martes, octubre 29, 2013

Crisis, recesión y mercados financieros

Galbraith
Artículo elaborado para El Economista:

“Esta vez es distinto: ocho siglos de necedad financiera”. Este es el título de un libro de los famosos Reinhart y Rogof, los del artículo errado en el que se defendía que una deuda por encima del 90% del PIB implica reducciones del mismo. En este tomo se “limitan” a realizar un detallado catálogo de las crisis financieras, de deuda o bancarias que se han producido a lo largo de la historia (en esencia los últimos 800 años). Y la conclusión no puede ser más evidente, de hecho la eligieron como título.
En el prólogo de una de las últimas ediciones de su best seller “El crash del 29”, Galbraith se lamentaba de que este libro resurgiera cada cierto tiempo de sus cenizas, siempre coincidiendo con alguna crisis de origen financiero que explotaba cuando el libro estaba a punto de descatalogarse. Aunque en el texto de su pequeño a la vez que gigante “Breve historia de la euforia financiera” explicaba él mismo que la memoria humana es muy frágil y que las crisis se espacian justo el tiempo necesario para que se nos olviden los desastres de la anterior. Por cierto, también encontraba como rasgo común en todas las crisis el concepto de novedad financiera (el efecto esta vez es distinto), aunque normalmente se trataba de un subterfugio más para aumentar el apalancamiento de inversores, familias y empresas.
Todo esto viene a cuento de si estamos o no saliendo de la crisis. Es una obviedad que técnicamente hemos salido de la recesión (a la espera de que la Contabilidad Nacional ratifique las estimaciones iniciales del Banco de España). También lo es que no hemos salido de la crisis, ya que ésta es más un estado mental que un momento del PIB. Y nuestro estado mental no va a modificarse hasta que: 1) dejen de preocuparnos el desempleo o la disminución de la renta porque estos dejen de producirse, o 2) nos acostumbremos a la nueva situación y la comencemos a considerar nuestra nueva “normalidad”. Y para cualquiera de las dos circunstancias aún queda mucho tiempo.
Lo que me preocupa es la debilidad sistémica de nuestra economía financiera, una debilidad que somos incapaces de controlar, a pesar de las regulaciones y de las instituciones de las que nos hemos dotado para ello. Y no creo que se trate del proceso de destrucción creativa de Schumpeter o de los efectos de la globalización (ocho siglos). Es un defecto congénito, una tara de nacimiento. A diferencia de la economía real o productiva, la financiera trabaja con expectativas y con sentimientos, antes que con datos. En este terreno, los movimientos de masa, los comentarios fuera de contexto o los chivatazos mueven el mercado. En un contexto así, la avaricia y la falta de ética sólo son los complementos aceleradores de la ignición. No les falta razón a los economistas que propugnan un sector financiero mucho más controlado y más centrado en su misión primaria que no es otra que intermediar el dinero entre las unidades con superávit y las que necesitan gastar o, sobre todo, invertir.
Así, la cuestión de si estamos o no saliendo ahora de la crisis es baladí, pues como mucho estaremos camino de un interregno, seguramente algo más largo que los anteriores (por aquello de la gravedad de lo vivido), un espacio de tranquilidad relativa en el que se estarán fraguando las próximas dificultades. ¿Estamos poniendo las bases para que esto no sea así?

martes, octubre 22, 2013

El paro a largo plazo en Almería

A veces ampliar el campo de visión permite entender mejor los fenómenos. Y otras veces, te muestra hechos inesperados. Siempre hemos pensado en Almería (al menos siempre desde los años 80) que la agricultura intensiva y el conjunto de actividades que se desarrolla a su alrededor sacaron a esta provincia de la miseria. Y podemos seguir pensándolo. Sin embargo, no podemos decir lo mismo de su influencia sobre la tasa de paro.
A pesar del indudable crecimiento económico y la mejora de la renta, Almería no fue capaz de reducir su tasa de paro durante los años del desarrollo agrario. Antes al contrario, siguió creciendo. Sólo a partir de la mitad de los años 80 sufrió un período de caída, para volver a crecer a comienzos de la siguiente década. El único momento en el que la tasa de desempleo se ha reducido de forma intensa en la provincia ha sido el que se corresponde con el ciclo de la construcción y el espectacular boom inmobiliario, cuando se redujo 15 puntos.

Tasa de paro de Almería. Fuente: EPA, INE.
Sin embargo, cuando ese ciclo llegó a su fin, el paro volvió a crecer de forma acelerada, llegando a alcanzar el 38%, el valor más alto de la serie histórica (13 puntos más que el anterior máximo). ¿Significa esto que la agricultura no fue capaz de reducir el paro a pesar del crecimiento aportado? ¿Sólo la construcción es capaz de bajar la tasa de paro de forma acelerada? ¿Será por su menor productividad (mayor intensidad en el uso de la mano de obra)?
En cualquier caso, en las anteriores crisis el desempleo no creció de forma tan brutal como en ésta: ¿Es por culpa de la burbuja? ¿El por la crisis internacional? ¿Por las dos?

sábado, octubre 19, 2013

Un proyecto de Estado

Hecho número 1: El futuro tiene la mala costumbre de no responder exactamente a nuestras expectativas. Cuando imaginamos que la clase media seguiría mejorando su situación año tras año y que cada vez habría menos pobres en los países desarrollados, esta crisis nos enfrenta a una verdad absolutamente demoledora: el campo de juego ha cambiado de escala, ahora es global y las medias, por tanto, se han reducido mucho. Nuestro marco de referencia ya no es Alemania, sino China. Y China es también el marco de referencia de Alemania. El mundo no sólo se ha globalizado, sino que se está "chinificando".
Hecho número 2: En el mundo global, el capital físico es fácilmente trasladable y reproducible; los mercados son especialmente eficientes en esto. Pero nuestro continuo desarrollo (piénsese en él como en un proceso acumulativo) requiere mayores dosis de ciencia e innovación. La única forma de mantener una cierta distancia con los países que vienen de abajo (China, India y compañía) es a través de una mejor disponibilidad de capital humano, que es el que desarrolla esos conocimientos y las técnicas y tecnologías para hacerlo aplicable en los procesos de creación de valor.
Hecho número 3: No sabemos de qué viviremos en el futuro. Tan sólo tenemos claro que los humanos seguirán teniendo necesidades biológicas, pero no sabemos en qué trabajaremos. Hace 40 años mis padres eran incapaces de imaginar que yo podría estar escribiendo estas líneas en una pequeña pantalla, y que esa pequeña pantalla sería una de mis principales herramientas de trabajo. Los ordenadores eran grandes y para comunicarse con ellos había que usar tarjetas perforadas. Lo que quiero decir es que el sentido de la innovación futura no es evidente en el presente y que, por tanto,el mix de conocimientos que se requerirá para desarrollarla y rentabilizarla es, en cierta medida, una incógnita.
Hecho número 4: En España las fuerzas centrífugas siempre están al acecho. Es curioso que, aún teniendo una de las historias comunes más largas de Occidente, parezcamos un país a medio terminar. Ahora bien, en algunas ocasiones hemos sido capaces de alinearnos todos en pos de un objetivo común. El último, la democracia. El anhelo común nos llevó a transitar por un proceso bastante pacífico, que desterró posiblemente para siempre el miedo a una asonada militar, y la vuelta a la dictadura.
Hecho número 5: Esta crisis está abriendo una enorme grieta entre una clase media que tiende a empobrecerse y una clase acomodada que utiliza sus capacidades para protegerse de la misma y para seguir mejorando sus posiciones. Esta situación, agravada por los recortes en servicios "reequilibrantes" está generando tensiones que, por un lado, están divorciando a la ciudadanía del sistema político y, por otro lado, están favoreciendo a las ya mencionadas fuerzas centrífugas.
Corolario. Necesitamos un nuevo proyecto común, un reto generacional que nos transmita un mensaje de optimismo y que nos permita transitar hacia el futuro con mejores expectativas. Si este mundo se encamina hacia la sociedad del conocimiento, si la renta de los países, y de las familias, se va a relacionar cada vez más directamente con el rol de los individuos en la cadena de valor de los bienes y servicios (considerando que el capitalismo o alguna mutación del mismo sigan marcando el ritmo económico); entonces la igualdad de oportunidades va a estar cada vez más relacionada la educación. Aquí seguramente sería fácil edificar un proyecto de Estado (en el sentido de que se podrían alcanzar acuerdos de largo plazo).
No se trata sólo de aumentar el presupuesto en educación (probablemente también), sino de definir un sistema educativo que prepare a las nuevas generaciones para enfrentarse a una sociedad mutante desde el punto de vista tecnológico. Debemos plantearnos el diseño de un sistema que garantice la igualdad de oportunidades, que nos permita identificar y alimentar el talento y promover la innovación. Necesitamos un diseño que huya de los dogmas (la realidad es flexible y cambiante), y que se adapte a las necesidades de la sociedad. Creo que la educación tiene todos los mimbres para constituirse en nuestro proyecto común: es por definición un proyecto de futuro, nos permitiría mejorar nuestra sociedad y nuestras posibilidades materiales, es una herramienta de articulación de la propia sociedad, y se constituye actualmente en una capacidad indispensable para la definición de la competitividad.
Epílogo. No negaré que las dificultades son enormes. Algunos de los principales desencuentros entre los partidos se producen precisamente en la educación. Sin embargo, si los ciudadanos-votantes lo convertimos en un tema central, será mucho más sencillo que encuentren puntos en común, ya que buscar una respuesta adecuada a este reto se puede acabar convirtiendo en una fuente de legitimidad para los propios partidos. 

viernes, octubre 11, 2013

Medio siglo de revolución transparente (1)

Estoy metido en un bonito proyecto para conmemorar los 50 años del primer invernadero de Almería del que iré colgando las cosas que más me llamen la atención.
Estoy buscando datos que permitan hacerse una idea de las profundas transformaciones que se han vivido en la zona de expansión de los invernaderos en este medio siglo de lo que a mí me gusta llamar la Revolución Transparente (© DUA, 1998). La cosa es que he comenzado por definir dos claras zonas de impacto, el Poniente y el Levante (la suma de ambas es lo que se llama en los gráficos Agrícolas). Y cuando uno hace esa división y mira los fenómenos temporalizándolos se encuentra sorpresas como ésta (Click para agrandar):

Fuente: INE, elaboración propia.
Lo que se ve en ese gráfico es el ritmo anual promedio de crecimiento de la población en las dos zonas explicadas, en la suma de ambas y en la capital como elemento de referencia que también se ha visto involucrado en el desarrollo de la agricultura. Si se fijan, verán cómo en la primera década analizada (entre 1960 y 1970) en el Levante aún se está produciendo un descenso de la población, mientras que el Poniente casi alcanza a la capital, la zona más dinámica entonces. El período que nos lleva hasta 1981 ve cómo el ritmo en el Poniente se mantiene, mientras que en Levante comienza a subir la población lentamente y en la capital se pierde ritmo. La década de los 80 es espectacular. El ritmo mantenido por los municipios del Poniente casi alcanza el 7% anual, posiblemente uno de los mayores de la historia de España. Al tiempo, el Levante comenzaba a superar también en velocidad de crecimiento a la capital. En los 90 (los años de la inmigración) el ritmo en el Poniente se modera y Levante toma la delantera, mientras que la capital, sigue creciendo pero a unos ritmos sensiblemente inferiores. La última década, que es la primera del s. XXI ha estado vinculada en toda la provincia al desarrollo de la construcción residencial y los aumentos de población han sido más fuertes en todos los ámbitos, aunque nuevamente con el Levante en primer lugar, seguido del Poniente y, a mucha distancia, la capital.
Por si alguien se ha perdido en el camino, les haré un resumen. En el período que media entre 1960 y 2012 la población del Poniente ha crecido un ¡559,2%!, la del Levante un 154% y la de la Capital un 120%.

(Continuará)