, 2011

Productividad, competitividad y paro

Había una vez un país muy pobre, al menos más pobre que la mayoría de los que había a su alrededor. Con el tiempo, ese país se fue abriendo al exterior y a las novedades y, poco a poco, se fue haciendo tan rico como los demás. Sin embargo, en un momento dado, sus ciudadanos se volvieron un poco más locos que el resto del mundo. Creyeron que podrían lograr reducir la sempiterna lacra del paro a base de alicatar la mayor parte de su territorio.
La cosa es que durante un tiempo demasiado largo, esa locura pareció posible y este país, que había sido un emisor de emigrantes durante gran parte del siglo XX, se convirtió, de la noche a la mañana, en uno de los de mayor presencia de extranjeros en su territorio. Gracias a esos extranjeros, el PIB y la recaudación de la Seguridad Social crecían y el paro llegó a estar por debajo de la del vecino más poderoso de todos. La realidad era tan buena que parecía un sueño.
Pero lo malo de los sueños es que, tarde o temprano, terminan. Y muchas veces de forma abrupta. De pronto, alguien descubrió que el rey iba desnudo y que el sistema financiero internacional se había estado dando un festín de basura disfrazada de activos estructurados. La digestión de ese gran atracón de porquería seria duro, pero también conllevaría una mayor desconfianza sobre cualquier otro activo y el desecamiento de los mercados de capitales durante una larga temporada. Y ahí estaba ese país que se pensaba rico, emitiendo sus cédulas hipotecarias para financiar su propia burbuja de ladrillos. Y, como su ahorro nacional no daba abasto, había recurrido masivamente a esos mismos mercados que ahora estaban vacíos. Y aquello que nadie deseaba que pasará sucedió: el baile terminó porque el tocadiscos se quedó sin luz, pillando a la gran mayoría dando vueltas sin control. Ya nadie compraba casas, nadie daba crédito para comprarlas y los precios comenzaron a bajar, devaluando las garantías hipotecarias y golpeando la solvencia de toda la economía.
Muchos en ese país tan raro comenzaron a pensar que el cielo se había caído sobre ellos, o que algo peor que todas las plagas bíblicas estaba pasando. En apenas un par de años, la otrora orgullosa tasa de paro se duplicó y se destruyeron millón y medio de puestos de trabajo. Todo eran ahora problemas: que si falta de ahorro, que si falta de crédito, que si falta de competitividad...
Sin embargo, algo bullía por debajo de todas esas capas de malas noticias y pesimismo. Para comenzar, dado que el mayor impacto de la crisis se lo había llevado el sector de la construcción, caracterizado por una grades necesidades de mano de obra y una relativa baja productividad de la misma, fue también el primero en comenzar a expulsar activos. De esta forma, la economía de aquel país comenzó a desandar el camino recorrido en los años previos, en los que la productividad de los trabajadores cayó paulatinamente –si, cuando todos pensaban que el futuro era seguir construyendo–. De pronto, en apenas 1 año aquel país del que nadie decía nada positivo recuperó sus niveles de productividad a costa, eso sí, de dejar en la cuneta a un número increíble de trabajadores.

Evolución de la productividad por empleo. UE27=100
El crédito seguía sin llegar o, cuando lo hacía, era más caro. La gente pensaba que el país no tenía solución y sus políticos se afanaban en organizar estrategias para las elecciones generales que se acercaban. Su antes optimista (y poco realista) presidente, ahora se inmolaba por la patria y su partido, cediendo a las exigencias de unos mercados con los que no se sentía cómodo, pero de los que no podía prescindir. La oposición simplemente se dejaba llevar: la gran ola de la crisis tumbaría al gobierno sin producirles a ellos ningún desgaste. O sea, el cocktail perfecto para que no sucediera nada bueno.

Pero la cosa es que, a pesar del aumento del paro, de la deflación de los activos inmobilarios y de las garantías hipotecarias; a pesar también de la escasez de crédito, millones de personas seguían levantándose cada día, yendo a trabajar y esforzándose por seguir saliendo adelante. Será porque es cierto que la necesidad agudiza el ingenio, será porque, en el fondo, aún había gente que confiaba en salir de la crisis. Ese cuento ya lo contará alguien dentro de unos años. Lo cierto es que esa economía, que había sufrido un ajuste tan brutal en el empleo, logró salir de la recesión y, poco a poco, fue corrigiendo algunos de sus desajustes. Aquel país en el que ya nadie confiaba, se encontró de pronto con menor deuda que algunos de sus grandes vecinos, con menos déficit y, mira tú por dónde, con mayor productividad que ellos y que alguno de los países considerados más productivos del mundo.

Datos de Eurostat
Evidentemente, esto no garantizaba la salida de la crisis. Habría que poner algunas otras virtudes en juego. Pero visto en perspectiva no dejaba de ser un buen pilar sobre el que seguir edificando ese país de este cuento. Tampoco habría que olvidar a los millones de parados que habían quedado en el camino y los cuales tendrían grandes dificultades en encontrar un nuevo empleo, dado que no era probable que se volviera a sustentar el crecimiento en un sector de baja productividad. Ese sería, por encima de cualquier otro, el gran reto de futuro del país.
Lo que hoy puede parecer negro e imposible, mañana puede verse desde otra perspectiva, sobre todo si se mira desde un PIB de nuevo creciente...

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.

ACTUALIZACIÓN: Alemania ofrecerá empleo a parados cualificados de España y Portugal

viernes, enero 21, 2011

El sueño del celta, de Vargas Llosa

Vargas Llosa ha sido desde Pantaleón y las visitadoras uno de mis autores de cabecera. Lo reconozco, a pesar de que no comulgo con sus ideas políticas, como escritor ocupa un lugar destacado. De hecho, para mi forma parte del trío de los grandes latinoamericanos, junto con Borges y García Márquez. Vaya por delante que, por tanto, creo que es muy merecido el premio Nobel que recientemente ha obtenido. Este es un premio que se suele conceder normalmente a autores con amplio recorrido (y precisamente, por eso, en la parte final de su carrera). Sin embargo, si hubiera sido sólo por esta novela, yo no se lo hubiera dado.
Para comenzar, más que una novela de ficción es una biografía novelada. Roger Casement es un personaje real, que merced a sus informes para el foreing office británico contribuyó al desmoronamiento del salvaje sistema colonial que imperaba tanto en el Congo belga, como en el Putumayo amazónico. En ambos casos, la barbarie humana llegaba a extremos genocidas y también en ambos casos el motor era la codicia alimentada por el caucho. Casement, enviado en ambos casos por las autoridades británicas, recopiló información pormenorizada y pruebas de todo tipo para mostrar el grado de salvajismo alcanzado por los supuestamente civilizados europeos. Gracias a esos trabajos fue promovido a caballero británico.
Sin embargo, en el envés de su compleja personalidad, era un convencido nacionalista irlandés, hasta el punto que negoció con la Alemania del Kaiser una alianza para lograr la independencia de Irlanda. Gran parte de sus emolumentos fueron a parar a las arcas de los movimientos independentistas y sus últimos esfuerzos los dedicó a la causa irlandesa, por la que terminó muriendo (este es el principio de la novela, por lo que no destapo nada).
El retrato que hace Llosa es excelente, siendo las partes en las que narra sus experiencias en el Congo y en el Putumayo las mejores, para mi gusto, del libro. Sin embargo, la narración pierde fuelle hacia el final, por lo que la lectura se vuelve un poco pesada. Por otro lado, cuando se trata de perfilar la compleja personalidad del hombre, Llosa opta por un término intermedio en lo que se refiere a su homosexualidad. Da la impresión de que no encaja que el mismo hombre que mostró tal sensibilidad hacia el sufrimiento ajeno, fuera capaz de realizar aquellas escenas excesivas que aparecieron supuestamente en sus diarios. Lo cual, a mi modo de ver, resulta contradictorio con el resto del perfil que describe.
En fin, creo que es una buena novela, pero no la mejor de Llosa, ni siquiera a la altura de la anterior, por lo que habré de esperar a la siguiente para entusiasmarme, o volver sobre alguna de las antiguas y redescubrirle en sus mejores momentos.

jueves, enero 20, 2011

Futuro imperfecto

Artículo que me ha pedido el nuevo periódico especializado: Si Agricultura

Otra vez los precios de las materias primas han comenzado a subir. El petróleo se pasea en las proximidades de los 100 dólares por barril y con él, suben la mayor parte de los productos relacionados; como los cereales (vinculados al petróleo no sólo por el proceso de transporte, sino también por el de la producción de biocarburantes). Otra vez las organizaciones internacionales nos previenen del riesgo de hambrunas derivadas no ya de sequías, sino de la escasez de alimentos en los mercados de consumo humano.
El agricultor almeriense que lea esto se quedará perplejo: ¿Qué suben los precios de los alimentos? ¿Y eso dónde es? Es difícil entender esto cuando sus productos llevan 20 años perdiendo valor y viéndose obligados a aumentar su productividad para seguir en el mercado. Y es que el aumento de la demanda de nuestras hortalizas se ha visto más que compensado por el crecimiento de la oferta, presionando a la baja los precios. En ese contexto, la gran distribución ha ido haciéndose cada vez más grande, pudiendo establecer condiciones de compra mucho más favorables y dando una vuelta de tuerca más a los productores.
Las respuestas son más sencillas e intuitivas de lo que parece. Nuestras producciones, aunque resulte paradójico, son de elevado precio, y mantienen una elevada elasticidad renta. Es decir, el consumo requiere un mínimo de renta y, a la vez, los incrementos de renta conllevan crecimientos del consumo. Esto es una buena noticia, pero implica también una cierta limitación en el tamaño de nuestro mercado consumidor. Y también implica un interés evidente de todos los productores por entrar a vender en los mercados de mayor poder adquisitivo. Y Europa es uno de los mayores del mundo.
Otra ventaja-problema para las producciones de hortícolas es que son perecederas, lo que implica que los tiempos y condiciones de transporte influyen directamente en la calidad (y el precio final) de los productos. Esto limita el alcance geográfico de nuestras exportaciones y establece un límite físico a las mismas que sólo podría salvarse con alguna innovación relevante en la conservación de este tipo de productos. Aunque, incluso así, el límite seguiría existiendo, porque esa innovación estaría disponible con toda seguridad para todas las zonas productoras.
Así que ante este panorama, ¿qué podemos hacer? Lo primero es visualizar la agricultura no como un sector independiente, sino como una parte del sistema agroalimentario y como un elemento central de todo un sistema productivo. Este planteamiento nos permitiría visualizar el problema desde perspectivas diversas. Por ejemplo, la entrada en los mercados de productos terceros son amenazas para la producción primaria, pero también son una oportunidad para la industria y servicios auxiliares de la agricultura (ISA), entre ellas las productoras de insumos y elementos estructurales, o los transportistas y comercializadoras. Estas entradas también suponen un acicate a la mejora de las estructuras y producciones locales, en el sentido de que nos exigen más calidad, más información al mercado y más salubridad.
El futuro no es sencillo, seguramente será muy complicado, pero si nos ponemos a comparar la situación de la agricultura almeriense con la de otros países, incluso de los que nos hacen la competencia desde hace menos tiempo, podemos considerar que estamos aún en mejor situación. No sólo es que tengamos aún un importante margen de mejora en la producción primaria propiamente dicha, sino que también hay grandes oportunidades dentro de todo el sistema agroalimentario europeo y del ISA almeriense.

miércoles, enero 12, 2011

Dime argo bonito, primo

Pedido de Diario de Almería para publicar este domingo en el suplemento de innovación. Como siempre, me ha salido un pelín largo. Espero críticas (constructivas).

¿Se puede ser optimista en España en los tiempos que corren? Es posible que la mayoría de los lectores de este artículo piensen que no, pero yo me he hecho la firme promesa de encontrar razones para serlo. No sé ustedes, pero estoy cansado de tanto hablar de crisis y de malas noticias con respecto a la economía. Y lo curioso es que, a poco que uno mire los datos con detenimiento, lo cierto es que las hay.
Las casualidades a veces dotan a la existencia de oportunidades para el asombro. Cuando redacto estas letras tras leer el encargo del periodista amigo, no hace ni 30 horas de mi intervención como conferenciante en un programa de formación. El objeto de mi presencia en dicho programa era ofrecer un resumen de las expectativas macroeconómicas que se dibujan en el horizonte de este 2011 que acabamos de comenzar a vivir. En mi segunda transparencia aparece una bola de cristal, con la idea de reforzar la imagen de que esas previsiones de las que hablaba podían quedar convertidas en meras elucubraciones a causa de la gran cantidad de incertidumbres a las que están sometidas tanto la economía mundial como la nacional. Pues bien, en su mensaje, Diario de Almería me pide un artículo “tipo bola de cristal, pero con más base”.
Hechas estas advertencias previas, paso al modo “Pitonisa Lola” y hablamos del futuro. Como ya he mencionado, las incertidumbres que planean sobre este año 2011 son enormes. ¿Cuál es la probabilidad de que España tenga que recurrir a un rescate del Fondo Monetario Internacional? Según la mayoría de los economistas, entre los que me incluyo, poca. Pero basta con que un número significativo de jugadores en el mercado de deuda internacional lo crea, para que se convierta en una realidad. Una realidad que sería el peor de los escenarios posibles, ya que el propio euro resultaría fuertemente tocado, creando las condiciones para una nueva recesión en Europa. Pero hay más: ¿qué pasaría si China dejara de demandar deuda pública estadounidense? ¿Y si Brasil llevara a cabo su amenaza de guerra comercial por el asunto de las divisas? ¿Sería descabellado pensar en un Oriente Medio incendiado a causa de los conflictos latentes en la zona? Y, dentro de España, ¿qué consecuencias tendrá el previsible cambio de ciclo político tras las municipales y autonómicas? ¿Aguantará una relativa paz social si las tasas de paro elevadas se mantienen durante mucho tiempo?
Pues menos mal que quería ser optimista, dirán ustedes; si es que no les ha dado una depresión a mediados del anterior párrafo y han dejado de leer. Pasemos revista a los datos positivos, a ver si se nos pasa el mal cuerpo. En primer lugar, el PIB nacional lleva tres trimestres en zona de crecimiento y las primeras estimaciones para el 4º trimestre de 2010 son positivas. Es más, en los últimos meses, la mayoría de las previsiones sobre el PIB de España para 2010 y 2011 han sufrido revisiones al alza. Ya sé que el crecimiento será poco, pero será crecimiento. Por otro lado, aunque el paro sigue aumentando tendencialmente, las tasas a las que lo hace son cada vez menores y es muy posible que en 2011 veamos datos positivos también en esta materia. Ojo, no se va a tratar de grandes descensos de la tasa de paro, aunque sí de la finalización del proceso de destrucción y un comienzo tímido de la creación. Desde el lado de la oferta, la industria y los servicios van a comandar nuestra economía, habida cuenta de que los esfuerzos presupuestarios van a recortar mucho la capacidad de arrastre del sector público durante los próximos años.
A nivel provincial, la cosa tampoco va por mal camino, aunque sí que va con cierto retraso con respecto a la marcha de la economía nacional. Por ejemplo, en el caso del mercado de trabajo, si observamos las series de ciclo-tendencia del paro registrado y de las afiliaciones, podemos comprobar que el proceso de ajuste no se puede dar aún por finalizado. Pero es evidente que a lo largo de 2010 las tendencias se dieron la vuelta y ahora los ritmos de aumento del paro son netamente inferiores a los de hace un año, mientras que los de disminución de las afiliaciones son mucho más pequeños. Es decir, de mantenerse la inercia, estaríamos volviendo a crear empleo neto a lo largo de 2011. Aquí reitero la apreciación realizada respecto a nivel nacional: es muy poco probable que esa creación de empleo sea sustancial. El problema de base para la creación de empleo, aquí y a nivel nacional, es la poca probabilidad de que las empresas aumenten sus plantillas aunque crezca su producción. La demanda nacional está despertando, pero los primeros tramos de esa nueva demanda pueden ser perfectamente cubiertos con las instalaciones y las plantillas actuales, ya que la mayor parte de ellas se encuentran sobredimensionadas tras el desplome de la demanda durante 2008 y 2009. Además, el proceso de destrucción de empleo ha conllevado un aumento sustancial de la productividad, lo que implica que, por término medio, las empresas necesiten menos gente ahora que hace dos años para ingresar más en sus cuentas.

El problema principal que se nos plantea para los próximos ejercicios es cómo reducir de manera significativa las tasas de paro que hemos alcanzado una vez que la situación se estabilice. Por un lado, construcción y mármol parecen quedar fuera de las apuestas de momento; la terrible crisis en la que se encuentran ambos no permite acumular demasiadas esperanzas sobre ellos a corto plazo. Por otra parte, parece que la agricultura de la provincia está sufriendo un refortalecimiento en términos de capital humano y tecnológico. A pesar de que las tendencias históricas señalan hacia un deterioro de las cotizaciones unitarias, el sistema productivo en su conjunto ha comenzado a tomar medidas que parecen encaminadas en la dirección adecuada. Asimismo, las propias actitudes de administraciones y empresarios/agricultores con respecto al sector y su futuro también están cambiando. Sin embargo, es probable que el segmento productor viva un proceso de reestructuración que no le permita actuar como palanca de crecimiento del empleo, aunque sí del PIB.
Finalmente, el turismo parece que ha finalizado su proceso de ajuste al nuevo mundo de las reservas por Internet y del low cost. Las estructuras se han aligerado y la oferta alojativa se ha adaptado a los conceptos de todo incluido y bajo coste. Al mismo tiempo, la demanda turística se ha comenzado a reactivar, lo que seguro contribuirá a que el sector cierre 2011 en positivo tras algunos años de sequía. Sin embargo, los cánones por los que la hostelería se guió en las décadas pasadas ya no están vigentes, y la capacidad de crear empleo de la misma se ha visto reducida al mecanizarse gran parte de los procesos de gestión y al haber ajustado las cuentas de costes. No obstante, en los momentos álgidos de su campaña, el turismo tendrá en 2011 un efecto compensador sobre la destrucción temporal de empleo de la agricultura; sin que a corto plazo pueda convertirse en el gran fabricante de empleo que esta provincia necesita.

En los últimos tiempos, algunas voces han centrado el debate del motor económico provincial en el turismo residencial y los servicios sanitarios y de atención personal. Lamento discrepar con ellas. El grueso del empleo que genera el turismo residencial está relacionado con el proceso de construcción, y si uno hecha un vistazo a las estadísticas de construcción de viviendas en los últimos años, no puede por menos que darse cuenta de que la provincia ha acumulado un excedente residencial que nos va a costar algunos años asimilar. Por tanto, aún cuando es cierto que Almería sigue siendo un atractivo destino para el turismo residencial, no es probable que genere un aumento de la demanda de construcción y, en cualquier caso, sus efectos sobre los mercados locales de servicios personales estarán muy relacionados con el grado de concentración de las nuevas poblaciones de residentes a tiempo parcial.
¿Qué nos queda, pues? Posiblemente, ésta sea la respuesta más atrevida de este artículo. Nos queda lo obvio, la industria auxiliar de la agricultura y su músculo productivo, sustentado por el gran mercado local y en condiciones de emprender aventuras en el exterior. Y nos queda lo inesperado, lo que posiblemente no seamos capaces de imaginar siquiera hoy. Las economías dinámicas lo son porque sus habitantes están imbuidos de ese dinamismo. Son las personas los protagonistas de la economía, por más que queramos pensar en que lo son los mercados o los Estados. La creatividad, la capacidad para aprovechar las nuevas oportunidades que surjan en el mercado, es en parte una actitud personal que se transforma en social, cuando la mayoría de los integrantes de la misma entienden que es un valor positivo. Creo que en Almería podemos ser razonablemente optimistas ante ello, ya que nuestro actual desarrollo se ha basado precisamente en eso, en la creatividad y en hacer de la necesidad virtud. Es posible que surjan nuevos motores de desarrollo, vinculados a la energía, a la tecnología o al tratamiento de aguas, o a las redes sociales. Lo que no me cabe duda es que el talento que acumulan nuestros jóvenes encontrará una vía por el que salir a la luz.