La sostenibilidad de los hoteles españoles

Hace apenas unos días, Cajamar y CEHAT presentaron en FITUR la tercera edición de sus indicadores de la sostenibilidad de los hoteles españoles. Circunstancia que me da pie para reflexionar un poco sobre el turismo, las bases en las que se asienta y su futuro. Y, dicho sea de paso, aprovecho un poco el trabajo intelectual realizado en la elaboración del informe, pero saliéndome de las limitadas fronteras de la mera descripción de las cifras y de las tendencias.
 


El negocio de los sentidos

El turismo no vende camas, como mucha gente piensa. Aunque estas sean fundamentales para que el proceso turístico se lleve a cabo, el servicio que se presta es mucho más amplio. Como bien dicen los expertos en el sector, lo que se venden son experiencias. Y este es un concepto mucho más sutil e inaprensible, puesto que recoge todo aquello que pueda ser percibido a través de los sentidos por parte de los viajeros: la vista (los paisajes, la arquitectura, la decoración de la habitación), el gusto (la comida y las bebidas), el olfato (los olores, porque las ciudades y los países huelen), el tacto (las sábanas de la cama, las cuberterías y vajillas de los restaurantes, las piedras, la arena) u el oído (los sonidos de la naturaleza, o de la ciudad, o del mercado, o el silencio de los templos)…
Por eso el turismo es un negocio tan complejo. Y, dado que se trata de percepciones, estas son pura subjetividad, porque alguien interesado en la cultura se sentirá impresionado por cosas diferentes a las de quien sea un aficionado al submarinismo. Por eso hay tantos factores que influyen en la valoración de los destinos, porque prácticamente cada uno de nosotros tenemos una vara de medir diferente a la del resto.
 

El papel de los hoteles

Mientras sea necesario que las personas se tengan que trasladar de su domicilio para disfrutar del amplio abanico de experiencias sensoriales que conlleva el turismo, los hoteles (en todas sus diferentes encarnaciones) serán un instrumento imprescindible para su desarrollo, al igual que una logística de transporte para los viajeros y sus equipajes. Por eso se les considera el núcleo del turismo y son esenciales en la construcción de la experiencia turística. El diseño de la habitación y las zonas comunes, la atención recibida por parte del personal, la limpieza, el colchón, las almohadas, la comida, los servicios disponibles, la temperatura, el ruido y, por supuesto, el precio. Todo suma en la valoración final que hará el cliente-turista del hotel y del propio destino.
 

El informe

La metodología del informe es relativamente sencilla. Se trata de una recopilación de series de indicadores que nos permiten evaluar el desempeño de los hoteles (en ocasiones de hoteles y restauración) en los tres ejes principales que definen la sostenibilidad: el económico, el social y el medioambiental.
La disponibilidad de estos indicadores es muy diversa para cada uno de los ejes, siendo el medioambiental el que presenta una menor cantidad. Además, a veces no es posible localizar información separada de los servicios de alojamiento de los de restauración, por lo que muchos de los indicadores tenemos que conformarnos con disponer de ellos para la “hostelería” y no para la hotelería. Tampoco hemos podido encontrar un intervalo de tiempo homogéneo para todos ellos, con algunos que arrancan en 2008 y alguno que lo hace en 2024. Otra limitación del análisis es que la mayoría de los efectos del sector se producen a escala local, en los parajes, barrios o localidades en las que están presentes los establecimientos y en sus zonas de influencia –que serán más o menos grandes en virtud de los medios de transporte de los que disponga el punto de destino–. Sin embargo, la mayoría de los indicadores que analizamos solo están disponibles para el ámbito geográfico nacional, como las emisiones de gases de efecto invernadero o los de rentabilidad económica.
 

La profunda huella de la covid

Con todo, la observación de nuestra batería nos permite hacernos una idea de las tendencias de fondo en cada uno de los ejes. Y también nos posibilita constatar cómo la pandemia de covid fue un elemento terriblemente disruptor para los hoteles. Recordemos que los confinamientos interrumpieron el tráfico de turistas y obligaron al cierre durante meses. Luego, las diferentes políticas nacionales al respecto mantuvieron limitaciones al libre movimiento de pasajeros hasta 2023, por lo que hasta ese año no se recuperó la absoluta normalidad.
La profunda huella de la pandemia la podemos ver en todos los ejes. Así, por ejemplo, 2020 supuso el mínimo en la serie de las emisiones de gases o en la intensidad energética –ratio que pone en relación las emisiones con el valor añadido bruto (VAB)–. En el eje social provocó un enorme agujero en el empleo y un mínimo en el indicador de saturación. Y en el económico provocó pérdidas y un brusco aumento del endeudamiento. Efectos cuyas consecuencias se siguen arrastrando hasta 2024 en algunos casos.
 

Eje medioambiental

La mirada de largo plazo nos permite descubrir que los hoteles están haciendo un importante trabajo en la mejora de la sostenibilidad medioambiental. Las emisiones de gases de efecto invernadero se han reducido a un ritmo medio anual del 2,3 % desde 2008, el consumo de energía al 0,6 % para el mismo período y el de agua lo ha hecho en un 1,4 %. Solo en el indicador que utilizamos para aproximar el consumo de territorio podemos hablar de una tendencia desfavorable, aunque el ritmo de empeoramiento es muy inferior al del crecimiento de los viajeros alojados y las pernoctaciones.
La evolución favorable de las emisiones y del consumo de energía tienen un importante refuerzo en 2022, coincidiendo con el shock inflacionario que se vivió a la salida de la pandemia, con especial incidencia en la energía. Probablemente, el aumento de la factura energética contribuyó a la búsqueda de soluciones que aliviaran el incremento de coste. Y esto es una noticia relevante, porque la mejora de la sostenibilidad medioambiental tiene reflejo directo en la cuenta de explotación de las empresas hoteleras. La búsqueda de la eficiencia en el uso de los recursos puede terminar contribuyendo a que el sector mejore sus ratios de sostenibilidad y rentabilidad al mismo tiempo. Aunque también es cierto que, si no se producen nuevos shocks, la necesidad de una mayor eficiencia en el uso de la energía y otros recursos naturales no será tan acuciante. El tiempo y los indicadores nos lo dirán.
 

Eje económico

El eje económico tiene el mayor porcentaje de indicadores favorables a corto plazo, prácticamente todos menos uno. El buen momento que está viviendo el sector con tres récords continuados en el número de pernoctaciones anuales (incluido 2025) y en el precio de las habitaciones, ha permitido al sector reducir de forma acelerada el endeudamiento extraordinario al que debió hacer frente a causa de la pandemia. El saldo de crédito bancario concedido a la hostelería se situó en 2024 por debajo del que había en 2014. En paralelo, el porcentaje de ese crédito entrado en dudoso –y que repuntó ligeramente desde 2021 a 2022– se encuentra en clara regresión y ya se sitúa por debajo del que se cuantificaba en 2019.
La rentabilidad económica medida sobre el activo neto ha logrado repuntar desde los valores profundamente negativos de 2020 (cercanos al -4 %) al 6,9 % de 2023. Obviamente han contribuido a ello la mejora de los ingresos, impulsados por pernoctaciones y precios, pero también por las mejoras en la eficiencia tanto por el lado de los costes, como por el incremento del nivel de ocupación. De cara a los próximos años, no parece que vayamos a asistir a grandes incrementos derivados de la mejora de la demanda o de un aumento significativo de los precios, por lo que tendrá que ser el lado de los costes (y la eficiencia) el que marque el rumbo en los próximos años.
A este respecto hay que ser optimistas, porque gran parte de la inversión llevada a cabo en los últimos ejercicios ha ido destinada a inversiones relacionadas precisamente con el ahorro energético o del agua y en la mejora de la calidad media de la oferta.
 

Eje social

Finalmente, en lo que respecta al eje social, vemos como tras el estallido de la pandemia, algunos de los indicadores han evolucionado de manera desfavorable. Si bien los niveles de empleo se han recuperado rápidamente, encontrándose en máximos históricos actualmente, y la temporalidad se ha reducido de forma más drástica que en el conjunto de la economía –provocado en ambos casos por el cambio en la legislación laboral– el peso de los salarios de la hostelería en el conjunto de las rentas del trabajo no lo ha hecho (al menos a la altura de 2022, que era el último año disponible cuando se cerró la elaboración del informe).
Esto tiene un reflejo directo en el gap salarial por trabajador equivalente a tiempo completo, que tras varios años favorable al sector, ahora se encuentra en el lado contrario del eje. La evolución del indicador de influencia en la inflación y el de saturación también se han comportado de forma poco favorable. El primero, por el fuerte incremento de la demanda y de los precios hoteleros y el segundo, de nuevo por el aumento de la demanda. Pero, y esto es muy relevante, el crecimiento del indicador se está produciendo más lentamente que el propio incremento de las noches vendidas.
Es esperable que el gap salarial se reduzca rápidamente en años venideros y la influencia de los precios hoteleros sobre la inflación ya está perdiendo velocidad de crucero, por lo que seguramente los resultados del próximo informe en este eje serán mejores.
 
En resumen, el sector hotelero presenta hoy más luces que sombras en su desempeño medioambiental y económico y presenta resultados menos favorables en el ámbito social. En 2026 volveremos a realizar este ejercicio y veremos si el camino hacia la sostenibilidad sigue avanzando o si se han producido tropiezos en él.

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