viernes, enero 27, 2017

Trump: Bienvenidos a la era autista

Foto: wikimedia.org
Trump ya es presidente de los Estados Unidos y, para sorpresa de muchos, ha comenzado a gobernar justo tal y como se comportó durante la campaña: en plan chulesco. En menos de una semana ha humillado al gobierno de su vecino del sur, ha roto el acuerdo TPP, se ha meado en la evidencia científica sobre el cambio climático y nos ha convencido a todos de que el gran EEUU, el defensor de la libertad personal y económica, se va a convertir en el adalid del proteccionismo. America first...
En cierta medida, y salvando las enormes distancias, el proceso que ha iniciado el anaranjado inquilino de la Casa Blanca, me recuerda al proceso de autismo al que se sometió la China del siglo XIV después de haber explorado las costas de África con grandes flotas y enormes barcos y de haberse situado a las puertas de la revolución industrial. Entonces el gigante asiático era posiblemente uno de los más ricos del planeta. Apenas doscientos años después, los pequeños barcos de los minúsculos estados europeos comenzaron la conquista comercial y territorial de aquellas latitudes. Y China no pudo pararlas.
Por otro lado su gobierno también me recuerda algo, a la oligarquía político-económica que gobierna en Rusia (¿será por eso que se tienen mutua simpatía Putin y Trump?).
Hace unas semanas en esta misma bitácora digital hablábamos del papel del miedo y la desesperanza como detonantes del ascenso de opciones antisistema o antiglobalización, construidas desde los extremos izquierdo y derecho del espectro político. Sin embargo, no dedicamos especial espacio en intentar describir las consecuencias. Las bravatas de Trump convertidas en política económica pueden tener unas repercusiones realmente brutales sobre la economía mundial. Por un lado, y por desgracia, entra dentro de lo probable que a corto plazo muchas de sus medidas signifiquen más crecimiento económico para los ciudadanos estadounidenses (aunque con unos impuestos menos progresivos ahondará aún más las diferencias de renta internas). Ese crecimiento vendría impulsado por una mayor inversión pública (en cierta medida el muro de Trump es una reencarnación de los kilómetros de losas de nuestro Plan E), también es posible que el encarecimiento de las importaciones haga que surjan oportunidades para las empresas nacionales. Y, al eliminar las barreras medioambientales, estará volviendo a externalizar gran parte de los costes ambientales, que saldrán de los balances de las empresas, aumentando sus beneficios privados. Pero a medio y largo plazo, el pan de hoy puede convertirse en hambre para mañana. Aunque su presidente no quiera reconocerlo, uno de los principales agentes impulsores de la globalización ha sido su país, y también ha sido uno de sus principales benefactores, ya que muchos de los bienes y servicios a los que sus ciudadanos consumen son accesibles precisamente gracias al abaratamiento que ha supuesto la globalización. Y sus empresas de tecnología se han convertido en las mayores del planeta aprovechando también las olas del proceso globalizador.
Trump parece pensar que la economía es un juego de suma cero, como lo creían los mercantilistas hasta hace un par de siglos, pero no parece darse cuenta que una de las cosas que ha dejado meridianamente clara la última crisis es precisamente que la interconexión de las economías nacionales es mayor que en ningún otro momento de la historia -no solo por el intercambio de bienes, sino sobre todo por el nexo de los mercados financieros- y que nadie tiene garantizada la inmunidad ante movimientos en el conjunto de las economías.
Las decisiones unilaterales de EEUU nunca se van a tomar en condiciones ceteris paribus. No están solos en el terreno de juego. Para comenzar, es previsible que el déficit fiscal federal aumente a corto plazo por el aumento del gasto y el recorte de impuestos, aumentando las cifras de deuda. Una deuda que está mayoritariamente en manos asiáticas (China y Japón). ¿Qué ocurriría si no se cubriera la oferta en alguna de las emisiones de deuda que el Tesoro estadounidense hará en los próximos meses? ¿Seguría el dólar siendo moneda refugio en con un Estados Unidos en modo autista?
Por otro lado, es de suponer que los aranceles estadounidenses se encuentren con la respuesta de un rearme arancelario de sus principales socios comerciales. Es posible que no fuera terrible para sus bienes, con un mercado nacional desprovisto de competidores. Pero los efectos sobre sus empresas de servicios podrían ser devastadores. En realidad, las pérdidas se producirían en todas partes.
El momento político que vive Europa, por desgracia, favorece las pretensiones de la nueva administración estadounidense. Menos bloque que nunca y sumida en un mar de contradicciones y disensiones a todos los niveles, la vieja Europa se ve más vieja que nunca. Con toda probabilidad, asistiremos en los próximos meses a un desfile de presidentes continentales que acudirán a Washintong a rendir pleitesía al nuevo César de las barras y estrellas. Esperemos que, por lo menos, seamos capaces de mantener las estructuras que hemos construido entre todos, porque las necesitaremos cuando llegue el reflujo del proceso que ahora se inicia.
Sin embargo, el frente asiático será mucho menos comprensible que el continental. Ya ha resultado llamativo ver al presidente chino convertido en el adalid del libre comercio en Davos, advirtiendo de que nadie sale ganador de una guerra comercial. China precisa mantener un buen ritmo de crecimiento para ampliar su clase media y aún precisa de sus exportaciones para lograrlo. Una amenaza a su cuota de mercado es casi una declaración de guerra y pone en peligro la estabilidad de la economía asiática, con un mercado interior aún a medio desarrollar.
Por supuesto, es más que posible que en el interior de su América, muchas de sus empresas multinacionales (Tabla 1), se rebelen contra estos movimientos, incluso algunos de los principales políticos del lado republicano, hasta hace 4 días defensores a ultranza de la globalización y del libre mercado.

Tabla 1. Ranking de países por número de empresas multinacionales
RangoPaísCompañías
1Bandera de Estados Unidos Estados Unidos128
2Bandera de República Popular China China106
3Bandera de Japón Japón53
4Bandera de Francia Francia32
5Bandera de Reino Unido Reino Unido29
6Bandera de Alemania Alemania28
7Bandera de Corea del Sur Corea del Sur17
8Bandera de Países Bajos Países Bajos15
9Bandera de Suiza Suiza14
10Bandera de Canadá Canadá11
Fuente: Wikipedia

La clave es el corto plazo. Si le sale bien la jugada, es muy posible que logre desmovilizar a los enemigos internos, o acallarlos. Si le sale mal, lo veremos enfrentado a sus propias huestes en la Cámara de Representantes y en el Senado, con la mayor parte de sus iniciativas paralizadas y abocado a perder la reelección o, peor (mejor, según se mire), enfrentado a un proceso de revocación con más apoyos que el de Clinton. Pero, si logra ganarse el aplauso del público, la situación podría tensarse mucho más en el frente exterior. La posibilidad de una guerra comercial sería grande y nos veríamos envueltos en el mejor de los casos en una nueva guerra fría, con parte de Asia y África del lado chino, con Rusia (mientras dure Putin) alineada con Estados Unidos y la mayor parte de Europa debatiéndose entre la querencia por el antiguo socio y el desprecio de una novia abandonada.

Confiemos en que los frenos internos funcionen.  Porque como esto no lo paren los propios estadounidenses, todo el mundo acabará en una situación mucho peor que la actual. Confiemos también en que los ciegos poderes que conducen la globalización entiendan que las tensiones que esta provoca pueden alumbrar monstruos mucho más peligrosos que un grupo de muyahidines, y que merece la pena invertir parte de los beneficios en bienestar social...

jueves, diciembre 08, 2016

Paro en Almería, puesta al día

Desde el estallido de la crisis, desde este blog cada día más guadianítico, hemos seguido la marcha de la tasa de paro almeriense. El elevado peso que la construcción llegó a tener en la estructura económica de la provincia produjo un efecto demoledor cuando finalmente la burbuja estatalló. La tasa de paro almeriense, otrora un orgullo para los políticos y empresarios de la provincia (y de los economistas), se disparó reproduciendo el perfil del Everest, distanciándose de la media española, llegando a la andaluza y situándose durante un par de trimestres como la provincia con mayor tasa de toda España.
Hoy el diagnóstico es bien distinto, hemos abandonado el entorno de las provincias andaluzas y nos movemos de nuevo hacia la media nacional (aunque aún nos falta un trecho). Obviamente, seguimos muy lejos de los datos previos a la crisis, porque la media española sigue siendo muy elevada (18,91 %), pero podemos afirmar que al menos en este aspecto nuestra economía está a punto de salir de la UVI.
Fuente: EPA, INE.

Poco a poco estamos revirtiendo nuestros problemas. Por un lado, la situación de abundancia de mano de obra se ha corregido en parte por el abandono de muchos (emigrantes y reemigrantes que han abandonado la provincia en los últimos años), y en parte también porque otros sectores han cogido las riendas de nuestra economía, particularmente la agricultura y el turismo, que llevan varios años de récords.
No obstante, y de cara al futuro, debemos buscar vías para diversificar nuestra economía, identificar sectores o actividades que promuevan el desarrollo (y que lo hagan de forma equilibrada y utilizando más el conocimiento y la tecnología que los recursos naturales) y no ponerles pegas, o al menos no ponerles pegas injustificadas. Hay mucho que hablar a este respecto, pero eso lo dejamos para otras ocasiones.
De momento, y por si no vuelvo a escribir más por aquí, les deseo que pasen unas Felices Saturnales...


martes, noviembre 22, 2016

¿El plagio del rector de la URJC es solo bajeza moral o es consecuencia del sistema?

A Fernando Suárez, a la sazón rector de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, le han pillado plagiando varios trabajos (al menos 4). Mi primera reacción al leer la noticia fue doble: primero, sorpresa por el escaso respeto que un académico demuestra por el trabajo intelectual de los demás, y segundo, extrañeza por su NO DIMISIÓN –en Alemania dimitieron una ministra de educación y un ministro de defensa por plagiar sus tesis doctorales–.
Una ulterior reflexión me ha llevado a plantearme si no será este rector un fruto (algo podrido, eso sí) de nuestro modelo de incentivos universitario. Actualmente, un profesor que quiera hacer carrera académica sabe que su futuro depende directamente del número de publicaciones y del impacto de las mismas, al menos hasta que logre la plaza de titular, momento a partir del cual puede relajarse (y olvidarse de llegar a catedrático y a rector). En España no merece la pena gastar tiempo en mejorar la docencia, puesto que lo único que se logrará por ello será (y no siempre) una mención honorífica o un bonito diploma que colgar en el despacho. Afortunadamente, hoy ya no vale cualquier publicación, ya que estas tienen que estar contenidas en revistas de impacto; pero hace unos años el volumen de las publicaciones podía compensar la escasez de "calidad" de las mismas (1). En cualquier caso el incentivo está diseñado para promover la investigación, y hay que reconocer que funciona. El número de publicaciones de profesores españoles en las revistas de referencia internacionales no han dejado de crecer desde que se adoptó esta estrategia.
Las contrapartidas de este sistema son dos (al menos): los alumnos pueden quedar en un segundo plano dentro de los intereses profesionales del profesos (cuando la principal misión que le encomienda la sociedad a esta institución es la formación superior), y que el publicar se convierta en una necesidad imperiosa para quien quiera hacer carrera universitaria, lo que puede llevar a algunos a "olvidar" los límites entre la cita literal y el plagio...
Por tanto, a lo mejor, Fernando Suárez es una pobre víctima del sistema... Y por eso no dimite (esto último, léase en modo irónico).

(1) En realidad la calidad no tiene que ver con el lugar dónde se publica, a priori. Pero el método científico precisa de la contrastación de las ideas, por lo que se supone que aquello que se publica en revistas que están sometidas a revisión de pares ha pasado unos filtros que garantizan un mínimo de calidad.

jueves, noviembre 10, 2016

Un "zasca, en toda la boca" a la globalización


By Michael Vadon [CC BY-SA 2.0
(http://creativecommons.org/licenses/by-sa/2.0)],
via Wikimedia Commons
Bienvenidos a la era de la globalización. Aquí, los mercados son globales, la cultura se uniformiza, se eliminan las barreras a la circulación de ideas y capitales (las personas son otra cuestión), las diferencias se diluyen y las mercancías atraviesan el planeta en pocos días a bajos precios.

Bienvenidos, pero no se pongan cómodos. Tal vez no se hayan fijado, pero estamos perdiendo altura, la velocidad de crucero se frena y comienzan a romperse los remiendos de la ropa de domingo que pensábamos llevábamos encima. Esa ropa que tan barata nos salió, la que nos compramos el mismo día que reservamos nuestras vacaciones por Internet ahorrando un dineral.

La globalización, sobre cuyas virtudes económicas no paramos de oír excelencias y horrores, tiene sutiles consecuencias sobre las sociedades. Las tecnologías de la comunicación han sido el verdadero elemento de revolución en este proceso. Ellas han permitido que muchos de los fenómenos que estamos viviendo tomen una dimensión sin precedentes. La anterior oleada globalizadora, la de finales del XIX y principios del XX, apenas contaba con el teléfono como herramienta de traslado de la información, un tam-tam comparado con la tecnología actual. Y aquella ola terminó rompiendo contra las rocas de un par de guerras mundiales.

No creo que sea casualidad. Las empresas encuentran en este entorno abierto el mejor de los ecosistemas para nacer y expandirse. Ellas son la salsa del sistema económico reinante. La destrucción creativa de Schumpeter muestra todo su potencial en estas condiciones.

Sin embargo, a este sistema tan eficiente, las condiciones particulares de las personas le traen sin cuidado, la competencia es feroz y si se permiten el lujo de tener corazón más allá del necesario para quedar bien ante los consumidores, otras empresas las orillarán o, peor aún, las comprarán. Además, en un mundo sin barreras el talento puede aparecer en cualquier parte y el trabajo es una mera commodity de la que apenas solo importa su precio (o, mejor aún, su bajo precio).

Sin embargo, y a pesar de la poderosa labor de lobby que muchas de las empresas emprenden, en nuestros Estados liberales el sujeto del derecho a voto es la persona, la física, no la jurídica. Y, por eso, merced a la democracia, los votantes (que también son consumidores, trabajadores y propietarios) pueden expresar sus preferencias o incluso su malestar más profundo. Muchos de ellos han sufrido en sus carnes alguno de los contratiempos de esa globalización: la pérdida de salarios en los trabajos poco cualificados, la desmoralización de sus empresas, la invasión de su cultura; en suma, un aumento considerable de la incertidumbre sobre el futuro.

En las sociedades no democráticas, las vías de expresión no pasan por las urnas, sino que encuentran otros caminos, como las revoluciones, las primaveras árabes o la militancia en movimientos como Daesh o Alqaeda. En las más cercanas a nosotros, al menos podemos votar. En nuestro caso, la sensación es de enfado con el sistema, nuestras esperanzas no encuentran un escenario favorable sobre el que proyectarse y culpamos a los artífices de las decisiones gubernamentales, ellos son parte de “la casta” sobre la que ejercen sus presiones las empresas. Y la forma de protestar, ya que solo podemos hacerlo cada 4 años es optar por opciones antisistema, normalmente de la izquierda o la derecha más extrema, que coinciden en su populismo y en sus promesas de mejoría y seguridad en el futuro que aún no se han visto frustradas (en esta generación). En cierta forma, el guerrillero sirio antigubernamental, el terrorista suicida que se inmola en un aeropuerto, el votante de Syriza, el que ha optado por el Brexit o el que ha elegido la papeleta de Trump son diferentes resultados del mismo problema: la falta de dimensión humana de la globalización (de esta globalización).

Las reacciones proteccionistas son la respuesta al miedo, al dolor de sentirse descolocado, inseguro respecto al futuro y presa del desinterés de los poderosos. La globalización se está enfrentando al reflujo de sus primeras envestidas. En cierta forma, posiblemente sean las propias tecnologías que han impulsado el proceso parte de la respuesta a muchos de nuestros males. Son una herramienta magnífica para ejercitar la transparencia por parte de empresas y políticos y el control por parte de los ciudadanos (votantes y consumidores). Y también es posible que una parte importante de las decisiones que se toman de forma indirecta a través de nuestros parlamentarios puedan ser adoptadas directamente por los ciudadanos votando las diferentes opciones.

La globalización está provocando, paradójicamente, que el sistema que la ha visto nacer tenga que transformarse para sobrevivirla. En ese punto estamos… Entre la posibilidad de alumbrar un mundo mejor, o la de hundirnos en un período de odio y desconfianza.

miércoles, agosto 10, 2016

Día del déficit ecológico: cada año antes

Los más viejos del lugar recordarán cuando en esta web se hablaba mucho de la economía ecológica y del cambio climático. No es que ya no me interesen estos temas, lo siguen haciendo, y cada vez me preocupan más, pero mi disponibilidad de tiempo para elaborar entradas de este y cualquier otro tema se ha visto muy mermada en los últimos años.
Hace dos días se publicó el día de la sobrecapacidad ecológica del planeta, un indicador que calcula la Global Foodprint Network y que es una fecha. Supuestamente es el día a partir del cual los humanos hemos agotado los recursos renovables anuales del planeta y comenzamos a utilizar los "ahorros" acumulados a lo largo de la historia.
He estado buscando una forma de representar visualmente el avance que se ha producido en esta fecha a lo largo de los últimos años, lo que implica que cada vez entramos antes en déficit y que, por lo tanto, aumentamos la presión sobre los recursos acumulados.
Finalmente, he optado por representar la porción de año dentro de los límites de la sostenibilidad. Hemos pasado del 96,7 % de 1987 al 60,3 % de este año... Preocupante, ¿verdad?
Fuente Global Foodprint Network

jueves, julio 21, 2016

El principio del fin de la globalización

Nada está escrito. Aunque algunos renglones son como esos versos de rima sencilla cuya última palabra se adivina de manera casi natural. Hablamos de la globalización como de un fenómeno sin vuelta atrás, con una inercia tan poderosa que es prácticamente imposible detener. Pero, en realidad, no deja de ser un fenómeno básicamente social y económico. Tiene inercia, claro que sí, pero no es como la del calentamiento global, sobre el que apenas podemos ya nada más que protegernos de sus consecuencias y mitigarlas. La globalización es una elección consciente de los agentes económicos, impulsada por círculos políticos y académicos que creen en la superioridad de las economías conectadas y abiertas al comercio y a los capitales internacionales.
El problema es que, aunque es cierto que se producen mejoras de eficiencia, y grandes beneficios para las sociedades inmersas en el proceso, también lo es que dicho proceso nunca es neutral para las economías, y mucho menos para las personas. Se producen vencedores y perdedores. Los primeros, obviamente, no tendrán problemas con el proceso, pero los perdedores seguramente hubieran preferido que no existiera ninguna apertura comercial.
Posiblemente, en una escala menor, la globalización generaría perdedores de forma mucho más equilibrada. Pero dado el volumen actual del fenómeno nos encontramos con una concentración de perdedores en las clases medias de los otrora poderosos y ricos países occidentales. Aquellos en los que el populismo avanza a pasos agigantados. El populismo en Europa y Estados Unidos se alimenta del miedo a la competencia de los inmigrantes (único mercado que sobre el que se siguen poniendo barreras). Se alimenta del malestar de sus clases medias venidas a menos. En muchos casos es posible que las desigualdades extremas tengan más que ver que la propia globalización, pero la naturaleza de este fenómeno favorece que quienes poseen más capital puedan aprovechar de manera más directa las ventajas derivadas del mismo.
El resultado es que en los países ricos una creciente proporción de ciudadanos se sienten amenazados. Algunos por el terrorismo, otros por la avalancha migratoria, otros por la crisis económica, otros por la debilidad del sistema financiero o por unos gobiernos que parecen defender unos intereses que no son los suyos.
De ahí que Reino Unido haya optado por dinamitar la UE, de ahí que los austriacos casi hayan votado a un Presidente de ultra derecha. O de ahí que Turquía haya decidido dejar de mirar a la UE o que en Estados Unidos tengan a un personaje de serie cáustica de dibujos animados como candidato a la Casa Blanca... Muchos de estos sucesos elegidos de uno en uno tienen interpretaciones locales pero, tal vez, si los miramos en conjunto no sean más que las costuras por las que está comenzando a romperse la globalización.

jueves, mayo 05, 2016

Infraestructuras políticamente incorrectas

Acabo de terminar de leer el artículo que Ginés de Rus aporta al Anuario Joly 2016, titulado "La política de infraestructuras de España: una reforma pendiente". Ese título, en realidad están buen resumen de lo que viene a continuación, esto es, que en España no contamos ni hemos contado en los últimos tiempos con una verdadera política de Trnasportes. Y, en realidad, me temo que tiene toda la razón del mundo.
Una política de comunicaciones racional no hubiera calcado la estructura radial de las carreteras a la hora de establecer los planes para el desarrollo de, por ejemplo, la infraestructura del AVE. Se hubieran debido considerar los flujos de pasajeros reales y potenciales. Seguramente algunos de los trayectos no se hubieran llevado a cabo. Tampoco se hubieran construido algunas autopistas por las que casi nadie circula, ni aeropuertos para "pasear". En realidad, si uno lo mira con cierto desapasionamiento se da cuenta de que nuestra no política produjo una serie de incentivos perversos para que los territorios pidieran sin parar más y más infraestructuras, sin tener en cuenta costes o usos alternativos del dinero que (como venía en parte de Bruselas) pagaban otros. En realidad, en el subasteo que se organizaba quedaban compradas voluntades políticas, se generaban espacios para la corrupción y también, hay que reconocerlo, las sociedades no corregían la situación con sus votos.
Una política de infraestructuras tendría que haberse planteado el futuro de las mercancías españolas en su viaje hacia los mercados del centro y norte de Europa, unos lugares en los que de forma evidente desde hace años se comienza a penalizar el camión. También habría reaccionado ante la creciente presión sobre las huella de carbono de las mercancías en unos mercados cada vez más concienciados con el medio ambiente.
Es posible que la borrachera generalizada que supuso el amplio periodo de expansión económica que desencalló en la crisis de 2008 no nos permitiera discernir con claridad el futuro, pero desde este presente vamos a dar algunos datos. Si consideramos Eje Mediterráneo a las provincias del litoral de este mar desde Cádiz hasta Gerona, y observamos los flujos de exportación de las mismas, nos daremos cuenta que esa delgada franja sale el 44,7 % de los ingresos, el 48,2 % de las toneladas y el 49,7 % de las operaciones. Recuérdese que estamos hablando de solo 11 provincias de 50. 

Fuente: Aduanas.

De todo el flujo, tan solo el 1 % del total salió por ferrocarril, mientras que el 39 % lo hizo por mar y el 53 % por carretera. Un porcentaje, este último, que nos puede terminar saliendo muy caro… Porque, en Europa, desde hace muchos años se trabaja por las autopistas del mar, por el ferrocarril para mercancías y por la intermodalidad, destinando el camión para distancias medias y cortas. Claro que es posible que esto no le importe a nadie, porque para cuando estemos fuera del mapa, los políticos y gestores de lo público ya no estarán en sus puestos.

Fuente: DATACOMEX.