sábado, diciembre 31, 2005

Soy libre

Al fin. Apenas podía creérmelo. Ya no dependo de Telefónica (o Telefonica), desde ahora tendré que bregar con Jazztel que, de momento, ha tardado más de lo prometido en principio y de los 20 megas apenas llega a 4, que es más de lo que me ofrecía el antiguo monopolista por el mismo precio (512 Kb, llamadas aparte). Vamos, que estoy contento y que me pregunto cómo es posible que siga siendo el operador dominante. No me lo explico, porque mira que llegan a ser mantas.
Pues eso, que brindo por el nuevo año y por el fin de los monopolios.

(A ver para cuando el de Iberia en el Aeropuerto de Almería)

viernes, diciembre 23, 2005

Mentiras piadosas

Alberto dejó reposar el fusil sobre los pies de la cama. Ella le preguntó si la quería. No tuvo más remedio que mentir: "te deseo", le dijo. Se abrazaron, se besaron, se acariciaron, se fundieron en un abrazo profundo y pudieron olvidarse del mundo por unos minutos. Luego, cuando abandonó aquel dulce cuerpo desnudo volvió a mentir: "Volveré". Y con el fusil al hombro salió en busca de una bala a la altura de su frente.

jueves, diciembre 22, 2005

La Navidad de un ateo

Durante años, durante ese período de la vida en la que es fácil creer y en la que uno piensa que por conocer el misterio de los reyes magos se es ya un adulto, viví la Navidad como dicen los cánones de la religión, católica. Es más, esperaba ansioso la hora de ir a la Misa del Gallo, a la que primero asistía con mis padres y luego con algún amigo. Cierto que en los últimos años el principal atractivo que veía en la ceremonia era el espíritu de confraternidad que se respiraba a la salida y que permitía que mi, por entonces, adorada Ana Mari me diera un par de besos, castos, claro. Pero daba igual, ya me encargaba yo en mis sueños húmedos de trastocarlos en lujuriosos.
Luego siguió la fase descreída, en la que me sentaba mal la misma idea de la existencia de Dios y no entendía cómo nadie con más de 2 milímetros de frente podía siquiera pensar en la existencia de un ser de tal naturaleza, un Dios que era trino y que era uno, que era capaz de dejar embarazada a una chica hebrea poniéndola en un serio apuro social, que era capaz de masacrar a los infantes de Egipto y que luego se autotitulaba el Dios del amor. No me cuadraba, no lo entendía y, por qué no decirlo, me cabreaba. En esos tiempos la Navidad era para mi una época gris, triste bajo las sonrisas forzadas, y un caldo de cultivo para la depresión, caldo que se alimentaba con la desgracia de los inflexibles cumpleaños que cada 25 de diciembre me recordaban que era doce meses más viejo... Jodida Navidad.
Sin embargo, el tiempo, ese que cada 25 de diciembre me hace, por mor del calendario, un poco más viejo, también procura que los pensamientos se serenen, que las decisiones se demoren un poco más y que las reacciones viscerales tarden una décima de segundo más en producirse, justo el tiempo para una furtiva reflexión. A ello hay que añadir el efecto sedante de los hijos, niños que se ilusionan esperando sus reyes, que escriben una carta llena de garabatos y manchones de lápiz mal borrado. Y entonces sucede, te das cuenta de que, efectivamente, hoy lo menos importante es el simbolismo religioso, que el consumismo ha intoxicado hasta la médula a estas Navidades y que hasta los niños se dejan llevar por el consumismo; pero esa ilusión inquebrantable, esa inocencia bendita, le hacen a uno pensar que, al fin y al cabo, por mucho que fuera imposible que en Israel hubiera pastores apacentando sus rebaños en diciembre, o por mucho que la idea de Dios a mi no me diga nada, mereció la pena la instauración de esta fiesta. Así que la próxima vez que se sientan tristes en Navidad, les aconsejo que se acerquen a uno de esos reyes magos o papa noeles que abundan por ahí y miren las caras de los niños que esperan pacientemente en la cola.

lunes, diciembre 19, 2005

Cuco, eres un inocente

Sigo en este post con la recuperación de los CUentos COrtos para un VErano COrto que escribí hace tres años. Como ya dije, todos fueron escritos sobre la marcha, en la herramienta de edición de la extinta web de Mac-Club.

Mi madre siempre me lo decía, "Cuco, eres muy inocente, todo el mundo te engaña". Tenía razón. Hasta el día de hoy mi vida puede resumirse como el resultado de una incesante corriente de mentiras en las que me he ido sumergiendo siempre sin darme cuenta. El primer gran engaño del que soy consciente fue mi familia, que yo creía propia y que resultó ser postiza, puesto que fui adoptado con pocos meses. O sea, que ni siquiera mi apellido, Vela, es realmente mío, por mucho que mis padres se empeñaran en afirmar que me querían como si me hubieran parido. Pero no me parieron. No me dijeron la verdad hasta los 18 años, cuando la vida ya me había señalado el camino que iba a seguir mi destino y cuando yo ya estaba convencido de que mi papel en este Universo era el de ser engañado una y otra vez. Para entonces, había caído en todas las tomaduras de pelo posibles en los juegos infantiles, desde esa de "dime cuánto cuesta el billete de autobús sin mover los labios", hasta una en la que la mayor parte de los compañeros del colegio se compincharon para hacerme creer que a Don Tomás lo había abducido una nave espacial en el patio.
Pero lo que realmente me hizo tomar conciencia de mi situación fue la mentira permanente de mi primera novia. Mientras nos limitábamos a tímidos arrumacos y besos en la oscuridad del cine, se dedicaba sistemáticamente a pasarse por la piedra a la mayor parte de mis supuestos amigos. Como siempre, no me enteré de nada hasta que resultó evidente que estaba embarazada. Yo era por entonces tan inocente que pensé que el hijo era mío, aunque no terminaba de comprender cómo había sido posible. Pero mi amor por ella estaba por encima de los dictados de la razón.
Menos mal que la razón de mi madre postiza estaba por encima de mi amor y tras someter a la chica a un tercer grado digno de las series de policías de la tele, la chica acabó confesando que no sabía quién era el padre, pero que estaba segura que no lo era yo. El enfado me duró meses. Aunque no tengo muy claro si lo que más me dolió fue el engaño o que finalmente no fuera a ser padre, circunstancia que había llegado a hacerme ilusión.
Mi paso por el instituto primero y la FP después no contribuyó a mejorar mi capacidad para descubrir la mentira. Antes al contrario, mi "inocencia" comenzó a ser explotada por los demás de forma sistemática. Hasta los profesores terminaron aprovechándose de ella. Por ejemplo, el de dibujo técnico logró que yo le hiciera unas láminas para su memoria de oposición con la excusa de que me serviría para subir nota. Me terminó poniendo el sobresaliente que ya tenía, con lo que la mejora sólo fue para él. Otras mentiras en las que comencé a caer sistemáticamente fueron las que salían por televisión, en los anuncios. Me tragué sin pestañear las ventajas de las pulseras magnéticas, o las bondades de los zumos en tetra brik. Incluso, lo reconozco, fui comprándome todas las nuevas maquinillas de afeitar que salían al mercado: cuantas más cuchillas, mejor.
Luego la cosa empeoró. Cuando quise comprar mi primera vivienda, la constructora resultó ser una estafa en la que perdí la mayor parte de mis ahorros de cinco años. Ni que decir tiene, a estas alturas, que la razón por la que perdí mi puesto como jefe de compras estaba relacionada con la facilidad con la que los proveedores me colaban productos de peor calidad a precios más elevados que a los demás.
Mi sino es el de ser permanentemente engañado por los demás. Así que he llegado a la firme convicción de que no merece la pena que me esfuerce por evitarlo, ya que mi naturaleza inocente no tiene cura; como constató nada más verme el psicólogo que me trata desde hace 10 años. Personaje que, por cierto, se ha hinchado de ganar dinero y fama con un libro en el que narra mis desventuras, todas ellas contadas en el diván en tiempo de consulta, y cara.
Por eso creo, Su Santidad, que la petición de beatificación en vida que han solicitado mis amigos está sobradamente justificada por mi fé inquebrantable en la bondad humana. Esta fé arranca desde lo más profundo de mi ser y, no se lo oculto, resultaría enormemente gratificante para mi madre adoptiva y para este que le escribe pasar a ser conocido en el barrio como San Cuco. Suyo afectísimo, Cuco Vela.

Mi felicitacion de Navidad


Usando iCards de Apple:

lunes, diciembre 12, 2005

La página en blanco

Voy a cometer el mayor sacrilegio que nunca he hecho contra mi vergüenza. Nunca antes había dado a leer como mía ninguno de mis poemas, fuera de un reducidísimo grupo de familiares. Pero después de hablar de mi calva en un periódico, los tabúes personales son meros visillos que pueden descorrerse sin demasiado problema. Eso sí, perdonad por el crimen. La poesía no es lo mío.

Una vez más me enfrento a los terribles silencios
De una página en blanco, de un camino sin vuelta.
Pretendo como el almohacen gritar desde ella
Que ni los años, ni los cambios que mudan los tiempos,
Harán mella en el sagrado mandato impuesto
De acunar con mis labios cada noche tus sueños.

Las líneas de mi mano trazan seguras un rumbo
Que pretende acercarse a tu piel, suplicando,
Implorando de tus poros el permiso de cubrirlos
Con caricias ensayadas en los senderos que duermo.

Batir las alas del genio fue siempre mi anhelo
Hasta que mis pupilas por tus curvas se durmieron.
Y ahora, sólo añoro ser deudor de tus caricias extrañas,
Deseadas, estoy seguro, desde antes de nacer.

Más los celos se acercan silenciosos como arañas,
Tejiendo con la confusión las telas de nuestra perdición,
Sangrando las heridas que tal vez tú y yo nos hicimos.
Soltemos las amarras que nos atan a este puerto
Y dejemos que empuje nuestro destino el viento.
Naveguemos hacia Levante, como niños olvidados.
Que la espuma de las sábanas cubra nuestros arrebatos.
Dejemos, en fin, que se nos meta el amor en las entrañas
Y que entre los dos fluyan, como nunca, las palabras.

jueves, diciembre 08, 2005

La noche mil y una

Este artículo está pensado para La Voz de Almería, es la segunda reencarnación y le ha faltado la conclusión. Por si alguien no lo tiene claro, es algo así como ni calvo ni con siete pelucas. Vamos, que posiblemente será beneficioso para nuestra economía la presencia de campos de golf, pero que sería un disparate ponerlos en cualquier parte y, sobre todo, construir todos los que hay previstos. Aunque, tal vez, el problema más brutal no sea tanto el del campo de golf como el de los miles de viviendas que se quieren construir en el litoral, ¿acaso les vamos a dar de beber sólo cerveza?


Aquella noche Sherezade esperaba más nerviosa que de costumbre la llamada del califa. No sabía el porqué, pero los nubarrones con los que amaneció el día, el cuervo en la ventana durante el tercer canto del almuédano y las aguas del río bajando rojizas eran para ella malos augurios. Sin embargo, como cada noche desde hacía mil inició su relato:
“Érase una vez, en un lugar del planeta muy lejano, hace muchos, muchos años, una región cuyos habitantes se empeñaron en una auténtica guerra civil en la que los dos bandos existentes demonizaban al contrario y defendían que no había más verdad que la suya.
“Sorprendentemente, la guerra no tenía la excusa de la santidad, puesto que todos eran fervorosos seguidores del Profeta, sino que se debía, en cierta forma, a los efectos de la bonanza que trajeron los días de paz. Unos defendían, para mayor gloria del Todopoderoso, transformar amplias zonas del desierto en áreas de verde pasto con el fin de que los viajeros y los autóctonos pudieran disfrutar de un pasatiempo importado de las tierras frías del norte, llamado Alaj Gujero. Los bárbaros del norte, ricos en oro, estaban dispuestos a desplazarse hasta el lejano reino con tal de practicar tan maravilloso juego e, incluso, llegarían a pagar por las jaimas cercanas al campo cuantiosas riquezas.
“El bando contrario sostenía que no era lógico transformar el desierto para el solaz de unos cuántos bárbaros y que el verdadero motivo de los primeros era obtener ganancias ilícitas y desorbitadas con la venta de las jaimas.
“Unos y otros se enfrentaban cada vez más abiertamente, y tras cada enfrentamiento los discursos se radicalizaban y se comenzaban a decir cosas absurdas. Cosas que, a base de repetirse, se convertían en verdades absolutas para los seguidores de cada bando. El problema era cada vez mayor y el Visir no era capaz de conciliar los intereses de ambos grupos.
“La bandera del progreso se alzó por el bando de los defensores del juego y poco a poco su mensaje fue siendo admitido por cada vez más gente. Sin embargo, muchos de sus argumentos eran falaces. Así, se defendía la mayor cantidad de vida motivada por el nuevo pasto, dando por inexistente la exuberante aunque diminuta vida del desierto. Se dijo que se luchaba contra la desertificación, cuando eso sólo hubiera sido posible luchando contra la voluntad del Más Grande y repoblando de bosques las laderas peladas. Desde el bando contrario también se mandaron mensajes falsos, menospreciando el efecto beneficioso sobre los bolsillos de los ciudadanos del reino o aduciendo la inviolabilidad de cualquier pedazo de suelo.
“Unos y otros sólo coincidían en una cosa, en la necesidad de que el Gran Visir decidiera dónde y qué se podía hacer con el suelo del reino. Pero la tardanza en la decisión provocaba el enconamiento de las posturas y un acrecentamiento del odio entre las dos mitades de la población.”
– Más, ¿qué pasó bella mía? –interrumpió el califa–. Esta historia no está a la altura de las mil anteriores y deseo verla acabada cuanto antes.
“El visir dividió el reino en dos mitades exactas, una para cada facción. En la primera, los hacedores de agujeros convirtieron el desierto en un vergel y vinieron los bárbaros del norte. Al principio todo fue bien pues gran parte del pueblo encontró trabajo en la construcción de los campos y las jaimas pero, poco a poco, comenzaron a surgir los problemas. Los caminos no estaban preparados para un tránsito de camellos tan numeroso, los médicos del reino no eran suficientes para tanto enfermo y los guardianes de la seguridad no daban abasto. Para colmo, los pozos se secaron ya que las previsiones de consumo de aguas eran todas muy optimistas. Finalmente llegó el colapso y huyeron de esa mitad los habitantes, comenzando por los bárbaros del norte que encontraron lugares más propicios y exóticos para la práctica de su deporte.
“En la otra mitad del reino no se permitió hacer nada nuevo, tan sólo continuar con las explotaciones tradicionales. Allí no se vivió la bonanza inicial de los vecinos, por lo que se produjo una fuerte migración por parte de los habitantes más necesitados hacia la mitad con agujeros. Cuando la otra mitad se colapsó pensaron que habían vencido pero su mitad era igual de pobre, puesto que los precios de sus productos básicos cada vez eran menores en sus principales mercados.”
– Eso fue lo que sucedió, mi señor.
El califa abandonó precipitadamente el lecho y mirando a la desdichada muchacha desde el umbral de la puerta llamó al verdugo. Ella murió pensando que el cuento no había sido del agrado del caprichoso monarca. Sin embargo, la realidad era bien distinta, aquel mismo día había tenido una provechosa conversación con el embajador de las gentes del norte y éste le había hablado de un curioso juego de su tierra, golf le llamó.

lunes, diciembre 05, 2005

Historia de mi calva

Esta es mi respuesta personal al asunto del diario El Mundo el cual, todo hay que decirlo, publicó nuestra réplica al día siguiente, en la página 9 y en zona destacada. Es por ello que me encuentro en un mar de dudas ante la publicación de mi réplica-clase de economía en otro medio. No sé qué hacer.

Los economistas dedicados al análisis de coyuntura –como es, en parte, mi caso– solemos utilizar indicadores para aproximar el comportamiento de las variables a estudiar. Así, por ejemplo, tendemos a utilizar el consumo aparente de cemento para adelantar el comportamiento de la actividad en la construcción, suponiendo que hay una relación directa entre ambas magnitudes. Además, los indicadores que utilizamos pueden tener un origen objetivo (como es el número de turismos matriculados o el de toneladas exportadas de pimientos) o subjetivo. Estos últimos suelen referirse a encuestas de opinión como las que realiza el servicio de estudios desde 1998 para el comercio menor y desde 2005 para la totalidad de sectores no agrarios.
El problema es que tanto unas como otras suelen presentar cuatro componentes básicas que son: el ciclo, la tendencia, la estacionalidad y un componente irregular. Estas componentes están en todas la series económicas y por eso insistimos los economistas en tener series históricas largas, con el objetivo de aislar estos fenómenos y poder definir y predecir el comportamiento tendencial de la economía. Y, en el segundo caso, se añade la incidencia de sucesos puntuales que modifican de manera radical las expectativas de los agentes como, por ejemplo, un atentado o una helada.
¿Y qué tiene esto que ver con mi calva, se dirán ustedes? Más de lo que piensan. Partamos de esta suposición: el ritmo de avance de la calvicie está compuesto por un porcentaje de caída relacionado con la edad; otro estacional, según el cual en los cambios de estación aumenta la caída; un tercero relativo al estrés (o a la tensión), y un cuarto componente absolutamente aleatorio.
Pues bien, si mi comportamiento profesional hubiera sido acomodaticio, tal y como se ha dado a entender en cierto medio de comunicación hace poco, el ritmo de crecimiento de la misma hubiera sido uniforme a lo largo del tiempo, ya que no habría tenido situaciones estresantes en mi actividad laboral y habría inventado el análisis populista económico-sectorial. Sin embargo, y a la hemeroteca y a mi espejo me remito, ha habido años en los que la superficie sin pelo de mi cabeza ha avanzado casi a la misma velocidad que la desecación del mar de Aral. Evidentemente, si el ritmo de caída de los componentes primero y segundo es teóricamente ser más o menos estable, significa que el tercer componente es posiblemente el responsable de esos “cambios de nivel” del indicador denominado avance de la calvicie que estamos sometiendo a estudio y que puede ser un buen indicador de mi comportamiento acomodaticio.
Pero, por si las imágenes no son suficientemente sugerentes, déjenme que les refresque un poco la memoria de mis enfrentamientos profesionales de los últimos años: la “he tenido” con los agricultores cuando dije que se estaba sustituyendo el comportamiento proactivo por el victimista (unas declaraciones muy acomodaticias) y fui aseteado por tierra, mar y aire (y especialmente por un gran comunicador provincial que sabe de todo). Antes de eso le dije a la Junta de Andalucía que lo de ponerle el apellido de Almería 2005 a algunas partidas presupuestarias no me parecía muy lógico puesto que existían esos mismos importes en otras provincias. Hace relativamente poco, el servicio de estudios definió antes que nadie la situación del mercado de la vivienda en la provincia como de “burbuja”, término técnico que me supuso un mes de trabajo para justificar lo dicho ante el gremio de los promotores-constructores que no compartían el diagnóstico.
No puedo enseñar, como anteriores generaciones, restos de viejas heridas de guerra, pero si que puedo mostrar las fotos de los años recientes y decir cosas como, “estos tres centímetros de avance fueron por el resultado del enfrentamiento con los agricultores”, o “el brillo sonrosado de la coronilla es derivado de la burbuja inmobiliaria”. Por eso me resulta insultante cualquier insinuación que ponga en juego mi profesionalidad y la de mis compañeros del Servicio de Estudios; podemos ser mejores o peores, pero no ponemos nuestra objetividad al servicio de nadie, como lo demuestra el inconstante avance de mi calva en los últimos años.

Fdo. David Uclés Aguilera
Economista

viernes, diciembre 02, 2005

Me siento orgulloso

Pues sí, hoy tengo razones para sentirme muy orgulloso de trabajar en la Cámara de Comercio de Almería. El prólogo de este texto que se ha mandado a la edición almeriense del Diario El Mundo es la publicación sin firma en la sección Portus Magnus de una acusación de "complacencia" y "maquillaje de datos" del Servicio de Estudios que dirijo. Obviamente, me toca mucho los huevos esa afirmación cuándo he tenido que pelearme sistemáticamente con todos los sectores que se han sentido maltratados por nuestras informaciones, informaciones que luego se han visto corroboradas y cuándo, precisamente, el último gran avance de mi calva fue provocado por un econtronazo con el gremio de la construcción a cuenta de la "burbuja inmobiliaria". En fin, añado la carta que la Cámara envió al diario exigiendo una rectificación y me reservo el derecho de réplica, la cual ha de ser socarrona, claro.

Estimado señor o señora director o directora de la edición almeriense del diario El Mundo:
Leemos sorprendidos en la edición del viernes 2 de diciembre, la sección titulada Portus Magnus, y bajo el titular “La complaciente mirada de la Cámara”, en la que se acusa a nuestro Servicio de Estudios Económicos y, por extensión, a esta Cámara de Comercio de “maquillar unos datos para así no molestar a nadie”, ya que según se mantiene en la misma columna los datos por nosotros aportados indican una desaceleración. Sin entrar a valorar otros extremos más que discutibles de dicha columna de opinión, creemos que debemos hacerles notar algunos extremos:
  • Si echan mano de la hemeroteca (y no tienen que irse demasiado lejos en el tiempo) comprobarán que nuestro Servicio de Estudios puede ser cualquier cosa menos complaciente. Y, desde luego, ni mucho menos con la construcción.
  • Las encuestas de opinión son informaciones de carácter subjetivo que sirven para medir la temperatura de un sector, pero siempre teniendo en cuenta que las opiniones son mucho más volátiles que los datos objetivos. Además, en el texto completo del informe se dice que, aún habiéndose registrado un descenso en el tercer trimestre, éste sigue siendo el mejor tercer trimestre de la historia de la encuesta y las previsiones de los empresarios para el 4º período apuntan claramente a un alza en los niveles de actividad.
  • Entroncando con lo anterior, cualquier serie temporal es el resultado de cuatro componentes, a saber, ciclo, tendencia, estacionalidad y componente irregular. Si se extrae la señal de la serie (aunque ésta es aún muy corta) se ve claramente que la tendencia es alcista, incluso incorporando el dato del tercer trimestre.
  • Existen datos de carácter objetivo que señalan en la dirección de un mantenimiento de la actividad en fuertes ritmos, tales como que entre enero y junio de 2005 se hayan iniciado 1.000 viviendas más que en todo 2004 (año excepcional, como señalaron todos los analistas).
  • En cualquier caso, simplemente leyendo su propia información de la página A-14, titulada “La provincia continúa a la cabeza de España en préstamos hipotecarios”, publican argumentos contrarios a lo que defiende su columna de opinión.
En conclusión, pensamos que la no coincidencia de opiniones entre nuestro análisis y su línea editorial no es argumento para poner en solfa la profesionalidad del Servicio de Estudios y, por consiguiente, de la Cámara de Comercio, institución a la que pertenece cuyo objetivo no es, evidentemente, regalarle los oídos a nadie.
Esperamos, a modo de corrección de las insinuaciones vertidas en su medio, la publicación de la presente carta en la misma forma y lugar que el artículo de referencia, siendo lo procedente la sección de Cartas al director.

Disponible Firefox 1.5

Si bajais por la barra de dirección vertical os encontrareis un banner con el enlace para bajar el programa. Para los que no lo conozcais es un estupendo navegador que sustituye y mejora el rendimiento de Internet Explorer y que evita, entre otras cosas, que alguna página aproveche cualquiera de las vulnerabilidades de Explorer. Si usas windows, te lo recomiendo especialmente; si no, también.
Y si no os creeis lo que digo del Explorer, podeis comprobarlo vosotr@s mism@s aquí. Está en inglés, pero se entiende muy bien.
La fuente para el enlace anterior es ComunicandoPodcast.com.

Más respeto, que soy tu madre

A veces los premios sirven para algo. Una televisión alemana ha organizado un premio de bitácoras a nivel mundial. Se presentaron chorrocientas mil. Pero sólo una ganó. Se trata de Más respeto, que soy tu madre , bitácora de origen argentino que demuestra un par de cosas:
  1. Que el humor sigue siendo un éxito, sea cual fuere el soporte del mismo.
  2. Que el espíritu de Maruja es un motor de audiencias.
Merece la pena darse una vuelta por ella y seguir la vida de esta familia nada típica. Que os divirtais.

jueves, diciembre 01, 2005

Formación y empresa

Este artículo ha sido elaborado para la revista UAL Siglo XXI, dedicada al mundo de la Universidad.

Recientemente se ha realizado un estudio a nivel nacional y provincial sobre el grado de adecuación de los candidatos en procesos de selección a los perfiles requeridos, partiendo de la base metodológica de que lo que el conjunto de capacidades de los candidatos (fuerza de trabajo) no se corresponde con las que necesitan las empresas (trabajo).
Los resultados no son sorprendentes. Por desgracia la encuesta nos indica cosas que ya sabíamos. Por ejemplo, que los niveles de nuestros candidatos (antes alumnos) en idiomas son muy bajos, o que la capacitación en el uso de nuevas tecnologías es también deficiente. Estos y otros resultados nos hablan de una ineficiencia manifiesta de nuestro sistema educativo, que no es capaz de formar personas bilingües por más que se pasen (como fue mi caso) 9 cursos teniendo como asignatura el inglés.
En general, los resultados empeoran cuando el ámbito de estudio se centra en la provincia. Las empresas de Almería solicitan más que las empresas nacionales profesionales con conocimientos de idiomas lo cual se justifica por nuestro músculo exportados y por la presencia del turismo y, sin embargo, nuestro sistema no es capaz de aportar más que un 22,6% de candidatos con un nivel adecuado, siendo ínfima la proporción de los trabajadores que presentan conocimientos muy elevados, 0,8%.
La característica más valorada por los empresarios con respecto a los candidatos a incorporarse a sus estructuras es la de las “habilidades personales”, concepto que recoge cuestiones tan diversas como “sentido de la responsabilidad”, trabajo en equipo, etc. También aprueban nuestros recursos humanos en cuestiones como comunicación oral, capacidad comercial y conocimientos técnicos.
Mención aparte precisa el conocimiento que tienen los futuros trabajadores sobre el funcionamiento y las funciones de una empresa, cuestión absolutamente básica cuando nos damos cuenta de que la mayor parte de las personas que hoy están formándose terminarán trabajando en una empresa o montando la suya propia, no en vano nuestro sistema económico es el capitalismo.
El panorama por sectores plantea que son la hostelería y la construcción los dos ámbitos productivos almerienses en los que las empresas encuentran mayores dificultades para incorporar las aptitudes que precisan o que aspiran a conseguir. El primer caso, dada la relevancia estructural del sector turístico para la provincia es especialmente grave de cara a la competitividad de nuestras empresas y a la mejora de la calidad del servicio, fuertemente dependiente de los propios recursos humanos. En el segundo caso, las dificultades está muy relacionadas con el fuerte incremento de la actividad en el sector y la presión derivada sobre el mercado laboral que no está siendo capaz de proveer de la manera adecuada la solución a esta necesidad.
Por último, tanto las empresas de la provincia como las del resto del país coinciden a la hora de ponderar las distintas medidas a tomar para adecuar la cualificación de los trabajadores a las necesidades corporativas, valorándose en la provincia la necesidad de tales medidas por encima de la media nacional en todos los casos. El 85% de nuestras firmas demandan una mayor exigencia formativa y, el 82,3%, unas prácticas empresariales de mejor calidad.

Creative Commons

A los curiosos que arrastran su ratón hasta abajo en la barra de desplazamiento, habrá llamado la atención el nuevo icono añadido. Es el de la licencia Creative Commons. Una iniciativa internacional para proteger los derechos de autor en Internet y no impedir la difusión del conocimiento. Por ejemplo, yo he elegido que no se puede usar "mi obra" para fines comerciales, pero que ésta se puede modificar siempre que se distribuya bajo la misma licencia.