martes, junio 17, 2008

Papers: una ayuda para la investigación

(click para ampliar)

Acabo de comprar una licencia de un programita que es una pequeña belleza y una herramienta vital para estar al día y no perderse en el entramado de la ciencia. Se trata de Papers, un programa de Mekentosj.
Esta pieza de software permite algo tan sencillo como concentrar en un solo programa las búsquedas de bibliografía en Internet (incluye vínculos con los principales repositorios de información del mundo académico, con un sesgo importante hacia las ciencias de la naturaleza) y permite ordenar los resultados por diversos criterios, importar los PDF correspondientes y reorganizarlos con palabras clave propias.
Asimismo, contiene un plug-in para el navegador, que permite pasar a Papers cualquier documento que se consulte a través del mismo, sin necesidad de haber realizado la búsqueda en ninguno de los repositorios.
Una pequeña ayuda para este universo de sobreinformación en el que vivimos sumidos. Por cierto, parece que sólo está disponible para Mac (seguro que tiene que haber algo parecido para Windows) y en inglés, pero todo se andará.

miércoles, junio 11, 2008

Las huelgas, los precios del petróleo y el riesgo moral

Esta mañana Almería estaba patas arriba. Por un lado, los transportistas continuaban con su paro patronal. Por otro, los agricultores terminaban montando una batalla campal frente a las oficinas de hacienda (las mismas que asaltaron años atrás) y los pescadores se manifestaban, estos sí, pacíficamente.
Los primeros piden una tarifa mínima, los segundos una deducción fiscal y los terceros la eliminación de los impuestos del carburante. En el fondo, lo que todos ellos están pidiendo es una intervención del Estado en sus respectivos mercados. Los costes de producción en todos los casos están muy afectados por los aumentos del precio del petróleo. A los primeros, el coste de carburante es uno de los insumos variables más importantes. A los segundos, la energía y los plásticos les suponen una fuerte factura mensual y a los terceros, lo mismo que a los primeros.
En cualquier caso, lo que pretenden es quedar protegidos de los avatares de la economía y de la globalización. Los transportistas, que tienen una estructura en la que predominan los autónomos, se autosometen a una feroz competencia, en la que a veces se dejan en el camino la legalidad laboral (no respetando los tiempos máximos de conducción) o la honestidad (cargando diesel subvencionado). Los costes, con todo, no han dejado de aumentar y la rentabilidad posiblemente ya no es posible obtenerla ni siquiera por las vías menos legales, por lo que la mejor salida es buscar a alguien que imponga unos precios mínimos. El problema es que cuando las cosas iban bien, aceptaron las reglas de juego del mercado. Es más, llevaron las reglas al todo vale y, ahora que pintan bastos, quieren que el Estado les salve. Pero da la casualidad que no es posible intervenir los precios en un sólo mercado. Y menos en ese. Básicamente por dos cuestiones: la primera es que posiblemente los propios transportistas terminarían por saltarse el precio mínimo. La segunda es que el transporte forma parte de la cadena de valor de la mayor parte de los sectores, que posiblemente pedirían en cascada medidas similares para ellos, a fin de protegerse del aumento de los costes logísticos.
Con respecto a la agricultura, una parte del sector (no todas las organizaciones han secundado la huelga) pide deducciones fiscales, en línea con las recibidas en años anteriores. Deducciones que estaban motivadas por sucesos catastróficos. No obstante, a diferencia del caso anterior, es cierto que hay una enorme diferencia entre el precio percibido por los productores y el que pagan los consumidores. Pero la razón de esta diferencia está relacionada con la pequeña dimensión de las empresas agrarias que no pueden negociar en igualdad de condiciones con las centrales de compra y las grandes superficies.
Algo similar pasa con la pesca, que además se enfrenta a un problema cierto de sobreexplotación de recursos, lo que plantea un nudo gordiano de difícil solución.
En los tres casos, sectores que han vivido tiempos mejores quieren ahora "socializar sus pérdidas". Dado que estos sectores están muy atomizados, los afectados son muchos. Y cuando hay muchos en algún sector, el interés de los políticos se enciende rápido: mucha gente afectada a la que se ayuda, son muchos votos potenciales.
Pero, si terminan saliéndose con la suya, terminaremos por fortalecer el mensaje de que el riesgo empresarial el relativo, si somos muchos, cuando todo va mal, siempre nos quedará el Estado.
En cualquier caso, a lo mejor hay que proteger a las familias que pueden verse desplazadas por los efectos del mercado, pero no creo que sea inteligente abaratar artificialmente el crudo. Ya lo hicimos una vez y la crisis resultante nos llevó casi una década salvarla.

miércoles, junio 04, 2008

Los hijos de Húrin, ¿de J.R.R. Tolkien?

Se supone que este libro narra uno de los capítulos que emergen de los cantos míticos de la Tierra Media: El Silmarillion. La narración se centra en el desarrollo de la maldición que el señor del mal echa a Húrin, un hombre que ha osado enfrentarse a él. Su progenie y todo lo suyo serán borrados de la faz de la tierra. Y mientras esto sucede, él, Húrin, tendrá que verlo con los ojos de Morgoth.
Así Húrin será testigo privilegiado y torturado de la vida de sus hijos, sobre todo de Túrin, que recorrerá la Tierra Media huyendo de su destino, sin poder evitarlo en ningún momento.
En este relato, como ya pasaba en el Silmarillion, los hobbits no aparecen; orcos, hombres y elfos son los principales actores, aunque un enano tendrá que juga un papel protagonista en un momento determinado.
Aunque el autor que aparece en la portada es J.R.R. Tolkien, en realidad el libro es producto del refrito realizado por su hijo de algunos textos de su padre y que fue publicado en el año 2007. Y se nota. Se nota porque las prolijas descripciones de Tolkien no aparecen en esta ocasión (lo cual es muy de agradecer) y el desarrollo de la acción resulta más vivo que en las obras del progenitor. En cuanto a la calidad literaria del texto, no resulta excelsa, pero para los que hemos disfrutado de las historias de Tolkien en los libros o en la trilogía fílmica de El Señor de los Anillos, es una dosis más de esa tierra de fantasía en la que tras unas formas idealizadas se esconden unos sentimientos muy humanos.
Mi calificación: 6,5 sobre 10.

martes, junio 03, 2008

Sin innovación no hay empresa

Me han pedido un artículo para un anuario de La Voz de Almería. Inicialmente había pensado en un artículo más tradicional, describiendo el sistema de innovación almeriense, en el que se comienza a destacar el campus universitario como un caldo de cultivo de futuras relaciones gracias a la apuesta por la creación de un parque científico en su entorno, que se ha visto fortalecido por la incorporación del Parque de Innovación y Tecnología de Almería (PITA). Pero después de darle un par de vueltas, he pergeñado este borrador del que espero alguna sugerencia a través de los comentarios. Gracias...

Hace unas semanas tuvimos la suerte de compartir mesa y mantel con Francisco Javier Cáceres, director de innovación de IKUSI, gracias a la Escuela para la Organización Empresarial. Entre las muchas cosas que dijo este vasco de gestos escuetos hubo un par que me llamaron especialmente la atención. La primera es que innovación es todo cambio voluntario en la empresa que tiene una repercusión positiva en la cuenta de resultados. Simple, sencillo y directo. Innovación no significa invención absoluta, significa novedad en la organización que la realiza y, más aún, que tenga un reflejo en la cuenta de explotación. Tampoco se pueden aceptar como sinónimos innovación y tecnología ya que ésta, en un mundo de economía globalizada se ha convertido en una commodity más. Antes al contrario, la innovación puede provenir de algo tan poco tecnológico como un cambio en el esquema de financiación de la empresa, o en un nuevo sistema gestión de los recursos humanos.
Otra de las afirmaciones que me hicieron dar un respingo en la silla fue la de que “sin innovación no hay internacionalización”. Se refería a la necesidad de adoptar novedades en una empresa que inicia un proceso de internacionalización, que suele tener repercusiones en casi todos los órdenes de la gestión: adopción de sistemas de valoración nuevos en los intercambios corporativos, nuevos métodos de control, adaptaciones del producto o servicio a los nuevos mercados, incorporación de nuevas capacidades en los recursos humanos de la empresa y un largo etcétera.
Esta última afirmación me estuvo rondando la cabeza un buen rato. “Sin innovación no hay internacionalización…” Es hasta cierto punto una obviedad, aunque normalmente no pensamos en ello. Aunque, si aceptamos que la mayor parte de los mercados mundiales están de una forma u otra globalizados, entonces también debe de ser cierta la sentencia “sin innovación no hay empresa”. O, dicho de la forma que lo hemos venido oyendo desde siempre: la empresa que no se adapta a un medio cada día más cambiante, no sobrevive en el mercado. Hoy la competencia, o está a un golpe de click o simplemente está al lado. Los procesos de destrucción creativa de los que hablaba Schumpeter se han generalizado y acelerado. Hablando en términos evolutivos, lo que estamos planteando es que la teoría del equilibrio puntuado ya no es relevante en el mundo empresarial. No basta con realizar grandes cambios cada muchos años. Los cambios en el mercados son tan veloces y el número de competidores tan grande que en cuestión de semanas una empresa de éxito puede ver enormemente mermadas sus posibilidades, simplemente porque se haya producido un cambio tecnológico que no supo ver o porque hay alguien que hace lo que nosotros mejor y/o más barato. Frente al equilibrio puntuado triunfa la teoría del cambio constante e incremental: pequeñas adaptaciones, a veces apenas perceptibles, que se van acumulando, dando como resultado al cabo del tiempo una nueva especie. En nuestro esquema empresarial lo que queremos decir es que las presiones competitivas constantes obligan a las empresas a estar todo el tiempo adaptándose a las condiciones del entorno, reaccionando ante las estrategias de la competencia, identificando y explotando nuevas oportunidades de mercado.
Desde este punto de vista, podemos sondear lo sucedido en la economía de la provincia a lo largo de 2007, en busca de esas pequeñas adaptaciones, de esos cambios voluntarios. Los ha habido espectaculares. Por ejemplo, el traslado masivo de explotaciones agrícolas que se han pasado al sistema de producción integrada, lo que requiere no sólo cambios en la forma de producir, lo que resulta evidente, sino que también implica un cambio en el sistema de valores de los agricultores y, en definitiva, una modificación de sus capacidades, que deben adaptarse a las nuevas condiciones.
El cambio en las capacidades, es importante, pero no es lo más relevante. Por encima de ello están las actitudes de las personas. Los conocimientos pata llevar a cabo este tipo de producción llevan mucho tiempo fuera de los centros de investigación. Sin embargo, faltaba una buena dosis de actitud por parte de los agricultores para provocar el cambio. Las crecientes dificultades de mercado han sido la espoleta que ha dado pié a esta importante transformación: la necesidad agudiza el ingenio. El siguiente paso debería ser una actitud de cambio constante, de innovación continua que nos permita no sólo adaptarnos al mercado como meros seguidores, sino marcar las tendencias del mismo.
Otra de las grandes innovaciones, vinculada a ésta, es el nacimiento de una oferta completa de servicios y productos para los agricultores para llevar a cabo este tipo de producciones. Pero, las que a la larga resultarán verdaderamente importantes para la economía provincial se están llevando a cabo en muchas empresas, en muchos procesos productivos, en muchos productos. Son las empresas, los productos o los procesos de los que viviremos en los próximos años, son los que sobrevivirán o los que heredarán el futuro inmediato. Y para saber su estamos innovando bien o mal sólo será necesario mirar la evolución de los resultados de nuestras empresas y de sus cuotas de mercado.