Cambiar para que todo permanezca

Este artículo me lo pidieron para el número 300 de la revista Agricultura 2000, y se trataba de imaginar la horticultura de invernadero de 2035.

Imagen creada con ChatGPT, que no sabe cómo es un invernadero de "raspa y amagao"


2035 está aquí al lado: apenas quedan 9 años para que alcancemos el futuro que nos han marcado como objetivo para este artículo. Y, aunque es cierto que vivimos tiempos caracterizados por cambios cada vez más rápidos de consecuencias cada vez más radicales, el margen al que nos enfrentamos no es suficientemente largo como para que veamos grandes variaciones.


Escenario hecatombe

Claro que puede producirse algún fenómeno no ya radical, sino completamente disruptor que modifique las condiciones de producción o de mercado de tal manera que podamos llegar en pocos años a un escenario completamente diferente al actual. Se me ocurre, por ejemplo, un posible colapso de la UE, bien porque una guerra en Europa provoque la división de los actuales socios en más de un bloque o bien porque las fuerzas nacionalistas euroescépticas que ganan peso en los parlamentos nacionales provoquen la voladura controlada de la Unión. Este cataclismo nos podría conducir a un escenario en el que los mercados europeos estén aislados o semiaislados. En este caso, los costes de exportación serían mucho más elevados y, por tanto, el mercado potencial se vería seriamente reducido, llevando a nuestra huerta a una situación de sobreproducción y crisis profunda.

Escenario brilli-brilli

También podría suceder que la robotización y los sistemas de aprendizaje profundo aplicados a la cadena de valor de la horticultura de invernadero (ya de por sí muy tecnificada) permitieran una reducción drástica de los costes unitarios, de forma que Almería y Granada pudieran expandir su potencial productivo mucho más. Probablemente, este escenario conllevaría una transformación igual de profunda en lo que respecta a las necesidades de capital y de mano de obra –tanto en cantidad como en cualificación–.

A medio plazo, las probabilidades de ambos escenarios descritos son relativamente escasas.

Escenarios probables

Ahora bien, el sector se encuentra sumido en plena tercera renovación generacional; el entorno es cada vez menos favorable a la apertura de mercados fuera de la UE; ante la nueva situación geopolítica, nuestros ya muy endeudados Estados deben afrontar un mayor gasto en defensa; la tecnología sigue empujando los límites de lo posible y transformando sectores completos (y la IA parece que va a ser igual o más revolucionaria de lo que ya fue Internet), y los consumidores cada vez son más conscientes de la importancia de una alimentación saludable.

Nuestro futuro de 2035 va a depender de cómo todas estas variables (y otras que puede que ni siquiera estén ahora a la vista) interactúen. Probablemente, en los próximos años vamos a seguir viendo avances en materia de gestión inteligente de los invernaderos, en control biológico, en gestión de la microbiota del suelo, en nuevas variedades (incluso, nuevos productos), en maquinaria de apoyo, en poscosecha…

Por lo tanto, lo mejor que puede hacer nuestra agricultura para sobrevivir es básicamente lo mismo que la ha traído hasta aquí: seguir adaptándose a las condiciones ambientales e institucionales y seguir evolucionando sin pausa. Como la Reina de Corazones: cambiar para que todo permanezca.

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