Almería se sale


Este artículo me lo han pedido para la revista NOVA CIENCIA, donde aparecerá en breves días. 

Sí, se sale, se sale del mapa en términos de paro. Durante años Almería supuso un ejemplo para el resto de Andalucía y para el conjunto de España: se podía estar en la comunidad andaluza y no presentar tasas que doblaran las nacionales. Almería se homologaba con la media estatal y, en ocasiones, hasta se situaba por debajo. Pero llegó la crisis...

Y todo cambió. Como ya he comentado en otra ocasión, llama la atención que Almería haya cambiado su perfil de comportamiento en términos de paro. Hemos dejado de seguir la media española para ponernos por encima de la andaluza. El hecho es que pasamos de marcar la tendencia del país a irnos muy por encima. Las razones no son sencillas ni únicas.

Entre el conjunto de razones que podemos aducir a este fenómeno creo que hay dos que son centrales y complementarias: el cambio de modelo de crecimiento y la expansión de la población activa que éste impulsó. En algún momento de la década de 2000 nuestro modelo de desarrollo cambió drásticamente. No nos dimos demasiada cuenta porque las tendencias de fondo permanecieron, pero después de tremendo incremento de producción y actividad de la agricultura y su entramado auxiliar en la segunda mitad de los 90, quedaba ya poco combustible para seguir presentando unos datos positivos. Las tendencias a las que me refiero fueron diversas: el incremento continuado de renta, la absorción de contingentes crecientes de trabajadores extranjeros, la reducción de las tasas de paro, o el aumento continuado del crecimiento del crédito en nuestra economía.

Como digo, el modelo cambió, pero las tendencias continuaron. Incluso se acentuaron. El protagonismo económico pasó a la construcción. Una actividad que crea mucho empleo y no necesariamente cualificado, de forma que Almería podía seguir importando mano de obra a ritmos crecientes. Asimismo, la burbuja inmobiliaria que azotó al país, junto con una coyuntura irrepetible de tipos de interés bajos hizo que nuestra sociedad se emborrachara de crédito, aunque ahora se dirigía mayoritariamente a las hipotecas, endeudando a las familias y no tanto a la inversión en bienes de equipo (aunque también, véase los activos oscuros).

La demanda de vivienda parecía infinita. Todo el mundo descubrió que podía hacerse rico en el sector y surgieron una plétora de inversores en inmuebles, de promotores, y de gestores inmobiliarios para dar servicios a todos. Nos pusimos a construir como si no hubiera un mañana. Las administraciones, sobre todo los ayuntamientos, mareadas por los nuevos ingresos que llegaban a sus arcas inflaron sus propias burbujas de servicios y de nuevas empresas municipales, aumentando de forma estructural sus gastos sin caer en la cuenta de que los ingresos extraordinarios eran coyunturales.

Nuestra población activa creció en la década de 2000 (medida entre el primer trimestre de 2010 y el mismo de 2000) en 164 mil personas, una cifra asombrosa, si la ponemos en relación con la propia población almeriense del inicio de la década y, sobre todo, si la comparamos con la variación sufrida en la década anterior, en la que el protagonismo había sido de la agricultura: 46 mil personas. Es decir, en la década de la construcción la población activa de la provincia (personas en edad de trabajar que bien tienen empleo o bien lo buscan) mejoró el registro de la década anterior en un ¡257%!

Fuente: INE, Encuesta de población activa.


Pero, como se empeñaba en enseñarnos Galbraith, todas las burbujas terminan estallando, y las nuestras también lo hicieron. Y desgraciadamente lo hicieron coincidiendo con la mayor crisis financiera mundial desde el fatídico crash del 29. O sea, la tormenta perfecta para la economía española, una tormenta cuyo tratamiento seguramente hubiera requerido un pacto de Estado para marcar la hoja de ruta, las reformas ineludibles y las líneas rojas que no se cruzarían.

En medio del caos general, en Almería donde la construcción llegó a ocupar al 20% de los trabajadores –sin contar con los servicios auxiliares (entre los que se cuentan los financieros) y la fabricación de materiales de construcción (en Almería tenemos abundancia de áridos y mármoles)– el impacto fue brutal. Posiblemente, el resultado de tener en cuenta tanto el empleo directo como el indirecto sumaría al menos de 5 a 10 puntos al dato. Casi todo ese empleo hoy no encuentra en qué ocupar su talento.

La mala noticia es que no hay financiación, las familias están en pleno proceso de desendeudamiento (muchas de ellas de forma traumática) y, mientras, no hay una demanda externa en expansión que pueda compensar la pérdida de la interna. No parece que haya ni que se vislumbren alternativas. Por primera vez en 50 años volvemos a ser excedentarios en mano de obra. El ajuste, o la mayor parte del ajuste, debemos hacerlo exportando trabajadores.

La buena noticia es que la base del crecimiento almeriense a mediados del siglo XX fue la agricultura, y ésta sigue viva y que, de la misma forma que anteriormente estábamos sumidos en una burbuja que no nos dejaba ver los peligros (o los menospreciábamos cuando alguien alzaba la voz), creo que ahora nos encontramos en una nueva burbuja, de pesimismo, que no nos deja traslucir nada positivo. Posiblemente no tengamos que volver a ver un éxodo tan intenso como el de la primera mitad del siglo XX y, seguramente, muchos de los que ahora se tengan que marchar podrán regresar en no demasiado tiempo, con nuevas ideas y conocimientos que nos ayuden a volver a rentabilizar las buenas inversiones que también se hicieron.

ADDENDA (29/10/2012):

Me pide uno de los comentaristas que mire la estructura de la población activa por niveles de estudio y nacionalidades. No se pueden obtener esos datos en la web del INE para el ámbito de provincia. Sí para el de país. Para no liar mucho el tema he optado por hacer un gráfico sólo con los datos del último trimestre. Sirva como aclaración que en los inicios de los 90 apenas había inmigrantes en España, por lo que su peso en la población activa tampoco sería demasiado relevante. Es decir, la mayor parte de los que hay son los que han entrado. Dada nuestra estructura productiva, intuyo que los pesos relativos de los niveles formativos más bajos estarían en Almería sobrerrepresentados en relación a la media nacional.

Datos nacionales, fuente INE.
En cualquier caso, no creo que el problema haya sido el aumento de la población activa per se, pues dado que la mayor parte terminaba cotizando ha sido una bendición para nuestra maltrecha natalidad (veníamos de ser el país con la menor tasa de natalidad del mundo). La clave es la propia estructura productiva que creamos y la alegría con la que inflamos nuestra burbuja inmobiliaria. No fuimos capaces de crear un entramado de actividades de alto valor añadido y con demanda creciente: hicimos todo el esfuerzo en las viviendas y nos endeudamos para acceder a ellas... Y ahora toda esa población activa no es capaz de encontrar nuevo acomodo laboral.

Comentarios

  1. Anónimo10:48 p. m.

    Dice mucho en tu favor que expongas tu opinión sobre el tema. En estos críticos momentos el silencio sería estruendoso. Andrés

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  2. Me gusta el aporte de "positivismo final", pero "y tocando en hueso" me habría gustado ver dos gráficas:
    ¿Cómo se modifico la cifra de trabajadores sin estudios a lo largo de los años? no solo universitarios si no de bachillerato también.
    Y aquí viene la dura: Aumento de la población activa solo por trabajadores extranjeros con y sin papeles, ya que quizás en épocas de "vacas gordas" a nadie le importaba nacionalizar sin pensar demasiado.... (Y por comentarios como este mis amigos me llaman "gaviotilla")
    Muchas gracias. De verdad buen artículo

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  3. Alakat, más arriba te respondo.

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