Guerra, ¿para qué sirve? De Ian Morris


Fue una cuestión fortuita. Un compañero de trabajo, y referenciador muy apreciado de cómics y artículos de carácter petacionista, me comentó que para Navidades había apuntado en el radar de próximas lecturas esta obra de Ian Morris. El título, hay que reconocerlo, es jodidamente bueno, casi mejor en la versión española que en la original inglesa. Porque se nos viene inmediatamente a la mente alguna respuesta. Supongo que a la mayoría lo que nos sale es algo del estilo “para nada bueno”, o “para sembrar dolor, muerte y destrucción”. Imaginé que esa era la idea del autor y que, obviamente, su objetivo sería poner en entredicho estas valoraciones iniciales.
Luego, al buscar el título en la web, me encontré con la imagen de la cubierta y en ella la razón definitiva para incluirlo en mi carta a los Reyes Magos: una excelente referencia sobre el autor de uno de mis ensayistas favoritos, Jared Diamond (referencias en este blog a dicho autor).
Tuve que esperar a las minivacaciones de Navidad para comenzarlo. Las 520 páginas de texto, no hay que negarlo, en algún momento se me han puesto un poco cuesta arriba, pero el autor sabe seguir un ritmo adecuado, manteniendo el interés del lector.
La tesis central del libro es que la guerra, paradójicamente, ha funcionado como un mecanismo creador de sociedades más abiertas, más pacíficas y menos violentas. Así, según sus estimaciones, las tasas de mortalidad por cuestiones violentas (guerras incluidas) he tendido a decrecer con el tiempo, desde las que se producían en la edad de piedra (10-20 %) hasta las de nuestras sociedades actuales (2 %).
La guerra, como muestra definitiva de la violencia es en esencia un mecanismo derivado de la evolución, que en la mayor parte de los animales tiene que ver con el alimento, las posibilidades de procreación y/o con el territorio. Mirado desde una perspectiva de largo plazo, los imperios de la Antigüedad lograron reducir las tasas de mortalidad a base de conquistar nuevos territorios y extender su control sobre ellos. Dentro de sus fronteras solían generarse crecimiento y bienestar económicos fruto en su mayor parte de las ganancias del comercio y de la paz interna. El imperio se convertía en un forajido estacionario y creaba un Leviatán para asegurar la seguridad dentro de sus fronteras y la recaudación de impuestos. Sin embargo, la evolución de los métodos de guerra (apartado más que interesante en el libro), y la expansión de los propios imperios hasta las fronteras de las estepas provocaron que se abriera un período de inestabilidad global en el que las guerras contraproducentes destejían lo que las guerras productivas habían logrado coser (sociedades más grandes y más estables).
Luego, la revolución de las armas de fuego, liderada por los pequeños reinos europeos dio pié a una guerra de 500 años en la que los europeos a punto estuvieron de conquistar todo el planeta. Este mundo devino en imperios intercontinentales cuyo mantenimiento era mucho más complejo y costoso. Y en la primera superpotencia global, Gran Bretaña (aunque el autor olvida que un par de siglos antes España ocupó una posición similar).
El policía global británico se dio cuenta de que el mantenimiento de territorios no era ya necesario para enriquecerse; el liberalismo permitía obtener ganancias soportando muchos menos costes. Sin embargo, como los imperios anteriores, el británico llegó a un punto de no retorno tras el cual sufrió un colapso que aumentó la violencia nuevamente hasta el final de la II Guerra Mundial; tras la cual, Estados Unidos y la Unión Soviética se convirtieron en las dos mayores superpotencias (militares y, sobretodo, nucleares) del mundo. El modelo de policía global dio paso a un esquema de contención y escalada nuclear preventiva. Americanos y soviéticos crearon armas capaces de destruir la humanidad con el argumento de que construirlas era disuasorio para evitar que el enemigo lanzara las suyas.
Pero el fracaso económico de la URSS terminó con la desaparición de los bloques, dejando de nuevo una única superpotencia sobre el terreno: Estados Unidos. La última parte del libro (francamente, de lo mejor de sus páginas) la dedica Morris a analizar las repercusiones estratégicas que el desarrollo de las nuevas tecnologías y el ascenso de China y una nueva Rusia están suponiendo. De hecho, hace una analogía inquietante: China y Rusia son los nuevos Estados Unidos y Alemania que crecieron a la sombra de la Pax Britannica, pudiendo ocurrir que, antes de que los humanos trascendamos nuestra propia humanidad a través de la tecnología (tema en el que coincide en parte con los postulados de Harari en Homo Deus) y enterremos definitivamente cualquier utilidad de la guerra, alguno de estos dos países crea que un ataque preventivo a EEUU sea una buena idea y nos metan a todos en la III Guerra Mundial.


Guerra ¿para qué sirve?. El papel de la guerra en la civilización desde los primates hasta los robots
Autor: Ian Morris
Ed. Ático de los libros
ISBN: 978-84-16222-16-2

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