sábado, julio 28, 2007

Verdades, mentiras: perdedores

Ayer, tras escribir la entrada correspondiente al documental de la BBC me quedé con muy mal cuerpo. Sobre todo porque a renglón seguido me puse a mirar los contenidos de Nature y pude comprobar que el asunto del cambio climático de origen antropogénico está lejos de aclararse. Un nuevo estudio publicado por Nature y referenciado por la BBC, establece una relación entre los cambios en los patrones de lluvia en las latitudes del Norte y la actividad humana, lo que nos hace seguir viviendo en el mundo de la duda constante.


Además, seguí reflexionando sobre lo del espacio ecológico y los países subdesarrollados. Me da la impresión de que en los últimos tiempos, la virulencia del debate sobre el cambio climático está desviando la atención de otros temas y, lo que es peor, está centrando tanto la atención en él que todo lo demás termina supeditado y hasta desaparecido.
Hace unos años, los temas del milenio y las posibilidades de acabar con el hambre en el mundo eran la estrella del debate económico. Sachs era la estrella. La economía ecológica centraba sus argumentos en la imposibilidad física de aumentar indefinidamente los recursos del plantea.
Sin embargo, ahora parece que todo el problema es el cambio climático, se ha convertido en el asunto prioritario de las agendas políticas y los economistas nos hemos lanzado a calcular los costes y beneficios de actuar o no contra él.
El riesgo añadido que le veo a esta omnipresencia del cambio climático es que si, por casualidad, la teoría del calentamiento global antropogénico resultase falsa, posiblemente pensaríamos en que las medidas de contención no estaban justificadas, condenando nuevamente a los países subdesarrollados a pobres a seguir viviendo de las migajas de espacio que les dejamos los ricos.

viernes, julio 27, 2007

Calentamiento Global y BBC (y 2)

Ya he terminado de visionar el documental de la BBC. A los argumentos que señalaba el otro día hay que añadir tres más:
  1. El que hace referencia a la relación entre la actividad solar y el clima.
  2. La relación entre la izquierda antisistema y los movimientos ecologistas como Greenpeace.
  3. Y el que establece el argumento de que la supuesta lucha contra el cambio climático es, en realidad, una tragedia para África.
Con respecto al primer argumento, es una explicación más clara de lo que se contenía en el artículo de Jawarowski que comentábamos el oreo día, y que supone que la relación entra la actividad solar y el clima se establece a través del mecanismo de creación de las nubes. A mayor actividad solar más radiación entrta en nuestro sistema y menos rayos cósmicos, que son los que favorecen la creación de nubes. Al haber menos nubes y más radiación, aumenta la temperatura, que provoca el calentamiento lento del mar y finalmente, éste, expulsa CO2. Esta argumentación encaja muy bien con los datos disponibles y está en contradicción con los resultados de este otro artículo que mencionaba unos días antes. La cuestión es que los científicos que aparecen en el documental son de primer orden y sus argumentos están muy bien hilvanados, incluso se menciona el documental de Al Gore y los fallos que supuestamente éste contiene. Las relaciones de causa efecto y las contrariedades de la teoría del calentamiento global de origen antropogénico hacen que resulte tremendamente verosímil todo lo que cuestionan. En el documental se escarba en la conformación política de la teoría, impulsada a la vez desde la derecha (una Margaret Tacher que quería desprestigiar a la industria de la energía fósil para apostar por la nuclear que no genera CO2 y que dio dinero para demostrar la teoría) y desde la izquierda anticapitalista, interesada en demoler la base energética del sistema.
Aquí entronca con el segundo argumento, creo que lo más controvertido de todo el documental, y que plantea que los movimientos ecologistas fueron el lugar de recalo de los izquierdistas desubicados tras la caída del Muro de Berlín. El intento de fusionar ecologismo con anticapitalismo y antiglobalización me resulta demasiado basto, ya que en el ecologismo hay multitud de sensibilidades políticas. De hecho, creo que los movimientos antisistema han encontrado un argumento más en la conducta autodrestructiva de nuestro modelo de desarrollo actual, y hasta puedo considerar que algunos movimientos ecologistas estén siendo movidos por grupos antisistema, pero de ahí a confundirlo todo en un totum revolotum, va un gran abismo que no estoy dispuesto a cruzar.
En cuanto al tercer tipo de argumentaciones, me resulta diavólico. La economía ecológica está comenzando a usar el concepto de espacio ecológico, espacio del que abusamos los países desarrollados, no dejando espacio para los países subdesarrollados. En algún otro momento de esta bitácora he mencionado mi preocupación porque los argumentos ambientales terminaran siendo una losa más sobre estos países. No tiene sentido pensar en una sociedad de impacto cero. Es hoy por hoy, absolutamente imposible. Así que hay que esforzarse por minimizar en lo posible el impacto, sea o no culpa nuestra el calentamiento global. Pero no podemos dejar, a la vez, que ese coste recaiga de manera uniforma sobre todos los países de la Tierra. Si fuera cierto el origen antrópico del calentamiento, sería mucho más humano y ético sacrificar parte de nuestro desarrollo, de lo que consideramos nuestro espacio ecológico para dejar espacio a los que no lo han tenido.

El Castillo blanco, de Orhan Pamuk


Pamuk recibió el Nobel de literatura en 2006 y, desde entonces, tenía pendiente leer algo suyo. Siempre he procurado hacer acopio de autores de países "exóticos", desde el punto de vista de la literatura occidental, normalmente con sorpresas realmente agradables. Pero nunca había leído nada de ningún autor turco.
Me enfrentaba a la novela con la prevención que me causan los premios, causada a su vez por mi gusto por los perdedores, probablemente. La historia, dentro del género de los paralelismos, o de los hombres que se intercambian sus vidas, presenta la originalidad de que sucede entre dos personas de mundos supuestamente opuestos, dos "civilizaciones" enfrentadas, con visiones del mundo y de la religión distintas y con intereses también diferentes. Un italiano y un turco, parecidos físicamente, unidos por la ciencia, poco a poco, entre juegos crueles y mentiras, se van contando sus vidas y se van haciendo uno.
Durante 20 años conviven, mientras a su alrededor un sultán niño se hace hombre y los llama a su presencia, entrando así en el círculo de lealtades y envidias de la corte.
Es, más que una novela histórica, un thriler psicológico, en el que una y otra vez se juega con el lector a que crea que el cambio es posible. Por eso, cuando se produce, no resulta una sorpresa. Ni tampoco se nos hace extraño el capítulo final.
Sin embargo, ha habido momentos de la narración que me han aburrido solemnemente, en los que me he sorprendido contando las páginas que restaban para acabar el capítulo, como hacen los niños impacientes para medir la distancia de su sufrimiento. No sé si el refreno de esas páginas tiene más que ver con una mala traducción, que con un indisimulado esfuerzo del autor por agrandar el número de páginas. Así que daré una nueva oportunidad a Pamuk, aunque no sea una de mis prioridades actuales.
Mi calificación: 6,5 sobre 10

miércoles, julio 25, 2007

Calentamiento global y BBC

Gracias a Princesa de un Sueño infinito he tenido conocimiento de este documental de la BBC que os pego a continuación:

Aún no he tenido ocasión de verlo entero, tan sólo he visionado unos 15 minutos. De éstos, la mayor parte articulan los siguientes argumentos:

  • El IPCC está regido por políticos
  • Siempre ha habido cambio climático
  • NO hay evidencia de relación entre CO2 y aumento de temperatura, incluso hay evidencia de que no se relacionan.
Las dos primeras argumentaciones tienen sendos serios problemas. La primera es directamente una estupidez. No me imagino a los funcionarios de la ONU escribiendo informes científicos. Si me los imagino encargándolos. Incluso puedo llegar a pensar que les interesa estar en la cabeza del león del proceso de lucha contra el CO2 de origen antropocéntrico, el protagonismo suele gustar a todos. Pero de ahí a que todo esté contaminado, la verdad, hay un abismo.
El segundo no tiene discusión. Evidentemente, siempre ha habido cambio climático. Y siempre lo habrá (al menos mientras siga existiendo el planeta) y no sé de nadie que no esté de acuerdo con esto. Lo que está en cuestión es si nuestra actividad ha influido en dirección del cambio o no.
El tercero me deja perplejo. Si no hay relación entre temperatura y CO2 ya no entiendo nada. Unos dicen que la temperatura sube a causa del aumento del CO2. Otros asumen que el CO2 aumenta precisamente porque lo hace la temperatura, el mar se calienta y se reduce su capacidad para retener CO2. Pero si no hay relación, ninguna de las dos visiones es cierta. ¿Cómo es esto posible?
Espero que el resto del documental lo aclare...

Vacaciones

Ayer, a las 15:00 horas oficialmente comenzaron mis vacaciones de verano. Antes de empezar tuve que presentar nuestro Boletín de Coyuntura Trimestral, con las peores noticias para la economía almeriense desde 2001. Y es que, por primera vez en mucho tiempo, tenemos claro que nuestro proceso de convergencia continuo con la media nacional se va a romper.
El problema básico es el cambio de patrón en el crecimiento. El parón de la construcción no sólo tiene un efecto directo sobre el volumen de nuestro PIB, sino que genera un pernicioso círculo vicioso en el mercado de trabajo. Al ser un sector de relativo bajo valor añadido genera mucho empleo cuando va bien, pero también mucho desempleo cuando no va bien. Y este es el caso.
Hoy por hoy, la construcción destruye más empleo del que son capaces de asumir el resto de sectores. Y, para nuestra desgracia, el otro gran consumidor de empleo que es el turismo está viviendo una de sus peores épocas en la provincia.
La agricultura vuelve a ser nuestro salvavidas económico nuevamente. A ella y sus ramas de industria y servicios auxiliares (ISA) nos encomendamos...

lunes, julio 23, 2007

La vida en la frontera, de Íñigo Moré


En este ensayo Íñigo Moré, del que ya he tenido ocasión de hablar en este blog (qué poco me gusta esa palabra), platea la realidad poliédrica y multifacética de las fronteras desiguales. Lo primero que llama la atención es la obviedad de la excepcionalidad de las fronteras desiguales. Y digo esto, porque me da la impresión de que estamos tan acostumbrados a ver las enormes diferencias entre nosotros y Marruecos como la cosa más normal del mundo.
La segunda cuestión llamativa es el camino ascendente de nuestro "escalón" (las diferencias entre nuestro PIB per cápita y el suyo). Un ascenso tan llamativo como la disminución en el existente entre Polonia y Alemania.
Este estudio pone de relieve aspectos sociológicos, históricos e institucionales que están debajo de la brecha entre los vecinos más desiguales del mundo. Está lleno de párrafos absolutamente esclarecedores. Me gusta especialmente uno sobre las diferencias raciales y cómo, por ejemplo, ser hispano, católico y hablar español es la clave de la superioridad del dominicano frente al haitiano, características que son vistas por desprecio por los blancos, protestantes y angloparlantes estadounidenses. La blanquitud de los rusos es vista por los finlandeses como la base de su superioridad. Y hasta el idioma árabe y el islam, que son los parapetos tras los que nos escudamos los españoles para minusvalorar a los marroquíes, es usado por Arabia Saudita como elemento de desprecio hacia Yemen, a su juicio mucho menos musulmán.
Por otro lado, el libro cuenta con un interesante anexo en el que se recogen los escalones entre las distintas fronteras de la Tierra, tanto en términos de PIBpc nominal, como en paridad de poder de compra (PPP).
Finalmente, cabe destacarse la elegancia con la que está escrito. Hacía tiempo que no veía una prosa tan cuidada en un texto supuestamente técnico, aspecto éste muy de agradecer.
Sólo me cabe darle la enhorabuena a Íñigo Moré por esta obra que, sin duda, pasará a formar parte de mis recomendaciones a los alumnos este próximo curso.

Puntuación: 8,5 sobre 10.

jueves, julio 19, 2007

Respuesta al anónimo veneciano

Hace unos días comentaba en el blog un artículo sobre la relación entre el flujo solar y el calentamiento global. Alguien puso un comentario sin dar ninguna indicación de nombre o correo electrónico. Este es el simpático texto que esputó:

porquería de blog y fanático en ristre.

este articulo de Jawarowski demuestra que todo lo que dice este tipo es diarrea científica:

http://www.larouchepub.com/eiw/public/2007/2007_10-19/2007-11/pdf/38_711_science.pdf
Bien, creo que esto lo dice todo y que al acusarme de fanático en ciernes de esa manera está poco menos que definiéndose como tal. Si se hubiera molestado mínimamente hubiera descubierto que dudo, aunque tiendo a creer que existe relación entre los niveles de CO2 y los aumentos de temperatura. No niego ni me cierro a ninguna posibilidad mínimamente contrastada, creo que la ciencia es ciencia siempre que mantenga el espíritu crítico y no se transforme en fé, en dogma, que hay que creer a pies juntillas. El artículo que referencia de Jaworowski, plantea serias contradicciones y problemas en los datos del IPCC, comenzando por la propia información de partida, y en sus conclusiones. A modo de resumen, las críticas de este físico hacen referencia a los siguientes aspectos:
  • La cantidad de CO2 emitida por los humanos es ridícula en comparación con el CO2 emanado de forma natural.
  • La famosa curva en forma de palo de hockey es falsa porque está mal calculado el nivel de CO2 antiguo y se han realizado ajustes arbitrarios en la misma para encajar los datos con la teoría.
  • Las emisiones de CO2 son un efecto del calentamiento, emitidas por unos océanos más cálidos, y no una causa.
  • Hay una clara relación entre los flujos de rayos cósmicos y la actividad del sol y la temperatura media global de la Tierra.
  • No se está produciendo un aumento del nivel del mar como el predicho por la teoría, ni el deshielo puede justificar los aumentos de volumen del nivel del mar.
  • En realidad, estamos a punto de asistir a una nueva Pequeña Edad de Hielo como la pequeña acaecida durante la Edad media.
Los argumentos que plantea son convincentes, pero no tienen por qué ser ciertos, ni falsos. Respecto a lo que plantea sobre los problemas de la serie en forma de palo de hockey, no es el único, ni el primero. Es más en la fuente del artículo origen de la indignación de mi comentarista anónimo hay un post relativo a esta cuestión.
Ahora bien, si se hubiera molestado en leer el artículo, se hubiera dado cuenta de que estos investigadores plantean que, mientras que las mediciones actuales de la actividad solar apuntan hacia una menor intensidad de la misma, como señala el propio Jaworowski que debía pasar, la temperatura no parece responder aún a este movimiento, sino que sigue su tendencia creciente. Así que, una de dos, o bien las variaciones en la actividad solar actúan sobre el clima de la tierra con un retardo de más de 20 años (desde 1985 está siendo menor la actividad), o bien su poder de influencia sobre el clima de la Tierra no es el que era. Lo primero no parece probable, lo segundo nos llevaría a plantearnos la pregunta de: y, entonces, ¿qué o quien es el responsable del aumento de las temperaturas? ¿Podría serlo el propio aumento de la temperatura de los mares, que ha puesto en marcha un proceso de retroalimentaciones que no podrá pararse hasta que se reduzca su inercia? ¿Podría ser responsabilidad nuestra? No lo sé. Así que vuelvo al principio de prudencia valorativa de los contables.

lunes, julio 16, 2007

Los países pobres no se involucran, ¿o sí?

Nuevamente recurro a The Economist, y otra vez en un artículo curioso. En el artículo se referencia un informe del HSBC en el que se vienen abajo algunas de las presunciones que solemos tener a la hora de hablar sobre la forma en la que los países enfrentan el problema del cambio climático en función de su riqueza. Así, solemos pensar que los países pobres no se preocupan por este problema por dos razones básicas: la primera es que el proceso de calentamiento acelerado no es culpa suya, y la segunda es que sus prioridades suelen estar en otros ámbitos: salud, educación, pobreza, hambre...
Sin embargo, este informe, siempre según The economist, deja claro que las poblaciones de los países pobres consideran el cambio climático de forma más prioritaria que los habitantes de los países ricos y, desde el punto de vista de las metidas de mitigación, los ricos se muestran paralizados por el pesimismo, mientras que en los países pobres se alcanzan elevadas cotas de optimismo con respecto a las posibilidades de parar o revertir las consecuencias.
¿Será que los pobres se preocupan más porque son los que van a perder más? ¿Será que un pesimista es un optimista bien informado?

Pues va a ser que no: no es el Sol

Los 4 ó 5 lectores fieles de esta bitácora (mira que me gusta poco lo de blog) sabrán que en alguna ocasión he estado tentado de pensar que, efectivamente, el Sol tiene un papel relevante en el Cambio Climático. Sin embargo, hoy he leído una referencia en Real Climate que me ha llevado hasta este artículo de Lockwood y Frölich al respecto del papel de nuestro astro en el actual proceso de calentamiento global.
Estas son sus conclusiones tras revisar las tendencias de la actividad solar:

There are many interesting palaeoclimate studies that suggest that solar
variability had an influence on pre-industrial climate. There are also some
detection–attribution studies using global climate models that suggest there was
a detectable influence of solar variability in the first half of the twentieth century
and that the solar radiative forcing variations were amplified by some mechanism
that is, as yet, unknown. However, these findings are not relevant to any debates
about modern climate change. Our results show that the observed rapid rise in
global mean temperatures seen after 1985 cannot be ascribed to solar variability,
whichever of the mechanisms is invoked and no matter how much the solar
variation is amplified.

Lo señalado por mi en negrita significa: nuestros resultados muestran que el rápido incremento en las temperaturas medias producidas después de 1985 no puede ser adscrito a la variabilidad solar.
Es más, de los gráficos que acompañan al estudio, cabe plantearse un comportamiento contrario de las tendencias de la actividad solar y las temperaturas terrestres. Es decir, que si no hubiera nada aparte de la actividad solar en la explicación de las temperaturas, deberíamos estar sufriendo una nueva edad del hielo.

Las quimeras de los hombres

Esta mañana me he econtrado con el siguiente artículo en The Economist (extraño lugar para un artículo como éste, por cierto). Partiendo del hecho de que la Oficina de Patentes de
Estados Unidos sólo aceptará patentes sobre máquinas de movimiento perpetuo si éstas vienen acompañadas de un prototipo, hace un recorrido por la historia de un sueño imposible (so pena de contravenir las leyes de la termodinámica), a medias entre la locura y la estafa.
Resulta inspirador comprobar cómo los seres humanos nos empeñamos en perseguir utopías de las más diversas índoles: el movimiento perpetuo, la transmutación en oro (o piedra filosofal) o, más recientemente, el petróleo eterno.
Me da la impresión de que en términos de especie actuamos como un martillo pilón. Uno tras otro nos vamos golpeando la cabeza contra el muro, un muro que termina la mayor parte de las veces rompiéndose (entonces a eso le llamamos avance científico). Sin embargo, otras veces, escogemos muros imposibles de derribar y, como un niño enrabietado, en lugar de olvidarlo, nos emperramos en seguir dando cabezazos una y otra vez, una y otra vez: como una máquina de movimiento perpetuo...

jueves, julio 12, 2007

¿En qué se parecen una piedra y el iPhone?

En el diseño, por supuesto. Esta fue la conclusión a la que llegamos ayer, Diego Martínez Cano (presidente de la Cámara de Comercio de Almería y consejero delegado de Cuéllar, Arquitectura del Mármol) en una charla sobre innovación, diseño y canales de comercialización.

Evidentemente, se puede explicar con más detenimiento. Al principio, tanto Apple (la empresa que fabrica el iphone, como los empresarios del mármol de Almería, explotaban unos productos de calidad superior, muy por encima de la media del mercado. En el caso de la empresa de Cupertino, tenían un ordenador todo en uno (el famoso Macintosh) dotado con un sistema operativo "de ventanas" en el mercado para 1984. Los competidores no tuvieron nada parecido hasta la salida de windows 95, en 1995. Por su parte, los fabricantes y canteros de Macael, dispusieron durante gran parte de su historia de un material de cualidades fisicoquímicas inmejorables (el también famoso mármol blanco de Macael). Cada uno vendió su producto en mercados expansivos, conscientes de la superioridad que ostentaban frente a la competencia y durante unos años el crecimiento del mercado ocultó los problemas de fondo que aquejaban a uno y otro producto. Poco a poco se fueron concentrando ambos en nichos específicos: el uno en el sector de la edición gráfica y las imprentas y el otro en el de la solería para construcción. Esa especialización, en el fondo, alejó a ambos productos del devenir general del mercado y, a medio plazo, los abocó al colapso.
Apple erró en su estrategia, porque minusvaloró el poder de la variable precio en cuestiones tecnológicas, y no licenció a terceros su tecnología, dejando cada vez mayores campos de actuación para los competidores del mundo PC con windows, que, a base de luchar entre ellos, lograron abaratar el precio de la capacidad de procesamiento que comenzó a ser rentable utilizar esa tecnología inferior. Por su parte, las empresas del mármol fueron bien hasta que el sector de la construcción, su principal cliente, se vino abajo tras los fastos de 1992 (Olimpiada de Barcelona, Capitalidad cultural europea de Madrid y Expo Universal de Sevilla). El golpe fue colosal.
Los empresarios del mármol reaccionaron buscando nuevos mercados, y se lanzaron a la exportación, lo que indujo un notable aumento de la variedad y gama de productos fabricados en la comarca. Apple intento crear el mercado de las PDA con su Newton, pero fracasó (¿demasiado pronto, tal vez?). También licenció su sistema operativo, pero para entonces su cuota de mercado era tan exigua que lo único que logró fue que los clónicos Mac le robaran todavía más porción del pastel. El plan de los exportadores de mármol y de Apple no era perfecto, evidentemente. La competencia global se hizo muy dura con un euro más caro que el dólar, dañando seriamente la competitividad de la piedra natural, y la credibilidad de Apple tras los reiterados fracasos estaba por los suelos.
En realidad, ambos productores acabaron dándose cuenta de que el mercado de consumo era mucho más sutil de lo que parecía a simple vista. Y que los consumidores estaban dispuestos a pagar más por un producto atractivo.
Así, Apple renació de sus cenizas gracias al iMac, un ordenador todo en un o con una atractiva carcasa de color azul, primero, que terminó adoptando diversas tonalidades. No era nada nuevo, y sin embargo era totalmente distinto a cualquier otro ordenador que hubiera en el mercado. Rápidamente el nuevo buque insignia de la empresa de la manzana ocupó espacio gratuito en los telediarios, en las revistas, en los catálogos de muebles, en los anuncios de publicidad y en las películas de Hollywood. Los empresarios de Macael, acuciados por la competencia de China, Brasil y Turquía debieron dirigirse también hacia el dieño. Así, el aburrido suelo liso de mármol blanco acabó convertido en mil y una piezas de decoración de distinto tipo, y de diversos colores: fuentes, chimeneas, mobiliario urbano, muebles, molduras, balaustradas, esculturas, etc.
Pero Apple siguió adelante. Cuando logró que la marca fuera nuevamente reconocida por el mercado volvió a sorprender con un producto sencillo y elegante: el iPod. Primero blanco, luego de muy diversos colores y tamaños. Yendo aún más lejos, hace unos días revolucionó un mercado casi maduro, en el que el número de productores estaba asentándose y en el que habían comenzado las fusiones entre los grandes. Nos referimos a la telefonía móvil. Con un solo producto, en solo un fin de semana, Apple vendió más de 200.000 iPhones y demostró que se puede ser innovador en cualquier terreno y que el valor de la marca es mucho más poderoso en la psique de los consumidores de lo que pudiera parecer en principio.
¿puede Apple seguir dando pistas a los empresarios del mármol? Uno de los últimos pasos de la empresa de Cupertino es la apertura de grandes tiendas de venta al por menor propias. En ellas, personal especializado atiende al consumidor y le muestra las ventajas de la plataforma Mac, al tiempo que potencia aún más su imagen de marca.
Con las tiendas y con el éxito del iPod y del iPhone, Apple se ha abierto camino en nuevos mercados y, de paso, ha logrado nuevos clientes para su antaño producto estrella: el Mac, convenientemente remozado cada pocos años (una media de dos).
Marca y distribución, dos herramientas que han funcionado en el caso de Apple en el mercado de la informática de consumo, que logran una doble presencia en el mercado: una posición relevante en la mente de los consumidores y un importante feedback a través de la cadena de distribución propia. ¿Será también ésta la vía para los productores de mármol?

martes, julio 10, 2007

La vieja innovación

No puedo por menos que dejar escapar una sonrisa cuando asisto al auténtico circo que se ha montado en los últimos años en torno a una obviedad conocida desde siempre: la innovación es el principal motor del desarrollo. Sobre todo si éste lo medimos desde el punto de vista del PIB. La innovación nos da lugar a nuevos productos, a nuevos mercados, a nuevas formas de fabricar los productos, a nuevas formas de intervenir en los mercados, a nuevas formas de organizar las empresas, etc., etc., etc.
Y es que, evidentemente, nada de eso es nuevo, siempre ha estado ahí, presente: desde que alguien pensó que podría cortar las tiras de carne con una esquirla afilada de piedra mejor que con los dientes. Estuvo cuando alguien imaginó la posibilidad de la rueda como elemento que facilitase el transporte. O cuando alguien pensó en que ese mismo invento aplicado a la guerra en forma de carro podría resultar decisivo, haciendo del ejército sumerio el más poderoso de su época. Si me apuran, la innovación es la verdadera madre de las revoluciones industriales y de la jovencísima revolución digital. Estamos hablando, por tanto, de algo consustancial al ser humano y, por tanto, a su actividad económica, desde siempre. La innovación, la i minúscula, ha estado ahí incluso antes que el propio I+D.
En este mismo orden de cosas, quiero hacer notar un par de obviedades, otras más, que a veces no se verbalizan (por notorias), pero que por eso mismo, a veces se olvidan: la innovación requiere un clima social y económico favorable, así como personas con imaginación. Y ambos condicionantes deben darse a la vez. Si damos por sentado que una de las habilidades intrínsecas del homo sapiens es su capacidad para el pensamiento abstracto, sólo necesitamos que la sociedad esté suficientemente abierta a los cambios como para que las innovaciones prendan y se multipliquen. Una sociedad aferrada a sus tradiciones, poco dada a los cambios, verá al innovador como una amenaza y, por consiguiente, acabará quemándolo en una hoguera por brujo o por hereje.
Así que la innovación, en realidad, es bastante vieja. Lo que posiblemente si haya cambiado es la forma en la que la buscamos. Al menos en el mundo de la empresa. El esquema dominante hasta hace unos años era buscar innovaciones para superar las crisis. Si se lograba, se explotaba la innovación hasta que hiciera falta encontrar una nueva. Actualmente, sin embargo, la mayor parte de las empresas viven en términos de innovación en una carrera constante por encontrarla y aplicarla. La globalización de la competencia y de los mercados ha provocado que las crisis puedan aparecer de un día para otro, por lo que las empresas deben estar constantemente buscando nuevos caminos, evitando en la medida de lo posible las emboscadas del mercado.

lunes, julio 09, 2007

¿Acabará el homo catalizador con el homo economicus?

A base de hablar con expertos y leer diversas fuentes creo que estoy por fin dando forma definitiva a una imagen sobre el papel del ser humano en el proceso de cambio climático acelerado en el que nos estamos desenvolviendo.
Como ya he comentado en otras ocasiones, el cambio climático es consustancial a la atmósfera terrestre. La deriva de los continentes, los cambios en la composición de la atmósfera, la forma e intensidad con la que recibimos las ondas solares, etc., son muchas las razones que a lo largo de la historia del planeta contribuyen a explicar la evolución de las temperaturas y los fenómenos metereológicos. La novedad de la situación actual es que hay una especie animal que está contribuyendo de manera importante a cambiar la composición de la atmósfera, aumentando de forma acelerada la concentración de gases de efecto invernadero (GEI). Esa especie, obviamente, es la especie humana, que ha montado un complejo sistema de relaciones basado en el consumo de energía de origen fósil que emana CO2 en su proceso de conversión energética. Paralelamente, la misma especie ha estado contribuyendo a la desforestación acelerada de la mayor parte de los territorios que ha ocupado, a través de la conversión de bosques y selvas en prados o en parcelas de cultivo, con el efecto inducido de perder a uno de los grandes fijadores de carbono de los que se había dotado la naturaleza.
Sin embargo, dado que los procesos de cambio climático se producen a niveles de tiempo geológico, la intervención humana no está variando sustancialmente la dirección del mismo. Pero la está acelerando. De ahí el término de homo catalizador que se ha dado en el título de este artículo. Este planteamiento da pie a que algunos investigadores piensen que las medidas de mitigación son básicamente absurdas, ya que el mecanismo se ha disparado y su propia inercia es tan grande que nada de lo que hagamos nos permitirá volver a la situación climática de partida, postura que en cierta medida comparto pero que rechazo por cuanto las medidas de mitigación que se han venido proponiendo tienen a su favor una mejora de la relación hombre-naturaleza que a largo plazo será sin duda beneficiosa para nuestro futuro como especie.
A partir de aquí se plantean escenarios apocalípticos que, dado el nivel de sobreabundancia que ha alcanzado la especie humana, apenas significará una mella en nuestro avance hacia el mundo demográficamente lleno del que ya se ha hablado en este blog (es decir, no vamos a desaparecer como especie por motivo del cambio climático). Ahora bien, las implicaciones sobre nuestra calidad de vida de estos escenarios, junto con la toma de conciencia de nuestro papel como elementos insertos en el ecosistema planetario (la famosa Gaiga), pueden plantear cambios en una de las esferas actualmente más importantes de nuestra vida: el sistema económico.
Las revoluciones industriales primero, y la revolución digital después, contribuyeron a globalizar el sistema económico, ampliando los mercados y amplificando los efectos de las decisiones económicas de algunas empresas de dimensión multinacional. El mercado ha pasado a ser una especie de sancto sanctorum incontestable, sinónimo de eficiencia absoluta y enemigo de los derroches y de las ideologías alienantes de la individualidad.
Sin embargo, el tiempo que estamos viviendo y el que posiblemente nos quede por vivir pondrá de relieve la necesidad de cambiar el sistema de valores de los seres humanos. La deificación de la propiedad privada será cada vez más controvertida en su enfrentamiento con el bien común (un bien común ahora también globalizado). Evidentemente no desaparecerá, pero su capacidad se verá restringida y supeditada en mayor medida que en la actualidad. Los mercados seguirán funcionando, pero más supervisados que nunca e incorporando muchos de los costes externos que actualmente soportan las sociedades, por lo que cosas como viajar en avión o poseer un todoterreno serán lujos mucho más caros que ahora, al habérseles introducido en la cuenta de resultados los efectos medioambientales nocivos.
Paradójicamente, después de haber alcanzado una economía global, los efectos ambientales globales nos harán volver los ojos a lo local, que volverá a cobrar importancia en unas cestas de la compra más selectivas.
Los mimbres para alumbrar una sociedad más sostenible ya existen y nos han sido dados (nueva paradoja) por la sociedad del consumismo desmedido en la que vivimos aún: medios digitales de comunicación instantánea, sistemas electrónicos de seguimiento de productos y procesos, un a creciente revalorización del tiempo de ocio, una mayor preocupación por la sostenibilidad ambiental...
El homo economicus puro, herido de muerte en la literatura económica contemporánea, se aproxima irremediablemente hacia su fin, gracias sobre todo a su enorme éxito.

miércoles, julio 04, 2007

JAMS vuelve al ataque

Con el provocativo titular "Anti-Gore: ¿Calentamos la Tierrra? Ni borrachos (II)" José Antonio Martínez Soler continúa su cruzada contra la idea de que el calentamiento global esté provocado por la intervención humana.
Mi estimado colega se piensa traidor a alguna causa, como ya comentamos, y comienza su alegato con dos afirmaciones:
1.- El ser humano puede o no puede influir en el calentamiento global.
No obstante, en el caso de que se pudiera demostrar científicamente su influencia, estoy convencido de que sería tan irrelevante que no tendríamos por qué preocuparnos en absoluto.
2.- Es maravilloso y estoy de acuerdo en pregonar y hacer todos los esfuerzos que nos piden Al Gore, los ecologistas del mundo entero, las ONG´s, la izquierda antisistema, los amantes de la Naturaleza, los ahorradores de energía, los enemigos de la contaminación atmosférica, etc., para mejorar la vida del hombre sobre la Tierra.


En el fondo, está poniendo la tirita antes de provocar la herida. Así que si quitamos la tirita, que es la segunda afirmación, y estudiamos la herida, nos quedamos con la pega central que se le achaca a la teoría de la influencia antrópica en el cambio climático: no estamos seguros y/o no es relevante.
Pero hay datos que apuntan (no hablaré de seguridades absolutas, pero si de elevadas probabiliades) en dos vías:

  1. La relación entre temperatura media del planeta y CO2 con una serie que se remonta a 600.000 años al menos. Es posible que no se haya calculado bien, pero desde luego la relación es llamativa.
  • 2. La relación entre emisiones de gases de efecto invernadero por parte del ser humano y su concentración atmosférica (en este punto creo que hay seguridad absoluta). De ahí que, como dice uno de los comentaristas de JAMS, el 70% de la comunidad científica esté de acuerdo con dicha teoría.


Usualmente se menosprecia este mayoritario apoyo con argumentos del tipo: "el consenso de la comunidad científica no equivale a verdad absoluta" y "los que apoyan el cambio climático están al servicio de la ONU, que es un organismo político y no científico, por lo que sus conclusiones están contaminadas". También hay quién mantiene que la efervescencia del cambio climático está relacionado con la distribución de prebendas académicas y dineros para los proyectos de investigación.
Pero, como diría Jack el Destripador, vayamos por partes...

El consenso no es sinónimo de verdad... ni de mentira
Esta afirmación es evidentemente cierta, sobre todo cuando tratamos de ciencia. Todo aquel que haya asistido a un curso de metodología de la ciencia ha oído hablar de los paradigmas y de su conformación como corpus científico. Así que daría la impresión de que la teoría dominante se está defendiendo con uñas y dientes de los ataques de los innovadores.
No obstante, hay que retrotraerse unos cuantos años. No ha sido hasta este momento que el IPCC ha tenido un verdadero eco. Este es su cuarto informe. Inicialmente hablaba de indicios, y comentaba la dificultad de vincular una cosa (el cambio climático) y otra (la actividad humana). Sin embargo, a lo largo de sucesivos informes y de variadas investigaciones de diversas disciplinas, se han ido acumulando datos que apoyan esa relación y que han llevado al 70% de la comunidad científica a alinearse con el nuevo paradigma. Es decir, este paradigma se está convirtiendo en el corpus porque parece explicar mejor la realidad que el resto. Es decir, esta es una creencia científica relativamente nueva, por lo que ha debido derribar el paradigma previamente existente, demostranto su mejor capacidad interpretativa y predictiva.

La ONU es política, ergo el IPCC está contaminado... ¿y quién no?
Esta pega es, posiblemente, un argumento a favor. ¿En que dirección estarían interesados los políticos en dirigir las conclusiones de los expertos? ¿Hacia conclusiones que generan incertidumbres sobre el el futuro o hacia resultados que minimicen el impacto sobre la ciudadanía? Normalmente los catastrofistas han estado mal vistos por el poder económico y político: a nadie le gusta tomar decisiones en entornos de incertidumbre, ni que le revolucionen a la población. A nadie le interesa que los ciudadanos se intranquilicen, pues eso haría que los votantes se volvieran aún más impredecibles. Por tanto, dando por hecho que el poder suele tender a inmiscuirse en todo, no sería de extrañar que los resultados del IPCC estuvieran "matizados". Pero, ¿en qué dirección será más probable que estén, hacia la creación de miedos e incertidumbres o hacia la tranquilidad?

Los científicos sólo buscan el dinero de los proyectos de investigación
Ni que decir tiene que en cada momento las preocupaciones de la ciencia se mueven en torno a "modas" o centros de interés, sobre todo en el ámbito de las denominadas ciencias sociales. También es cierto que las decisiones administrativas (políticas, al fin) pueden impulsar unas líneas de investigación reduciendo el interés por otras (un caso de coste de oportunidad). Pero de ahí a pensar que la comunidad científica se mueve sólo por el dinero, hay un gran abismo. Para gente que normalmente tiene una cierta seguridad en sus ingresos, en niveles usualmente elevados, la vanitas puede jugar un papel igual de importante que el bolsillo, o incluso mayor: no gana un premio Nobel el que más ingresos logra, sino el que desarrolla una mejor teoría.
En cualquier caso, de ser cierta la afirmación podríamos suponer que determinadas empresas estarían interesadas en obtener resultados contrarios a los del IPC, incluso algunos gobiernos podrían estar muy interesados en que no se generara movilización social con respecto a este tema (ni a ningún otro). Por tanto, sería lógico pensar que habría enormes incentivos por parte de las empresas para evitar tener que comprar derechos de emisión, o pagar ecotasas (como ya hicieron en su momento las empresas tabaqueras)... Es decir, muchos de los que manejan el dinero tienen más interés en la ocultación y negación de la relación de nuestras emisiones con el cambio climático que en afirmar lo contrario. ¿Quién, pues, pone ese dinero para la investigación sobre el cambio climático? ¿Los "todopoderosos" movimientos ecologistas?

martes, julio 03, 2007

El iphone en español

Acabo de escuchar el podcast 102 de Comunicando, dedicado al nuevo iPhone de Apple. Es un análisis bastante objetivo, con los pros y contras que tiene, y con un uso intensivo del aparato durante 48 horas. El interface es el gran triunfador del análisis. El analista, que trabaja en AT&T, comentaba que en 30 minutos se habían agotado todos los que estaban a la venta. "Se va a quedar con el mercado de smartphones".
El chismecito ha logrado vender 500.000 unidades en su primer fin de semana, 300.000 más de lo que habían previsto en Apple.
Da la impresión de que este aparato va a marcar un nuevo hito en la historia de la electrónica: es más que un aparato, es un fenómeno sociológico...