Cada vez que un banco compra una fintech, un neobanco sonríe picarón

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Vale, ya sé que el título este es una moñez, y que va encaminado a llamar la atención para que pinches sobre él, vengas a leer este contenido y así puedas criticarme en twitter como si no hubiera un mañana por agorero, fantasioso e ignorante.
Hace unos días leí un titular que me llamó poderosamente la atención. Fiat y Renault estaban planteándose una fusión. ¿Otra? Me dije. Porque Fiat ahora es Fiat-Chrysler y Renault es Renault-Nissan. ¿Qué está pasando en el mundo del automóvil para que las grandes compañías quieran ser aún más grandes? Hay muchas respuestas técnicas, pero creo que la más sencilla y acertada se condensa en una sola palabra: miedo.

El miedo nos paraliza
Miedo a un futuro que saben no va a ser como hasta ahora. Las señales están ahí para quien quiera verlas. La irrupción de nuevas tecnologías de impulsión, la aparición de nuevos agentes en el mercado (no solo los chinos, también empresas al modo Tesla), una traslación potencial del modelo de propiedad al de pago por uso, etc. 
El miedo es una emoción muy humana, y muy vinculada a nuestra historia como animal cazable por los depredadores. Nos paraliza (y así podemos pasar desapercibidos) y al tiempo nos prepara para la huída. Pero en el mundo de la empresa, probablemente nos haga tomar decisiones racionales o aparentemente racionales en el corto plazo, pero catastróficas en el largo.
Pondré un ejemplo sobre el que leí hace años y que, por tanto, es posible que no refleje con total exactitud. Se trata del caso de la ASC (American Steel Corporation). Una corporación surgida de la fusión de las principales acerías de los Estados Unidos y que fue promovida por el famoso J.P. Morgan. La idea era brillante: reducir la competencia permitiría obtener mayores beneficios (montaron un monopolio de facto). Pero a medio plazo comenzaron a surgir pequeñas acerías que eran capaces de producir para sus mercados locales un acero más barato que el de la ASC. La reacción de la corporación fue siempre la que maximizaba el beneficio a corto plazo: comprar la acería pequeña para eliminar la competencia. Pero, con el tiempo, la frecuencia con la que aparecían competidores era mayor (por la posibilidad de producir más barato y por la garantía que suponía para los inversores la casi segura compra por parte de la ASC). Lo único que no hizo la corporación, y que le hubiera garantizado el futuro, era mejorar sus instalaciones para aprovechar los avances de la tecnología y así, abaratar sus productos.
Me da la impresión de que ese mismo es el tipo de reacción de las empresas automovilísticas, reducir la competencia para hacer crecer los precios... Bien a corto, pero una visión estrecha a largo puesto que los recursos invertidos en la compra/fusión ya no podrán ser usados para invertir en nuevos procesos o productos.

Los bancos se encuentran en una coyuntura de precios por los suelos

Pasemos ahora al mercado financiero. Los bancos de la UE se encuentran hoy envueltos en una coyuntura en la que los precios (los tipos de interés) están por los suelos, lo que irremediablemente influye en la rentabilidad. También se encuentran con un marco normativo muy restrictivo, heredado de la crisis financiera, que impone unos costes de control muy elevados. Al mismo tiempo, han comenzado a surgir una serie de competidores (de momento pequeños) que les comen cuota de mercado en productos concretos, apoyados por el uso de la tecnología. Son las conocidas como fintech. No se enfrentan a las barreras normativas de las entidades, se centran en una operación o conjunto pequeño de operaciones, y soportan unos costes fijos que solo son una ínfima fracción de los de los bancos tradicionales. Estos bocados que dan al negocio de los bancos son cada vez más numerosos y drenan un poco más de rentabilidad. ¿Qué se puede hacer? Lo más sencillo es incorporar esas compañías al grupo financiero, bien tomando participaciones significativas en el capital, bien comprándolas directamente. De esta forma se elimina competencia, en el peor de los casos, y se incorporan nuevas capacidades a la organización, en el mejor. Pero, al mismo tiempo, se drena liquidez de la caja y se cargan aún más los costes fijos de las entidades (poco, pero se incrementan).
Déjà vu
Mientras tanto, una nueva generación de bancos, nacidos en el mundo digital, que solo actúan en dicho ámbito, que tienen una estructura mucho más ágil y que ofrecen un abanico de servicios más cercano a los de la banca tradicional, se abre camino en el mercado. Y estos, cada vez que uno de los grandes y pesados viejos bancos compra una pequeña fintech sonríen picarones: ya queda menos para que sean insostenibles o para que les tengan que comprar…
La historia no se repite, pero a veces gusta de lanzarnos guiños a modo de déjà vu.


Actualización: Hoy (6/6/2019) Fiat ha retirado la oferta…

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