martes, marzo 28, 2006

¿Será la deflación una solución?

Artículo preparado para el suplemento de economía del Diario Ideal, Expectativas. Vete tú a saber cuándo lo publicarán...
Ya sé que suena raro, hasta a mi me lo parece. Y más despues de ver lo mal que lo han pasado en Japón tras una década deflacionista o el proceso de aceleración de la inflación en España. Incluso es más raro después de haber oído a más de un sabio eso de que los bancos centrales le han ganado la guerra a la inflación. Sin embargo, la idea tiene sobre mi una extraña atracción, porque, si lo que me imagino es cierto, entonces no es que le hayamos ganado la guerra a la inflación, es que pasábamos por aquí yendo de camino a la deflación (proceso de precios en descenso).
La cosa es sencilla y, a la vez complicada, por lo enrevesado de los mecanismos. Pero, como decía Borges, dado que los mares tejen oscuros canjes, y el planeta es poroso, afirmo que cualquier hombre se ha bañado en el Ganges. Mi planteamiento se basa en dos palabras clave: la globalización y el tamaño (medido en número de habitantes). La primera posibilita el crecimiento económico de los países en vías de desarrollo por las vías del comercio, la deslocalización y la inversión extranjera, la segunda pone en cuestión los tradicionales mecanismos de compensación.
Primero, las economías emergentes se especializaban en la producción de bienes en los que se necesitaba mano de obra no especializada, dados sus bajos costes salariales. Las empresas (de industrias y servicios) tendían pues a deslocalizar en dichos países sus actividades más mecánicas. Aquellas que precisaban mano es obra especializada se mantenía en las sedes sociales de dichas empresas, en economías de elevados niveles de vida y elevados salarios. Téngase en cuenta que se suele aceptar que los trabajadores de baja cualificación de los países desarrollados tenían mayores niveles de salario precisamente por tener al lado a los cualificados de elevados emolumentos profesionales.
Sin embargo, la cosa está empezando a cambiar. China e India nos están demostrando que hoy es posible deslocalizar también el trabajo cualificado, del que ambas economías tienen en abundancia. En realidad, lo tienen todo en abundancia, es la maldición de los grandes números. A medio plazo las economías avanzadas no podrán esconderse detrás de sus elevadas especializaciones, la variable estratégica que comienza a vislumbrarse en el futuro es el coste, por encima de la creatividad y ésta en dosis superiores a la especialización. Habrá que lograr tener a muchos trabajadores creativos para seguir manteniendo los niveles de empleo; aunque finalmente, también en China e India los habrá... Hay mucho chino en China. Y al haber tantos trabajadores potenciales, el aumento de los salarios y del nivel de vida en China o India será mucho más lento de lo que lo fue en Hong-Kong o Korea. El escenario es unos países ricos exportando empleo caro y barato, reduciendo por tanto sus niveles de renta. La cosa no será demasiado grave porque es posible que los productos y servicios deslocalizados se compren a precios más económicos, resultando un efecto en términos reales menos dramático que en niveles nominales.
Con todo, estaríamos planteando un escenario de mayor paro, de problemas presupuestarios por el aumento de los costes sociales y la pérdida de ingresos fiscales, unos niveles de renta menores y, por tanto, una menor demanda agregada. Y si la demanda disminuye, los precios se relajan… Las autoridades económicas tendrían que gestionar entonces una situación de crisis con deflación y, además, podrían llegar a apostar por ella como solución para relajar los costes salariales y recuperar competitividad perdida.
¿Me estaré volviendo paranoico o es efectivamente éste un escenario posible? El anuncio realizado por el Deutsche Bank de llevarse a India algunos cientos empleos de elevada cualificación me disparó algo en la cabeza. Claro, también es posible que esto no llegue a suceder porque se interrumpa el proceso de globalización. En cualquier caso, los años que se avecinan son apasionantes desde el punto de vista de un analista económico, siempre que los gabinetes de estudios no terminen también siendo deslocalizadas, claro.

miércoles, marzo 22, 2006

ETA plantea una tregua

El comunicado lo teneis en el servidor de 20 minutos. En principio, aparte de la noticia de esta segunda tregua, no parece que haya nada distinto de la famosa alternativa Kas. ETA dice que la palabra la debe tener el pueblo vasco. ¿Se refiere a todos los vascos o sólo a los que piensan como ella?
Seamos optimistas, pensemos que esta vez si es la definitiva y disfrutemos de la sensación de tranquilidad. Seamos, en fin, felices... Pero cautos.

Macareno se anima

Le he vuelto a añadir unos cuantos capítulos más. Ya casi estamos a final de noviembre. De los añadidos, el que más me gusta es el de la entrevista en tv.

Adicto a House

Me llamo David Uclés y soy un adicto. Eso si, un adicto a la serie House que emite Cuatro todos los martes. Como decirlo, más que brutalmente honesto (véase el diccionario) yo diría que es brutalmente sincero. El hombre dice lo que piensa, claro que lo que piensa normalmente no es nada edificante: todos los pacientes mienten (todo el mundo miente), es adicto a los calmantes, y se toma los casos centrándose en la enfermedad, olvidándose de los pacientes.
Lo dicho, soy adicto a esa serie.

martes, marzo 21, 2006

Windows XP en un Mac

Se ha logrado hacer andar un XP Profesional en uno de los nuevos Mac con Intel. Se suponía que hasta la llegada del Windows Vista (que al paso que llega será Windows Hasta la Vista) no se podría, ya que los Macs no funcionan con BIOS, sino con EFI y el XP y su parentela pasada sólo arrancan con BIOS.
Aquí explican cómo se hace en español.

lunes, marzo 20, 2006

Más Macareno

Tras un parón imperdonable, continúo con la recuperación de los posts de Macareno.

Jodido Peter

Desde que tuve conocimiento de este maldito principio, siendo un estudiante de empresariales, me ha estado martilleando en la cabeza la idea de no dejarme atrapar por él, de no corroborar con mis actos la verdad del mismo. Decía el tal Peter que normalmente uno asciende en la pirámide de las organizaciones hasta el punto en el que llega a ser incompetente. Obviamente, por tanto, hay dos formas de no llegar a ser una sujeto más de tal principio: una, ser consciente de tus propias limitaciones y no intentar sobrepasarlas, y dos, estar por encima de los niveles de competencia de todos los eslabones de la cadena. Lo segundo suele ser complicado, por no decir improbable, y lo primero es mantener con el propio ego una batalla constante (una especie de “recuerda que eres mortal”), y el ego suele ser muy persuasivo.
Tan cegado he estado todos estos años mirándome el ombligo para escudriñar mis limitaciones y mi ego, que se me han pasado cuestiones de carácter adyacente muy relacionadas con el principio de Peter. Por ejemplo, es muy usual que haya individuos conscientes de sus limitaciones que logran llegar muy arriba en la organización. Una de las formas de mantener el tipo y no ser descubierto es promover para puestos de similar responsabilidad individuos más incapaces que uno y mejor si ellos mismos son conscientes de sus limitaciones, ya que entonces pasarán a formar parte de la red clientelar que le sustenta. Otra forma es retener a tu alrededor a los individuos de talento. A veces es complicado, puesto que hay que evitar que sea captado por otros departamentos. Así, habrá que mantener a estos sujetos siempre en segundo plano, sin que se les note mucho, no vaya a ser que terminen robándote el protagonismo.
O sea, que los efectos negativos en la distribución del capital humano del jodido principio de Peter no acaban en la incapacidad del sujeto, sino que tiene repercusiones de “segunda vuelta”, repercusiones que a medio y largo plazo posibilitan y promueven el cumplimiento del propio principio, en una suerte de círculo vicioso sin fin. Hay multitud de ejemplos en la vida real. Estoy seguro de que todos y cada uno de los lectores de estas líneas le han puesto nombre y apellidos a los comentarios anteriores.
Así que mi desasosiego crece y se multiplica por momentos, ¿hasta que punto no soy yo un ejemplo explícito del principio de Peter? ¿Hasta que punto no estoy sufriendo los efectos de segunda vuelta? ¿Hasta que punto cualquiera de nosotros no es un incapaz en su nivel de responsabilidad?

viernes, marzo 17, 2006

Casandras y nubarrones

Desde la OCDE mandan un aviso que es, cuando menos, preocupante: el elevado déficit exterior de los Estados Unidos puede desencadenar a una crisis de proporciones internacionales. Sin embargo, tan acostumbrados estamos a vivir peligrosamente que el continuo crecimiento del déficit exterior americano, o su expansivo déficit público (los periodísticos déficit gemelos), no nos resultan demasiado preocupantes. Que sean las empresas las que estén financiando el consumo de las familias (a estas alturas ya sobreendeudadas) y no que éstas financien la inversión de las primeras, o que los países en vías de desarrollo ayuden a pagar la deuda exterior a cambio de seguir vendiendo en ese mercado sus bienes no son, precisamente, elementos que agreguen tranquilidad a la situación. Así que los avisos de la OCDE caerán seguramente en saco roto, tal y como los augurios de Casandra (que avisó a todos de la caída de Troya si metían el caballo en la ciudad).
Y el problema es que a corto plazo no parece que se adivine un cambio de tendencia. La política de la mayor potencia mundial no deja lugar a la duda. Se ha reiterado en su intención de seguir interviniendo en el exterior, soportando unos costes militares que sistemáticamente son mayores a los inicialmente previstos. Por si fuera poco, el dinamismo de las economías emergentes pone en un brete constante a los sistemas productivos de los países desarrollados. Hasta ahora siempre se había pensado que estos países se especializaban en bienes de poca intensidad tecnológica para aprovechar sus ventajas en costes de mano de obra. Pero es que China o India poco a poco se están introduciendo en mercados cada vez más tecnificados y complejos.
Esos son los nubarrones en Estados Unidos, pero es que en Europa y, más concretamente, en España, las cosas no pintan mucho mejor. En los últimos años, el crecimiento de la economía nacional ha estado sustentado en el consumo interno y en la construcción que ha llegado a alcanzar máximos históricos en su actividad. Las consecuencias han sido un aumento importante del endeudamiento familiar y un fuerte repunte de la inflación (ayudado por los carburantes). Ambos fenómenos han provocado un aumento de la inflación diferencial de España con respecto al conjunto de nuestros socios comunitarios y una constante pérdida de competitividad de nuestra economía que se traduce, a su vez, en un creciente desfase entre exportaciones e importaciones. La desaforada demanda interna ha ayudado a mantener unos elevados ritmos de crecimiento apoyados en sectores de baja productividad y elevados requerimientos de mano de obra lo que nos deja más que una baja tasa de paro, un espejismo, ya que si se produjera el temido ajuste brusco en la construcción volvería muy rápidamente por sus fueros. ¿Podría provocar la esperada subida de los tipos de interés de referencia en la zona euro hasta el 3% tal efecto? Tal vez. Dependerá en gran medida de la percepción de los consumidores y de la coincidencia en el tiempo del endurecimiento de las condiciones financieras con malos datos de empleo, en un clima de desaceleración del precio de la vivienda.
Mientras redacto estas líneas estoy escuchando la banda sonora de Cotton Club y me doy cuenta del paralelismo, los felices años 20 llegaron a su final con el crack del 29 y la Gran Depresión. Mal augur, que diría un romano de los tiempos republicanos. Aunque no creo (o espero) que se pudiera repetir una situación similar (gracias básicamente al estado del bienestar montado desde los años 50). Algo hemos aprendido desde entonces. Y algo tendremos que aprender cuando llegue la próxima. Y eso si que me atrevo a predecirlo. Nos enseñará que el principal valor con que cuenta una economía actualmente es su capital humano y que lo que nos gastemos en educación y formación siempre es una inversión segura.
Inflación, competitividad, endeudamiento de las familias, déficit exterior. Problemas relacionados entre si que precisan respuestas coordinadas, firmes y, cada ve más, urgentes. Si somos diligentes podremos mirar a las Casandras riéndonos de los Apocalipsis convertidos en nubarrones. Si no…

viernes, marzo 03, 2006

Sociedad e Internet

El otro día comentaba con mi hermano algunas de las variaciones que Internet ha introducido en las relaciones sociales. A él le interesaba, sobretodo, el funcionamiento de los juegos on line, en los que miles de jugadores interactúan y se relacionan durante las partidas. Así, se han generado comunidades que se ponen de acuerdo para llevar a cabo distintas estrategias, aunque en el mundo digital Dios suele ser más intransigente y, por ejemplo, en War of Warcraft los administradores han vetado la creación de una comunidad gay. En estos juegos se da a la gente la oportunidad de vivir una vida paralela en la que pueden (o no) reproducir sus comportamientos en el mundo real pero en condiciones distintas a las reales y con menos limitantes morales.
Algunos hechos curiosos que se han producido han sido la venta de objetos especiales a través de eBay o la difusión de un virus que mataba a los jugadores (a sus alter ego virtuales). Al hilo de estos hechos se me ocurren algunos experimentos interesantes de sociología. Por ejemplo, un juego tipo sims en el que los personajes puedan hacer lo que quieran (dotarse de unas normas de convivencia, vivir bajo la ley del más fuerte, crear instituciones, etc.), o sea una especie de anarquía de partida. La idea sería analizar las diversas fórmulas de organización que los jugadores podrían toma. Podríamos ver si terminábamos repitiendo los esquemas de nuestra realidad actual o si se optaba por soluciones distintas.
Ya me estoy desviando. La idea inicial de este post es comentar que me acabo de encontrar con una página curiosa: www.sanyoseva.com. En ella, los trabajadores de la multinacional en España pretenden comunicar a la sociedad el desarrollo de su situación, al tiempo que crean una herramienta de ayuda para los futuros parados: cálculo de indemnizaciones, foro, legislación laboral. De esta forma, la red se vuelve a convertir en una herramienta de comunicación de doble vía en la que un conjunto de usurarios informan al conjunto de su situación y en el que los individuos pueden solidarizarse, interesarse o lo que quieran a través de la web. Al tiempo, y como medida indirecta, según se vayan incrementando los enlaces a esta página por parte de distintas webs, su relevancia en los buscadores aumentará cuando los usuarios introduzcan la palabra Sanyo, de forma que la imagen de la multinacional en el país que sufre la deslocalización se verá perjudicada.
Por otro lado, leía antesdeayer en la revista If... de Infonomía que una de las principales conclusiones que se extraen de los diez primeros años de la popularización de internet es que ésta es básicamente una herramienta de información, mucho más que de consumo directo. Claro que las decisiones de consumo cada vez más se toman con ayuda de Internet. Es decir, el primer paso de cualquier vendedor será generar una buena imagen en la red.
Así que, desde ya, me ofrezco a Sanyo para entrar en todos los foros en los que les pongan a parir para intentar romper una baza a su favor.

Imaginando catedrales

Imaginar el futuro en término económicos es cada vez más jugar a hacer ciencia ficción. Pero como es uno de mis géneros favoritos me he atrevido a reimaginar un futuro económico para Almería. Este artículo saldrá en un suplemento especial del Diario IDEAL de Almería.

¿Dónde estaremos en cinco años? ¿Y en diez o veinte? Responder a estas preguntas en un entorno tan cambiante como el actual es casi un ejercicio de adivinación esotérica, más que un artificio modélico de economía. Y es que cuando las reglas del juego cambian de forma tan rauda, es posible que en un breve lapso de tiempo hayamos cambiado completamente de tablero y hasta de juego. Un ejemplo muy cercano: allá por 1999, la agricultura de Almería suponía en torno al 22% del valor añadido bruto generado en la provincia. En 2003, según los datos de la contabilidad regional, había pasado a poco más del 15% y la construcción le pisaba los talones con el 14% del total. Un cambio estructural de importancia mayúscula en menos de 5 años.
Así que anticipando que cualquier parecido de los próximos párrafos con la realidad será mera casualidad comencemos a plantear lo que puede ser Almería en la era Postjuegos del Mediterráneo. Comencemos por lo más seguro, la población almeriense es relativamente joven, tiene una tasa de natalidad superior a la media y alcanza unas tasas de extranjería ampliamente superiores también a la media, las cuales se agudizan si analizamos los municipios del litoral por separado. Lo anterior se resumen en un ritmo de crecimiento de la población superior al que se está produciendo a niveles autonómico y nacional. La avenida de gentes de los más diversos orígenes se ha producido merced a un modelo de desarrollo que hace hincapié en la utilización de mano de obra. Así, la población inmigrante se ha concentrado en sectores de baja productividad y elevados requerimientos de personal, principalmente agricultura y construcción, a los que se les está sumando en los últimos tiempos los servicios de hostelería y restauración.
La pregunta clave es saber si seremos capaces de ampliar nuestra base productiva para aprovechar este caudal de capital humano, cuya diversidad es una oportunidad, en actividades generadoras de mayores cantidades de valor por unidad de trabajo. Es decir, saber si seremos capaces de reestructurar nuestras especializaciones sectoriales para potenciar las de mayor productividad. Si nuestra respuesta a esta pregunta es que no, el futuro será poco halagüeño, ya que las presiones del sistema terminarán por romper las costuras de nuestro mercado laboral, disparando la tasa de paro y provocando la reubicación de mucha de la gente que acude a Almería en busca de oportunidades en otros territorios.
Por otro lado, si somos capaces de hacer el ejercicio, primero mental y después físico, que hicieron los primeros constructores de catedrales, el futuro será mucho más optimista y Almería podrá terminar de unirse al carro de las regiones más desarrolladas de España. Evidentemente, imaginar catedrales es muy difícil cuando se está acostumbrado a los muros de carga y a los vanos estrechos en lugar de a los amplios ventanales y las cúpulas ingrávidas, pero tampoco es imposible. Afortunadamente sabemos algunas cosas: sabemos que el eje de rotación económico de la Tierra se está desplazando cada vez más decididamente hacia el Este, en dirección a China e India; sabemos que la información está transformando el mundo, y que la herramienta que capitanea el proceso de globalización de la información es Internet; sabemos que la imaginación es un valor en alza; sabemos que el mundo del transporte está abocado a una radical transformación fruto de la doble presión de los costes del combustible y de la congestión creciente de las carreteras; sabemos que los mercados agrarios están abocados a la liberalización...
Por último, las catedrales económicas, como las arquitectónicas, precisan de un entorno social proclive, que entienda y comparta la visión, que arrime el hombro en lo que a la sufragación de los costes se refiere y que sea magnánima en el disfrute de los “edificios” construidos. Y en este sentido me permito ser muy optimista, la simple variedad de orígenes de la población almeriense hoy, la juventud de ésta y la conciencia de emigrantes de los autóctonos y de los recién llegados, bien canalizado puede dar lugar a ese caldo de cultivo, condición necesaria aunque no suficiente, para que demos el salto a los muros de luz.
Imaginando catedrales es de la manera que Almería podrá afrontar con éxito el futuro inmediato, parece complicado, pero no lo es tanto, en el fondo. Por ejemplo, el proyecto del Puerto de Almería es una apuesta tipo: convirtamos un puerto especializado en el tránsito de ferrys con el norte de África y graneles sólidos en un centro logístico mundial entre el Canal de Suez y el Estrecho de Gibraltar.