Ayer Trump acababa con el régimen comercial con el que hemos convivido desde la posguerra mundial. Todos los acuerdos y todas las instituciones de las que nos habíamos dotado fueron superados por la voluntad unilateral de un solo país (casi de un solo hombre). Obviamente, el cataclismo no hubiera sido el mismo si se hubiera tratado de un país pequeño y poco relevante para la economía mundial. Pero es que Estados Unidos, como potencia vencedora de la II Guerra Mundial y de la Guerra Fría era una de las partes más relevantes del sistema, por su papel protagonista en el diseño de este y por el tamaño de su economía. Viaje al pasado De pronto, parece que volvemos al mundo del siglo XIX, con una especie de neomercantilismo que considera las relaciones comerciales como un juego de suma cero: lo que unos ganan es lo que otros pierden. Desde ese punto de vista, se comprenden mejor los mensajes de Trump desde la campaña electoral: desde la consideración de sus déficits comerciales como un subs...
El constante ascenso de China al puesto de potencia mundial se ha encontrado en los últimos tiempos con la férrea oposición de Estados Unidos. El freno estadounidense hasta el segundo mandato de Donald Trump se ha basado en restricciones económicas y, con especial virulencia, en la limitación de su acceso a tecnologías que Estados Unidos considera estratégicas y que tienen un potencial doble uso en el ámbito militar. El caso más evidente es la serie de prohibiciones a empresas occidentales para exportar software o hardware que permita a los chinos producir chips de última generación. Imagen generada con Copilot El contexto actual Sin embargo, el segundo mandato de Trump ha introducido una nueva variable en la ecuación del equilibrio internacional. La disrupción creada en todos los ámbitos por el presidente-empresario, incluido en el de la política interna –enfrentamientos con los funcionarios, con las universidades o con el gobernador de California–, implica, entre otras cosas, el...
Antes de nada debo aclarar una cosa: soy un llorica. Tengo la lágrima fácil: lloré cuando murió Chanquete, cuando murió la madre de Bambi y hasta en Buscando a Nemo. Y te digo esto porque durante el rato que me duró esta novela (literalmente, la leí del tirón) reí, lloré, volví a reír y terminé llenando de goterones la última página, y es posible que cualquier otro lector vea sensiblería donde yo veo emoción. El argumento es sencillo: el mundo visto a través de los ojos de un niño de 5 años muy especial. Se trata de una especia de viaje iniciático en el que el personaje (el mismo Vasconcelos) descubre la ternura. Y la encuentra allí donde menos la esperaba , porque las condiciones de partida no eran precisamente las mejores: una casa en la que los hijos mayores deben encargarse de los pequeños porque la madres siempre está trabajando y el padre se pasa el día sufriendo por estar en paro . El resultado es que creo que no he leído nada escrito con tanta ternura desde que me enfrenté, ...
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